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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:395.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Esa noche el ambiente en la casa se sentía mucho más tranquilo que en los últimos días. Sin discusiones. Sin comentarios hirientes. Sin caras de hielo como si fueran extraños. Solo el murmullo del televisor en la sala y de vez en cuando la risa de Mateo jugando carritos con Santiago.

Mientras tanto, en el cuarto, Valentina y Andrés estaban sentados al borde de la cama, frente a frente. La luz de la lámpara estaba baja. Después de varios días, por fin hablaban de corazón a corazón.

Tenían las manos entrelazadas, aunque todavía se sentía un poco de torpeza. Las heridas de los últimos días no habían cicatrizado del todo.

Andrés le acarició el dorso de la mano despacio, con la cabeza gacha.

—Estuve pensando en buscar un segundo trabajo —murmuró.

Valentina levantó la mirada.

—Tal vez de chofer de plataforma —continuó Andrés.

Unos segundos de silencio. Después, Valentina soltó una risa breve. No era burla, sino más bien la risa de alguien que acaba de escuchar algo irónico.

Andrés se puso nervioso.

—Lo digo en serio, mi amor.

—Lo sé —Valentina sonrió apenas, negando con la cabeza—. No me estoy riendo de ti.

—¿Entonces por qué te ríes?

Valentina suspiró y lo miró a fondo.

—Porque es curioso. Tú ganas tres mil dólares al mes y estás pensando en hacer de chofer para ganar más.

Hizo una pausa breve.

—Pero tus hermanos no se les ocurre hacer lo mismo.

Andrés se quedó callado.

Valentina continuó con calma, pero cada palabra iba directo al punto.

—Tienen auto. Gabriel y Matías son jóvenes y están sanos.

Lo miró fijamente.

—¿Por qué el que siempre tiene que buscar más dinero eres tú?

Andrés agachó la mirada. Por alguna razón, esa pregunta le resultó difícil de contestar. Soltó el aire con fuerza.

—Tal vez están cansados de trabajar.

Valentina frunció el ceño.

—¿Y tú no estás cansado?

Esa frase lo dejó mudo otra vez. Claro que estaba cansado. Levantarse temprano, llegar casi de noche. Aguantar la presión de la oficina. Y encima cargar con las necesidades de todos.

Pero curiosamente, en los últimos días lo que más lo había agotado no era su empleo. Era su propia casa.

—Sí estoy cansado —admitió Andrés al fin, en voz baja. Levantó la cara hacia Valentina. Tenía los ojos apagados de fatiga—. Pero lo que más me cansa es que tú ya no me haces caso.

Valentina se quedó inmóvil.

—Que ya no me des tu atención —añadió Andrés despacio—. Eso es lo que me mata.

Su voz se fue haciendo más pequeña. No había enojo. Solo una honestidad que se le escapó así, sin filtro.

Valentina lo contempló un buen rato. Por primera vez, Andrés se veía realmente aterrado de perderla.

—Andrés... —Valentina exhaló—. Me porté así porque estoy harta.

Bajó la vista un momento antes de volver a hablar.

—Harta de que consientas a tu familia sin límites mientras a la tuya la descuidas. Harta de siempre ceder. Harta de ver que te da más miedo quedar mal con tu mamá y tus hermanos que hacerme daño a mí.

—Yo no te prohíbo ser generoso, ni compartir con tu familia, ni ayudarlos. Pero no a costa de tus hijos y de mí. Primero nosotros, que somos tu responsabilidad. Tu esposa y tus hijos tienen que ser la prioridad, Andrés. Después de que nosotros estemos bien, ayuda a quien quieras —explicó Valentina con firmeza en la mirada.

La mandíbula de Andrés se tensó. Pero no discutió. Porque todo eso era cierto. Lo habían adoctrinado desde niño.

—Es que yo soy el mayor —murmuró—. Desde chico me enseñaron que tengo que cuidar, ayudar y ceder por mi familia.

Sonrió con amargura.

—Que tengo que apoyar a mis hermanos. Hacer felices a mis papás. Ser el pilar de todos.

Valentina lo escuchó sin interrumpir.

—Y pensé —siguió Andrés— que ustedes, por ser parte de mí, estaban bien con ceder también.

Valentina negó despacio.

—Ahí está el error, Andrés.

Él la miró.

Valentina le apretó la mano con más fuerza.

—Yo nunca te he impedido ayudar a tu familia. De verdad.

—Pero no sacrifiques a tu esposa y a tus hijos en el proceso —su tono era dulce pero firme—. La prioridad de un esposo es su propia familia primero.

Le tocó el pecho con suavidad.

—Mateo, Santiago y yo somos tu responsabilidad. Cuando nuestra casa esté en orden y no nos falte nada, entonces sí, ayuda a los demás.

Lo miró a los ojos con intensidad.

—No al revés.

Andrés se sumió en el silencio. Las palabras eran simples. Pero lo fueron sacudiendo despacito. Todos esos años se había sentido un buen hombre porque ayudaba a toda su familia. Pero se le olvidó que su propia familia pasaba apuros en silencio. Y lo que más le dolía era que su esposa había terminado sintiéndose sola.

Andrés se inclinó hacia adelante y se restregó la cara con las manos.

—Perdóname, mi amor —la voz le salió ronca—. No me di cuenta de cuánto te estuve lastimando.

