El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.
—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.
Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.
Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.
Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.
—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.
Adrian no dudó.
—Ya no la amo.
El silencio fue brutal.
—Estoy enamorado de otra persona.
Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.
—La vas a destruir.
Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.
—Entrégaselo.
Y se fue.
Se fue de su propia boda.
De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.
De una vida que prometió… y que decidió romper.
Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.
Y ese día…
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Capítulo 8: El odio y la mentira
Capítulo 8
Isabella entró apresurada a su habitación, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en toda la casa. Sus manos temblaban mientras sostenía la carta que él había dejado sobre su escritorio, como si ese simple papel pesara más que cualquier cosa en el mundo. Durante unos segundos se quedó inmóvil, mirándola fijamente, con el corazón latiendo tan fuerte que parecía querer salirse de su pecho. Sabía que al leerla ya no habría marcha atrás, que cualquier mínima esperanza que le quedaba iba a desaparecer. Aun así, con un nudo en la garganta, la abrió.
Sus ojos recorrieron cada palabra con rapidez al inicio, pero poco a poco su expresión cambió. La confusión se transformó en incredulidad, luego en dolor… y finalmente en una rabia que empezó a quemarle por dentro. Cada frase era como una traición más, como si él la estuviera lastimando otra vez, incluso sin estar presente. Su respiración se volvió irregular, sus manos apretaron el papel hasta arrugarlo sin darse cuenta.
—¿Por qué…? —susurró, con la voz temblorosa, apenas audible—. ¿Por qué me hiciste esto…?
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero ella se negó a dejarlas caer al inicio, como si llorar fuera aceptar la derrota.
—¿Por qué fingiste amor todo este tiempo…? —continuó, esta vez con más fuerza, con la voz quebrándose poco a poco.
Negó repetidas veces con la cabeza, retrocediendo un par de pasos como si el aire se volviera pesado a su alrededor. Recordó cada momento, cada sonrisa, cada promesa… y eso fue lo que más dolió. No era solo la mentira, era todo lo que había construido sobre ella.
—Todo fue mentira… —murmuró, sintiendo cómo algo dentro de su pecho se rompía sin poder detenerlo.
De pronto, la rabia la consumió por completo. Sus ojos se endurecieron, y sin pensarlo, lanzó la carta contra la pared con toda la fuerza que tenía.
—¡Te odio, Adrian Collins! —gritó, con la voz desgarrada—. ¡Maldito seas!
El sonido de su propia voz la hizo estremecerse, pero no se detuvo. Caminó de un lado a otro como una tormenta descontrolada, tomando todo lo que encontraba a su paso: libros, adornos, fotos… cada objeto que tuviera algún recuerdo de él terminaba estrellándose contra el suelo.
—¡No quiero nada tuyo! —gritaba mientras tiraba todo—. ¡Nada! ¿Me escuchas? ¡Nada!
Tomó una fotografía donde ambos aparecían sonriendo, tan felices, tan ajenos a todo lo que vendría después. Sus dedos temblaron al verla. Por un segundo dudó… pero la furia fue más fuerte. La rompió en pedazos, una y otra vez, hasta que ya no se distinguía la imagen.
—Mentiroso… —susurró entre dientes, con lágrimas comenzando a caer sin control—. Todo era mentira…
Afuera, su madre escuchó los gritos y el ruido de cosas rompiéndose. El corazón se le aceleró de inmediato y corrió hasta la puerta, golpeándola con preocupación.
—¡Hija! ¿Estás bien?
Dentro, Isabella se llevó las manos a la cabeza, respirando con dificultad, sintiendo que el aire no era suficiente.
—Quiero estar sola… —respondió, intentando sonar firme, pero su voz salió débil, rota.
—Tú no estás sola —insistió su madre, apoyando una mano sobre la puerta—. Yo estoy aquí contigo… por favor, ábreme la puerta.
Isabella apretó los ojos con fuerza. Sentía que si abría esa puerta, todo lo que estaba conteniendo terminaría de derrumbarse por completo.
—¡Déjame estar sola! —gritó, tomando otro objeto y lanzándolo con rabia—. ¡Por favor…!
Su voz se quebró en la última palabra, cayendo en un tono suplicante que ni ella misma pudo controlar.
El ruido cesó de golpe. Solo quedó su respiración agitada y el eco de lo que acababa de pasar. Lentamente, sus fuerzas comenzaron a abandonarla. Sus piernas ya no respondían igual. Caminó tambaleándose unos pasos antes de dejarse caer de rodillas en medio del desastre.
La habitación era un caos. Vidrios rotos, papeles en el suelo, recuerdos destruidos… todo reflejaba exactamente cómo se sentía por dentro.
Se abrazó a sí misma, intentando contener el temblor de su cuerpo.
