Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sienna 1
Los meses comenzaron a transcurrir con una tranquilidad que solo existía en apariencia.
Para cualquiera que observara la mansión Ivanov desde afuera...
Todo marchaba perfectamente.
Sarah estudiaba.
Sienna trabajaba.
El duque administraba sus tierras.
La duquesa organizaba los asuntos sociales de la familia.
Pero bajo aquella calma...
Se libraba una batalla constante.
Y Sarah tenía una ventaja que nadie más poseía.
Conocía el futuro.
[Vamos, Sienna... ya sé cuál será tu siguiente movimiento.]
Recordaba la novela, demasiadas veces sin querer.
Recordaba cada pequeña trampa.
Cada mentira.
Cada lágrima fingida.
Cada escena donde la antigua Sarah terminaba pidiendo perdón por algo que jamás había hecho.
Y precisamente por eso...
Siempre llegaba un paso antes.
Una mañana, Sarah dejó un libro sobre una mesa de la biblioteca antes de salir a estudiar con su profesor de leyes.
Media hora después...
Sienna apareció corriendo por el pasillo.
—¡Duque! ¡Duquesa!
Su voz sonaba angustiada.
—¡Creo que Sarah tomó uno de los libros antiguos de la biblioteca y lo dejó abandonado! ¡Podría dañarse!
El duque frunció el ceño.
—¿Estás segura?
—Lo vi con mis propios ojos.
Sarah acababa de entrar por la puerta.
Miró a Sienna.
Luego al libro.
Y sonrió por dentro.
[Exactamente igual que en el capítulo cuarenta y dos.]
Antes de que alguien hablara, el anciano bibliotecario apareció detrás de ellos.
—Perdón, su excelencia.
Todos lo miraron.
—Fui yo quien pidió a Lady Sarah dejar ese ejemplar allí. Le mostré un mapa que se encontraba debajo y olvidé devolverlo a su lugar.
El hombre hizo una reverencia hacia Sarah.
—La responsabilidad fue completamente mía.
El salón quedó en silencio.
Sienna sintió que el estómago se le hundía.
[¿Qué...?]
El duque la observó con seriedad.
—Sienna...
Ella bajó inmediatamente la cabeza.
—Yo... solo quería proteger el patrimonio familiar...
El duque suspiró.
—La próxima vez asegúrate antes de acusar a alguien.
—Sí... tío.
Otro día...
Desapareció un delicado pañuelo bordado perteneciente a la duquesa.
Sienna fue la primera en hablar.
—Quizá Sarah lo tomó para alguna de sus clases...
Sarah levantó la cabeza del libro que estaba leyendo.
[Capítulo cincuenta y uno.]
Sonrió.
—Madre.
La duquesa la miró.
—¿Sí, cariño?
—¿No dejó usted ese pañuelo en el invernadero esta mañana?
La mujer abrió mucho los ojos.
—Es verdad...
Se llevó una mano a la frente.
—Lo olvidé entre las flores.
Una doncella fue a buscarlo.
Regresó pocos minutos después con el pañuelo perfectamente doblado.
La duquesa sonrió avergonzada.
—Qué cabeza la mía.
El duque volvió lentamente la vista hacia Sienna.
La muchacha ya no sabía dónde mirar.
Las situaciones comenzaron a repetirse.
Demasiadas veces.
Siempre era igual.
—Creo que Sarah rompió...
No. Había sido un sirviente.
—Creo que Sarah olvidó...
No. Había recibido autorización.
—Creo que Sarah dijo...
No. Habían cinco testigos presentes.
Cada intento terminaba exactamente igual.
Y poco a poco...
La paciencia del duque comenzó a agotarse.
Una tarde apoyó ambas manos sobre el escritorio de su despacho.
Miró fijamente a Sienna.
—¿Te das cuenta de que siempre acusas a Sarah?
Sienna abrió mucho los ojos.
—Yo...
—Y hasta ahora...
—No has presentado una sola prueba.