Valentina se mordió el labio de abajo.

El pecho se le apretó de golpe. Porque después de años de matrimonio, esa era la primera noche en que Andrés de verdad entendía. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

Fue entonces cuando Andrés metió la mano en su portafolio. Sacó un sobre grueso y se lo entregó a Valentina.

—Toma.

Valentina frunció el ceño, confundida.

—¿Qué es esto?

—El dinero del mes.

Valentina abrió el sobre despacio. Los ojos se le desorbitaron.

—¿Mil dólares?

Andrés asintió.

—Después nos sentamos a reestructurar bien el presupuesto —dijo mientras le secaba las lágrimas con el pulgar—. Resulta que, hablando con mis compañeros de trabajo, comparada con sus esposas, la mía es de las que mejor sabe administrar el dinero.

Valentina se quedó mirándolo, incrédula.

—Andrés...

Las lágrimas le cayeron de inmediato. No por la cantidad, sino porque por fin se sentía escuchada.

Andrés sonrió y le limpió las lágrimas con el pulgar.

—Hoy estuve platicando con los del trabajo. Después de preguntarles, resulta que comparada con sus esposas, la mía es la que mejor maneja el dinero.

—Hasta me dijeron —se rio entre dientes— que mi esposa es una crack.

Valentina pestañeó.

—Se quedaron con la boca abierta de que pudieras hacer que rindiera tanto con tan poco.

Valentina se sonrojó levemente. Las mejillas se le tiñeron de rosa. Si Camila hubiera estado ahí, seguro habría gritado: "¡Ay, no! ¡No vayas a caer otra vez!"

Solo con un halago sencillo de su marido, el corazón de Valentina ya se derretía.

—Mi amor, también compré la cena —dijo Andrés con una sonrisa pequeña—. ¿Cenamos juntos?

Valentina en realidad ya estaba satisfecha porque había comido con los niños esa tarde. Pero al ver la cara de Andrés esforzándose por componer las cosas, no tuvo corazón para decirle que no.

—Está bien, mi amor —respondió Valentina bajito.

La cara de Andrés se relajó de golpe, aliviado.

—Me baño rápido.

Le dio un beso en la frente antes de levantarse. Y por alguna razón, después de tantos días de peleas, la casa por fin volvió a sentirse tibia.

Esa noche las risas regresaron. Santiago no paraba de contar cosas de la escuela. Mateo se reía mientras le daba de comer tostadas a su papá en la boca.

Mientras tanto, Valentina solo los observaba con el corazón poco a poco en calma.

1
Gloria botero
Genial 🥰🥰🥰 me encanto la historia 👏👏
jacquelinne reyes
muy buena novela gracias a Dios no tuvo nada de mafia
anbell
una historia diferente de alegrías y desánimo.. de una reconciliación familiar con un final feliz ..con una lección de vida
Yoleyma Garcia
Ya me aburrió la novela, siempre lo mismo, una mujer con dinero, dueña de una empresa, imposible que aguante a un tipo sin personalidad propia, además que gastó los ahorros y no le dijo nada al esposo, ese mismo día lo mandó a dormir a casa de lis padres, es indignante
Ricardo Ramon Carrizo
excelente, felicitaciones 👏
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Guadalupe Mora Zetina
Andrés tu no tienes por qué estar cargando con problemas que no son tuyos que tú hermano se faje bien los pantalones y que se enseñe a de decir no que no siga siendo un pelele en manos de la familia de su esposa y tu hermano que les diga que ya no van a tener nada de el y si su esposa quiere irse que se valla que le pruebe a ver si es lo mismo ya estuvo suave de mantener a familias parásitos y vividoras ya estuvo por qué tú hermano sigue así de todos modos se acabará su matrimonio por qué el se va a cansar y a fastidiar que no sea tonto
Mirla Loyo
el problema de la familia de Andrés fue la mamá..y el padre por ser tan pasivo y tratar de participar en la destrucción de su hijo mayor, sin considerarlo, ni darle un hasta acá a la familia por comodidad de él mismo 😡
Dharahel
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Mirla Loyo
lo insólito es que la vieja aparentaba una vida de lujos que no se podía dar ya que eran unos patas en el suelo 🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
que descarada ésa HDP viendo lo que vive y sufre Gabriel y aún no ve lo que padeció su hijo mayor 😡
Mirla Loyo
pero que vaina, una cosa es ser solidaria con la familia de vez en cuando, pero otra es estar resolviendo los peos a diario, Andrés debe poner una raya para los límites 😡
Mirla Loyo
la Carmen es descarada, llamar a la familia de Rosario sinvergüenza 🤣🤣🤣
Mirla Loyo
le llegó el karma a ésa gentuza 🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
en pocas palabras no han aprendido es na'.. nadie le a echado en cara a ésa vieja HDP que es la responsable de la infelicidad de sus hijos 😡
Mirla Loyo
coño pero Diego a debido poner reglas porque si la mapanare de la vieja sigue interviniendo, no van a llegar muy lejos 🤷‍♀️
Mirla Loyo
con razón la familia lo chupó por años..es más gafo y caído de la mata 🤦‍♀️🤣🤣
Mirla Loyo
no sé les escapó el idiota del marido prefería a la familia que a la propia 😡
Andrea Macedo
así de tontos algunos.
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