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Peligrosa Atracción

Peligrosa Atracción

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Un imperio construido sobre el control. Una atracción que amenaza con destruirlo todo.

En el piso cuarenta y dos de Vance Financial, la regla es simple: la eficiencia se premia y las emociones no existen. Alexander Vance es un CEO implacable, calculador y distante, un hombre que ha convertido su vida en un mecanismo perfecto para sepultar la culpa de un pasado oscuro y un secreto familiar que podría arruinarlo.

Elena Ross llegó a su oficina solo para pagar las deudas de su familia, pero su resiliencia y templanza la convierten en la única asistente capaz de soportar la frialdad de Vance. Sin embargo, detrás de la fachada profesional, una química sofocante e innegable comienza a desgastar las barreras de ambos.

Cuando una serie de amenazas anónimas y un juego de poder corporativo ponen en riesgo la vida de Elena, el control de Alexander se fractura. Obligados a protegerse en medio de un nido de traiciones, la línea entre la lealtad, el deseo y el peligro empieza a borrarse.

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4: El refugio de la tormenta

​​Las luces de la salida de emergencia parpadeaban en tonos rojos mientras las puertas del ascensor de servicio descendían a toda velocidad hacia los niveles inferiores. El silencio metálico de la cabina solo se rompía por la respiración pausada pero profunda de Alexander y el sonido estridente de la lluvia que repercutía desde las tuberías de drenaje del edificio.

​Elena apretó el abrigo beige contra su cuerpo. A pesar del pánico inicial al ver la pistola que Alexander llevaba enfundada bajo la chaqueta, la firmeza del agarre de su jefe en su muñeca le transmitía una extraña sensación de invulnerabilidad. Alexander no lucía asustado; lucía mortífero, una máquina de cálculo y reacción entrenada para el peor escenario posible.

​—Mantente detrás de mí en todo momento —ordenó él sin mirarla, observando el panel de pisos que marcaba la llegada al sótano tres—. Si abro la puerta y te digo que corras, no te detengas a mirar atrás. ¿Entendido?

​—Entendido —respondió Elena con la voz firme, aunque las piernas le temblaban levemente.

​Las puertas se abrieron con un chasquido seco. El nivel más profundo del estacionamiento subterráneo era un laberinto de hormigón armado, columnas masivas y una penumbra espesa rota únicamente por los focos de seguridad. El aire allí abajo era frío, saturado de humedad y humo de escape.

​Julian los esperaba junto a un imponente sedán blindado de color negro mate. Tenía la puerta del copiloto abierta y la mano derecha oculta tras la solapa de su saco.

​—Dos hombres, armados con taser y supresores de señal —informó Julian en un susurro rápido en cuanto los vio aparecer—. Rompieron el lector del nivel dos, pero corté los elevadores principales antes de que subieran. No vienen a negociar ni a buscar papeles, Alexander. Vienen por ella o por ti para presionar el cierre de la auditoría.

​—Súbela al auto —dijo Alexander de inmediato, empujando suavemente a Elena hacia el asiento trasero del vehículo.

​—¿Y tú? —preguntó Elena, sujetándolo de la manga de la camisa antes de ingresar al habitáculo. Los ojos grises del CEO se clavaron en la mano de ella sobre su brazo, donde la seda blanca se arrugaba bajo sus dedos—. No te quedes afuera.

​Un destello imperceptible de tibieza cruzó la mirada de Alexander al sentir la preocupación genuina de su asistente. Se inclinó sobre el marco de la puerta, quedando a escasos centímetros del rostro de ella.

​—Nadie me toca en mi propio edificio, Elena. Entra —ordenó con suavidad, cerrando la puerta blindada con un golpe seco que aisló por completo el ruido exterior.

​A través de los cristales ahumados, Elena vio a Alexander intercambiar un par de palabras breves con Julian. Ambos hombres caminaron con paso rápido hacia la penumbra de las columnas traseras. Unos segundos después, el eco sordo de una detonación contenida amortiguada por la estructura de concreto hizo temblar levemente los cristales del auto. Elena contuvo el aliento, con las manos apretadas en su regazo y el corazón latiéndole en la garganta.

​Dos minutos más tarde, la puerta del conductor se abrió de golpe. Julian subió al volante, puso en marcha el motor de ocho cilindros con un rugido grave y aceleró a fondo, haciendo chillar los neumáticos sobre el pavimento mojado. Alexander ocupó el asiento del copiloto, guardando la pistola en la guantera mientras se ajustaba el puño de la camisa, que mostraba una pequeña mancha oscura en la tela.

​—¿Estás bien? —preguntó Elena desde atrás, inclinándose hacia adelante con el rostro pálido.

​—Estoy perfectamente, señorita Ross —contestó Alexander, mirando por el espejo retrovisor mientras el vehículo salía a la superficie, atravesando la tormenta que azotaba las avenidas desiertas de la ciudad—. Esos hombres trabajan para un contratista privado que Marcus suele emplear cuando la diplomacia falla. Cometiendo el error de ingresar a mi propiedad, mi tío acaba de cruzar una línea de la que no hay retorno.