La muchacha sintió un nudo en la garganta.
—Solo intento ayudar...
El duque negó lentamente.
—Entonces primero verifica los hechos. No vuelvas a señalar a alguien únicamente por sospechas. ¿Entendido?
—Sí... tío.
Aquella noche...
Sienna lloró.
Pero no de tristeza.
De rabia.
[¿Por qué nada sale como debería?]
Nada pasaba como ella creía, porque antes, Sarah siempre era demasiado ingenua.
Demasiado confiada.
Demasiado fácil de engañar.
Pero la Sarah que tenía delante...
Era otra persona.
Sarah, por supuesto, conocía perfectamente el efecto que todo aquello estaba produciendo.
Pero jamás respondía con hostilidad.
Al contrario.
Siempre sonreía.
Siempre parecía preocupada.
Siempre defendía a su prima.
Y precisamente por eso...
Las consecuencias terminaban siendo todavía peores.
Una tarde...
Después de que Sienna volviera a acusarla de haber perdido unos documentos administrativos...
El mayordomo encontró los papeles exactamente donde el propio duque los había dejado.
El hombre miró seriamente a Sienna.
Ella ya estaba al borde de las lágrimas.
Sarah dio inmediatamente un paso adelante.
—Padre...
El duque respiró hondo.
—¿Sí?
Sarah juntó las manos con expresión preocupada.
—No sea tan duro con prima.
Sienna levantó la vista.
[Por fin...]
Sarah continuó hablando con una dulzura impecable.
—Ella aún se está adaptando.
El duque permaneció en silencio.
Sarah bajó un poco la cabeza.
—Quizá todo esto ocurre porque todavía no conoce bien la forma en que funciona la mansión.
Miró a Sienna con una sonrisa llena de aparente afecto.
—Es normal cometer errores cuando una aún está aprendiendo.
Sienna sintió un escalofrío.
Sarah siguió hablando.
—Tal vez...
Miró nuevamente al duque.
—Sería bueno reforzar un poco más su formación.
El duque asintió lentamente.
—Tienes razón.
Sienna abrió mucho los ojos.
[No...]
—Mayordomo.
El hombre dio un paso adelante.
—Sí, su excelencia.
—A partir de mañana, Sienna ayudará también en el archivo administrativo. Quiero que aprenda cómo se registran los documentos antes de opinar sobre ellos. Además...
Miró nuevamente a la joven.
—Duplicaremos sus clases de organización y protocolo.
Sienna sintió que el mundo se detenía.
[¿Duplicarlas...?]
Sarah sonrió con alivio.
—Gracias, padre.
Miró a su prima.
—Estoy segura de que esto te ayudará muchísimo.
Sienna tuvo que obligarse a sonreír.
—S-sí... Gracias...
Los castigos comenzaron a aumentar.
Nunca eran humillantes.
El duque era un hombre justo.
Pero sí eran cada vez más exigentes.
Más responsabilidades.
Más formación.
Más supervisión.
Y todo porque Sarah siempre intervenía con aquella expresión dulce e inocente.
—Padre, no la castigue... mejor démosle otra oportunidad para aprender.
—Madre, estoy segura de que prima puede mejorar si practica más. Quizá solo necesita más experiencia.
Cada frase parecía un acto de compasión.
Pero el resultado siempre era el mismo.
Más trabajo.
Más disciplina.
Más vigilancia.
Sienna comenzó a comprenderlo demasiado tarde.
[¡No me está defendiendo!]
[¡Cada vez que habla termino peor que antes!]
Levantó la vista hacia Sarah.
La encontró sonriéndole con la misma amabilidad de siempre.
Una sonrisa cálida.
Educada.
Impecable.
Y por primera vez...
Sienna sintió un verdadero escalofrío.
Porque comprendió que la persona más peligrosa de aquella mansión no era la hija del duque por ser cruel.
Sino porque jamás perdía la calma.
Y era capaz de derrotarla sin dejar de parecer la prima más bondadosa del reino.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