—Me mirabas… —susurró, con la voz hecha pedazos—. Me decías que me amabas…
Las lágrimas corrían sin parar por sus mejillas.
—¿Cómo pudiste fingir así…?
Afuera, su madre ya no golpeaba la puerta. Solo permanecía ahí, en silencio, acompañándola de la única forma que podía.
—Estoy aquí… —dijo suavemente—. No me voy a ir.
Isabella apoyó la espalda contra la cama, mirando al vacío, sintiendo que todo lo que creía seguro ya no existía.
—Yo te creí… —murmuró—. Confié en ti… te entregué todo…
Su voz se fue apagando poco a poco, reemplazada por sollozos profundos que le sacudían el cuerpo.
—Te odio… —susurró finalmente, cerrando los ojos con fuerza—… pero duele demasiado como para ser solo odio…
Y esta vez no gritó, no lanzó nada más. Simplemente, se rompió en silencio, dejando que el dolor la consumiera por completo mientras, al otro lado de la puerta, su madre seguía ahí, esperando… sin abandonarla.
Otro lado del mundo: "Canadá"
Adrian estaba recostado en la cama, con el cuerpo aún tibio, mientras Scarlett se acomodaba a su lado, abrazándolo con naturalidad, como si aquel espacio ya le perteneciera. La pelirroja deslizó lentamente su mano por su pecho desnudo, jugando distraídamente, hasta que de pronto tomó el celular que estaba sobre la mesa de noche.
Lo desbloqueó sin mucho interés… hasta que lo vio.
Su expresión cambió apenas, lo suficiente para que la curiosidad se mezclara con algo más.
—¿Me podrías explicar por qué tienes una foto de esta chica en tu celular? —preguntó, alzando ligeramente una ceja—. ¿Era tu novia o qué?
Adrian, que hasta ese momento parecía relajado, se tensó casi imperceptiblemente. Su mirada se desvió por un segundo, y luego soltó una pequeña risa nerviosa.
—¿Novia? —respondió, intentando sonar despreocupado—. ¿De qué hablas?
Scarlett giró el teléfono hacia él, mostrándole la imagen con claridad.
—No te hagas —dijo con una sonrisa ligera, pero sus ojos analizaban cada reacción—. ¿Quién es ella?
Adrian tragó saliva casi sin que se notara. Su mente trabajaba rápido, buscando la forma más sencilla de salir de eso.
—Una amiga —dijo finalmente.
Scarlett inclinó la cabeza, observándolo con más atención.
—¿Amiga?
—Sí… —añadió él, recuperando un poco la compostura—. Mi mejor amiga de la infancia… ya sabes, recuerdos pasados.
Scarlett volvió a mirar la foto, deteniéndose en los rasgos de la chica.
—Para no ser de aquí… —murmuró—. Es latina, ¿no?
—Sí —respondió Adrian rápidamente—, pero mejor dejemos de hablar de ella.
Sin darle más espacio a preguntas, se inclinó hacia ella y tomó el teléfono con suavidad, pero con firmeza, apartándolo de sus manos. Luego se levantó de la cama, dándole la espalda por un momento, como si necesitara romper esa tensión.
—Será mejor que nos apresuremos para no llegar tarde —añadió, intentando cambiar completamente el tema.
Scarlett lo observó levantarse, recorriendo con la mirada cada parte de su cuerpo. Una sonrisa lenta apareció en sus labios mientras se incorporaba un poco.
—Por lo que veo… estás haciendo ejercicio —dijo, acercándose y pasando sus manos por el torso del castaño con total confianza.
Adrian giró ligeramente el rostro hacia ella, esbozando una sonrisa segura, mucho más natural que la de hace unos segundos.
—¿Tanto se nota?
—Demasiado —respondió Scarlett, sin apartar las manos.
Se acercó más a él, acortando la distancia entre ambos, como si la conversación anterior nunca hubiera ocurrido.
—Estuviste increíble… mi amor.
Adrian sostuvo su mirada por un instante, y aunque sonrió, había algo en sus ojos que no terminaba de encajar, algo que se escondía detrás de esa fachada tranquila.
Aun así, llevó su mano al rostro de Scarlett y la acercó hacia él, sellando sus labios en un beso largo, intenso, como si quisiera borrar cualquier rastro de duda.
El beso se volvió más profundo con cada segundo, más urgente… hasta que, finalmente, tuvieron que separarse por falta de aire.
Scarlett sonrió, apoyando su frente contra la de él.
Pero Adrian… por un breve instante, desvió la mirada.
Y en su mente, la imagen de aquella “amiga” seguía ahí… intacta.
^^^Continuará...^^^
excelente capitulo gracias, vamos x mas