Una apuesta. Un engaño. Un precio imposible de olvidar.
Porque hay decisiones que cambian la vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5 Presentimientos que no quiero escuchar
Pasaron dos meses y para mí todo seguía pareciendo el sueño más hermoso que jamás hubiera podido imaginar.
Leonardo me trataba con una dulzura que a veces me costaba creer que fuera real:
Me esperaba cada mañana en la puerta de mi casa, siempre con una sonrisa que iluminaba mi día entero; me traía mi dulce favorito sin que yo se lo pidiera, me tomaba de la mano todo el camino y me miraba de una forma que hacía que todo el resto del mundo desapareciera.
Con él ya no sentía esa chica insegura que intentaba ocultarse:
Por primera vez en mi vida, sentía que pertenecía a algún lugar, que yo era suficiente tal y como era.
Él me lo había enseñado, y yo le agradecía por ello con todo mi corazón.
Sin embargo, por mucho que intentara ser feliz al cien por ciento, de vez en cuando aparecían esos pequeños detalles que yo no lograba explicar y que trataba de borrar de mi mente con todas mis fuerzas.
Veía cómo su sonrisa se apagaba de golpe cuando veía llegar a alguno de sus amigos más cercanos.
Cómo apretaba la mandíbula o desviaba la mirada rápidamente cuando ellos hablaban entre ellos cerca de mí.
En una ocasión, al salir de la última clase, los vi reunidos en un rincón apartado del patio, gesticulando y hablando con un tono serio y urgente que nunca antes les había escuchado.
En cuanto yo crucé la mirada con Leonardo, todos se callaron al instante, se quedaron inmóviles y me miraron como si hubiera roto algo que no debía.
Me acerqué despacio, sintiendo un nudo frío formarse en el estómago, aunque intenté sonar tranquila.
—¿Todo bien aquí? —pregunté mirándolos a todos y luego fijándome en él.
Leonardo dio un paso hacia mí de inmediato, apartó la mirada de sus amigos, me tomó entre sus brazos con esa ternura que siempre lograba desarmarme y me besó suavemente en la sien, intentando ocultar lo que parecía inquietud en sus ojos.
—Sí, mi amor, todo está perfecto.
Solo son tonterías de chicos, ya sabes cómo somos.
No les des ninguna importancia, no vale la pena. Tú sabes que lo único que me importa eres tú.
Quise preguntar más.
Quise decirle que no era la primera vez que pasaba algo así, que a veces lo veía perdido en sus pensamientos, con una expresión de culpa que me rompía el alma sin saber por qué.
Pero me callé.
Tenía miedo de parecer desconfiada, miedo de que mis propias inseguridades estuvieran viendo fantasmas donde no los había y arruinara todo lo que habíamos construido.
Él me había salvado de mi soledad, me había jurado mil veces que yo era la única persona en su corazón.
¿Cómo iba a dudar de él por silencios que no entendía?
Así que asentí, le devolví la sonrisa con esfuerzo y me aferré más fuerte a su mano, obligándome a creer que todo estaba bien, que mi mente solo jugaba conmigo.
Pero esa vocecita muy dentro de mí no dejaba de avisarme, aunque yo hiciera oídos sordos.
No sabía de qué se trataba, no tenía ni la más remota sospecha de la verdad terrible que se escondía detrás de cada una de sus palabras dulces, de cada abrazo, de cada promesa.
Solo sentía que algo no encajaba, como si estuviera caminando sobre hielo delgado sin saberlo, esperando que en cualquier momento todo se rompiera bajo mis pies.
No tenía ni idea de que esa verdad que yo no lograba adivinar saldría a la luz justo cuando yo iba a ir a buscarlo para darle la noticia más hermosa y esperanzadora de mi vida.
Que mientras yo soñaba despierta con nuestro futuro juntos, con una familia y todo lo que nos faltaba por vivir, él seguía atado a un trato vergonzoso que cambiaría mi destino para siempre.