Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 24
A la mañana siguiente después de la clase y ese desayuno con Lena, Evolett llegó a la oficina cinco minutos antes de las nueve. La señorita Dupont la recibió con un saludo seco pero sin comentarios mordaces, y Evolett lo tomó como una victoria.
Will la esperaba en su oficina, con el cabello aún húmedo y una taza de café en la mano.
—Buenos días
dijo, con una sonrisa
— ¿Lista para empezar?
—Más que nunca.
Will le entregó una carpeta con el cronograma de las próximas semanas, reuniones con proveedores de tela, sesiones de bocetos, pruebas con modelos, presentaciones ante posibles inversores. Era un plan ambicioso, y Evolett sintió que el corazón le latía con fuerza, pero esta vez no era miedo. Era emoción.
—Empezamos con las telas
dijo Will, sentándose frente a ella
—He pedido muestras de tres proveedores diferentes. Quiero que las toques, que las sientas, que me digas cuáles te transmiten algo.
—¿Y si ninguna me transmite nada?
—Entonces buscamos más. No hay prisa.
Trabajaron durante horas, rodeados de muestras de seda, lino, algodón y lana. Evolett pasaba los dedos sobre cada tejido, cerrando los ojos para concentrarse en la sensación. Algunas telas eran suaves como el agua, otras tenían una textura rugosa que le recordaba a la corteza de los árboles. Poco a poco, fue seleccionando las que le parecían adecuadas, explicando sus razones con una claridad que sorprendía incluso a ella misma.
—Esta seda
dijo, sosteniendo un retazo color marfil
—es perfecta para el vestido principal. Tiene caída, pero también estructura. Y este lino
añadió, tomando otro fragmento
— funcionaría para los pantalones. Es fresco, pero no frágil.
Will la observaba con una atención que la hacía sentir vista, valorada.
—¿Y esta lana?
preguntó él, señalando un tejido gris oscuro.
Evolett lo tomó entre las manos y lo frotó suavemente.
—Es demasiado pesada para lo que queremos. Pero si la mezclamos con algo más ligero, podría funcionar para los abrigos.
—Hazlo
dijo Will, tomando nota
—Hablaré con el proveedor.
A media tarde, hicieron una pausa. La señorita Dupont trajo dos tés de manzanilla sin que nadie los pidiera, y Evolett la miró con sorpresa.
—Parece que el mensaje caló
comentó Will, con una sonrisa.
—Parece que sí.
Se sentaron en el sofá junto a la ventana, con las tazas humeantes entre las manos. París estaba, iluminada por el sol de la tarde.
—¿Puedo preguntarte algo?
dijo Evolett, sin mirarlo.
—Claro. Lo que quieras
—Cuando me viste en la galería... ¿qué fue lo que te llamó la atención? De verdad. No la respuesta que le darías a cualquiera. La verdad.
Will guardó silencio un momento, como si estuviera ordenando sus pensamientos.
—Estabas de pie junto a la entrada, con los brazos cruzados y la mirada en el suelo. La mayoría de la gente en esas exposiciones intenta llamar la atención, hacerse ver. Tú parecías querer desaparecer. Pero cuando levantaste la mirada y vi tus ojos, vi algo que no esperaba. Vi fuerza. Una fuerza silenciosa, como la de alguien que ha sobrevivido a algo y sigue de pie. Y supe que quería conocerte.
Evolett sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, pero no apartó la mirada.
—Yo no vi ninguna pintura esa noche
admitió
—Estaba mirando a la gente. Siempre lo hago. Me ayuda a entender cómo se mueven, cómo se sienten con lo que llevan puesto.
Will sonrió.
—Lo sé. Lo descubrí después. Y me pareció aún más fascinante.
—¿Por qué?
—Porque significa que no ves la moda como un adorno. La ves como un lenguaje. Y eso es exactamente lo que necesito para esta colección, ya te lo dije.
Evolett asintió, sintiendo que las piezas comenzaban a encajar. No sabía lo que le deparaba el futuro, ni si su corazón estaba listo para lo que Will le ofrecía. Pero por primera vez, no tenía miedo de averiguarlo.
Will dejó su taza sobre la mesa y se volvió hacia ella. Sus ojos azules la miraban con una intensidad que la hacía sentir desnuda, pero no vulnerable. Vista, entendida, valorada.
—Evolett
dijo, con voz baja
—Lo que pasó anoche...
—Sí
susurró ella, sintiendo que el corazón le latía con fuerza.
—No fue un impulso. No fue algo que hice sin pensar. Lo he querido hacer desde el momento en que te vi. Pero esperé porque quería que fuera cuando tú estuvieras lista.
Evolett lo miró, sintiendo que las palabras se le atascaban en la garganta.
—¿Y crees que estoy lista?
Will levantó una mano y acarició su mejilla, como había hecho la noche anterior.
—No lo sé. Pero sé que estoy dispuesto a esperar todo el tiempo que necesites. No tengo prisa, Evolett. No quiero nada de ti que no estés lista para dar.
Ella cerró los ojos, sintiendo el calor de su mano en su piel. Cuando los abrió, había una determinación nueva en su mirada.
—No quiero que esperes más
dijo, y su voz sonó más firme de lo que esperaba
—No sé lo que va a pasar. No sé si estoy lista para todo. Pero sé que quiero intentarlo. Contigo.
Will la miró un momento, como si estuviera asimilando sus palabras. Luego, lentamente, inclinó la cabeza y la besó de nuevo.
Este beso fue diferente del primero. No fue tímido ni vacilante. Fue un beso que decía gracias, te esperaré, confío en ti. Los labios de Will se movieron sobre los suyos con una suavidad que la hizo temblar, y Evolett se aferró a su camisa como si temiera caer.
Cuando se separaron, ambos respiraban con dificultad. Will apoyó su frente contra la de ella y sonrió.
—Eso fue mejor que la primera vez
murmuró. Evolett rió, una risa suave que le llenó el pecho de calidez.
—Mucho mejor.
Se quedaron así un momento, con las frentes unidas y las respiraciones mezcladas, sin necesidad de más palabras. París seguía afuera, indiferente a lo que acababa de pasar en la oficina. Pero para Evolett, el mundo entero había cambiado.
—Gracias
dijo, con voz suave
—Por verme. Ese día.
Will levantó su taza en un brindis silencioso.
—Gracias a ti por dejarte ver. Y por darme una oportunidad