Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 11
La lluvia había regresado con fuerza sobre los cristales del gran salón, amortiguando los murmullos de la aristocracia financiera tras el incidente con el periodista.
Evana se retiró hacia un balcón privado para tomar aire, necesitando desesperadamente espacio para procesar la mirada de Thomas y la creciente paranoia que la embargaba. El perfume a lluvia y el aire frío le devolvieron un poco la lucidez, pero los pasos firmes sobre la alfombra tras de ella la hicieron ponerse en guardia al instante.
Al girarse, vio a Thomas. Estaba solo, sosteniendo dos copas de agua con gas.
—Pensé que necesitarías algo más suave que el champán —dijo él, ofreciéndole una de las copas con una distancia impecable.
—Está jugando un juego muy arriesgado, señor Vance —replicó Evana, aceptando la copa pero manteniendo la voz fría como el hielo—. Salir en mi defensa frente a la prensa no solo genera rumores, sino que perjudica la posición de su propia firma. En este mundo, defender al enemigo se interpreta como debilidad.
Thomas dio un paso más cerca, apoyando una mano en la barandilla del balcón y mirando la ciudad iluminada bajo el agua.
—No me importa cómo lo interprete el mercado, Evana. Y tú sabes perfectamente que esto no es un juego —murmuró con una voz tan baja que se perdía con el rumor de la tormenta—. La gente como Ricardo Meller no busca la verdad; busca destruir. Y yo no voy a quedarme parado viendo cómo te despedazan por el simple placer de la alta sociedad.
Evana apretó la copa de cristal, sintiendo cómo el corazón le golpeaba contra las costillas. La sombra de la duda que la había atormentado desde que vio la cicatriz en su mano regresó con violencia.
—¿Por qué? —inquirió ella, mirándolo fijamente a los ojos, buscando desesperadamente al hombre con el que había compartido diecisiete años de su vida anterior—. ¿Por qué le importa tanto lo que me pase a mí? Somos competidores. Si mi empresa cae, la suya gana.
Thomas no apartó la mirada. Durante unos segundos, el aire entre los dos se volvió tan denso que era casi imposible respirar.
—Hay victorias que no valen nada si el precio es verte caer a ti. Ya te dije—respondió Thomas en un murmullo cargado de una devoción tan desgarradora que a Evana se le oprimió el pecho.
Antes de que ella pudiera reaccionar o articular una sola respuesta, Valeria apareció en el umbral del balcón. Su rostro, iluminado por la luz tenue del salón, reflejaba una mezcla de sorpresa contenida.
—Evana, lo siento mucho por interrumpir —dijo Valeria—. La junta de directores te está esperando en el salón VIP para revisar los términos de la subasta antes de tu discurso. El señor Vance, disculpe...
—Por supuesto —contestó Thomas, dando un paso atrás con impecable cortesía—. Disculpen la molestia, damas.
Al pasar al lado de Evana, Thomas la rozó sutilmente, dejando escapar unas palabras casi imperceptibles.
«Ten cuidado en quién confías».
Evana se congeló. Valeria la tomó del brazo con firmeza para guiarla de vuelta al interior. Mientras caminaban entre la multitud, Evana observó de reojo de nuevo a Valeria. La amiga leal, afectuosa y atenta de siempre... pero la advertencia de Thomas retumbaba en sus oídos como una campana de alarma.
«¿En quién confío?», se preguntó Evana, sintiendo cómo el cerco de la intriga se cerraba lentamente a su alrededor.
Gracias por los capítulos autora