​—¿A dónde vamos? —preguntó ella, viendo cómo las luces de la ciudad se volvían más dispersas a medida que tomaban la autopista del norte—. Mi departamento está en la dirección opuesta.

​—Tu departamento ya no es seguro —respondió Alexander con voz implacable—. Si Marcus envió matones al corporativo, tu dirección particular es el siguiente objetivo en su lista. Esta noche te quedas en mi residencia.

​Elena abrió la boca para protestar. Llevar la relación laboral al ámbito privado de su hogar era romper la última barrera que les quedaba, en especial después del momento sofocante que habían compartido apenas una hora atrás en el despacho.

​—Señor Vance, tengo cosas personales que...

​—Julian enviará a un equipo de confianza a recoger tus pertenencias mañana a primera hora —la interrumpió él, girando el rostro en el asiento para mirarla directamente. Su voz perdió el tono cortante de la oficina, volviéndose grave y cargada de una posesividad que hizo acelerar el pulso de Elena—. No voy a discutir esto, Elena. Mientras esta amenaza siga activa, estarás donde yo pueda verte.

​El trayecto duró veinte minutos bajo el azote constante del agua. El vehículo se internó en un exclusivo sector residencial rodeado de vegetación densa y muros de piedra. Atravesaron un portón de hierro automatizado que se abrió tras el reconocimiento facial de la camioneta, ingresando a la entrada de una sobria propiedad de arquitectura moderna: líneas rectas, enormes ventanales de cristal ahumado y una iluminación cálida que contrastaba con la oscuridad del bosque circundante.

​Al bajar del auto, el aire frío de la noche le provocó un escalofrío a Elena. Alexander se colocó de inmediato a su lado, pasando una mano firme por la parte baja de su espalda para guiarla hacia la entrada principal. El toque de sus dedos a través de la tela del abrigo le devolvió la misma descarga eléctrica que había sentido en la torre.

​El interior de la casa era un reflejo fiel de la personalidad de Alexander: elegante, minimalista y absurdamente impecable. Techos altos, pisos de mármol oscuro y obras de arte abstracto dominaban la estancia principal.

​—Julian se quedará patrullando el perímetro exterior —anunció Alexander, quitándose la chaqueta del traje y arrojándola sobre uno de los sofás de cuero del salón—. No hay personal de servicio a esta hora. Estás segura aquí.

​Elena caminó unos pasos, observando la inmensidad del lugar. Se sentía fuera de sitio, pero la presencia de Alexander llenaba cada rincón del espacio con una intensidad sofocante.

​—Tiene una casa impresionante, señor Vance —comentó ella, tratando de mantener un tono neutral mientras se desabotonaba el abrigo.

​Alexander la observó en silencio desde el centro de la sala. Con la luz tenue de la residencia, los ángulos de su rostro parecían aún más pronunciados. Se desató la corbata por completo y la dejó caer sobre la mesa de centro, abriéndose los dos primeros botones de la camisa blanca.

​—Es solo un edificio de concreto, Elena —dijo en un susurro, dando dos pasos lentos hacia ella—. Igual que la torre. Un lugar diseñado para mantener al resto del mundo afuera.

​—¿Y qué pasa cuando el peligro ya está dentro? —preguntó ella, sosteniéndole la mirada con una audacia que hizo que el CEO se detuviera a un paso de distancia.

​Alexander la examinó de arriba abajo. La fragilidad aparente de Elena contrastaba brutalmente con la fiereza con la que defendía su postura. La tensión que habían reprimido en la oficina volvió a instalarse entre los dos con el doble de fuerza, alimentada por el aislamiento de la noche y la adrenalina del escape.

​—Si el peligro está dentro... —murmuró Alexander, acortando el último espacio y atrapando la barbilla de Elena entre sus dedos con una caricia ardiente que hizo que ella ahogara un suspiro—, entonces sugiero que dejes de provocarlo.

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Francisca Letycia MirandaGarcia
ya no quedan fantasmas?
Francisca Letycia MirandaGarcia
más claro o así está bien
Francisca Letycia MirandaGarcia
pues quién se resiste a un hombre como él
Francisca Letycia MirandaGarcia
otra vez su misma técnica de la otra vez
Francisca Letycia MirandaGarcia
esto se pone más peligroso
Francisca Letycia MirandaGarcia
ahora sí que por fin acaben con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
y desde entonces no han hecho nada?
Francisca Letycia MirandaGarcia
bueno no tarda en haber un romance enmedio del peligro
Francisca Letycia MirandaGarcia
yo diría al verdadero caos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq tienen que ser tan duros los jefes, con cara de amargados
Daniel Valmont: Están farmeando aura 🤣
total 1 replies
Francisca Letycia MirandaGarcia
se nota interesante gracias
Daniel Valmont: Gracias por darle una oportunidad ☺️
total 1 replies
Edith Zenteno
buuuu lo mismo cuando mataron a su hermano si es un ceo tan importante donde están la camionetas con guardaespaldas?
Daniel Valmont: Están de huelga 🤣
total 1 replies
Martha Divas Delgado
muy buen comiendo autora me gusta
Daniel Valmont: Me alegra que te guste, por cierto soy hombre🤭
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