Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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El precio de la venganza
La pequeña llave permaneció durante toda la noche sobre la mesa de la habitación de Noor.
Parecía un objeto insignificante, pero ambos sabían que escondía una respuesta.
Desde que la habían encontrado, Noor no había podido dejar de pensar en ella.
—Tiene que abrir algo —dijo mientras la observaba.
Maximiliano estaba sentado frente a ella.
—Y creo que sé qué.
—¿Qué?
—Una caja de seguridad.
Noor levantó la mirada.
—¿Cómo lo sabes?
—En los documentos de mi tío encontré referencias a una cuenta antigua y a un depósito que tu padre realizó antes de desaparecer. Nunca entendí para qué era.
Noor tomó la llave.
—Entonces tenemos que encontrarlo.
A la mañana siguiente salieron temprano.
Maximiliano insistió en acompañarla.
—No vas sola.
Noor sonrió ligeramente.
—Esta vez no pensaba hacerlo.
Llegaron a un antiguo banco en una zona tranquila de la ciudad. El edificio parecía detenido en el tiempo. Las paredes conservaban fotografías antiguas y los pasillos estaban casi vacíos.
Noor presentó la documentación que había encontrado junto a la llave.
Después de revisar los registros, un empleado los condujo hasta una habitación privada.
—La caja pertenece al señor Daniel —dijo el hombre, refiriéndose al padre de Noor—. Nadie la había reclamado desde hace muchos años.
Noor sintió un nudo en la garganta.
Su padre había dejado aquello pensando que algún día ella descubriría la verdad.
El empleado colocó la pequeña caja metálica sobre la mesa.
—Aquí tienen.
Noor tomó aire.
Introdujo la llave.
Giró lentamente.
El mecanismo hizo un pequeño clic.
La caja se abrió.
Dentro había varias fotografías antiguas, documentos, una memoria USB y una grabadora pequeña.
Noor tomó primero las fotografías.
En una aparecía su padre junto a la familia de Maximiliano.
En otra aparecía Alejandro.
Pero había algo que llamó especialmente su atención.
En una tercera fotografía aparecía el padre de Sebastián.
—Mira —dijo Noor.
Maximiliano se acercó.
—Él estuvo aquí.
—Entonces todos estaban conectados.
—Sí.
Noor tomó la grabadora.
—¿Crees que funciona?
—Solo hay una manera de saberlo.
Ella presionó el botón.
Durante unos segundos solamente se escuchó un ruido de fondo.
Después apareció una voz.
La voz de su padre.
Noor se quedó inmóvil.
Hacía años que no escuchaba aquella voz.
—Si están escuchando esto, significa que finalmente descubrieron la verdad.
Los ojos de Noor se llenaron de lágrimas.
Maximiliano tomó su mano.
La grabación continuó.
—Sé que algún día mi hija buscará respuestas. Y sé que probablemente crecerá creyendo que su padre fue responsable de la destrucción de otra familia.
Noor comenzó a llorar.
—Pero no fue así.
La voz se hizo más grave.
—Alejandro fue responsable de una parte de la conspiración, pero no actuó solo. Alguien de la familia de Sebastián lo ayudó.
Maximiliano se quedó inmóvil.
—Dios...
La grabación continuó.
—Durante años intentaron hacerme responsable de una serie de delitos que nunca cometí. Descubrí que estaban utilizando el dinero de la empresa para ocultar otras operaciones. Cuando intenté denunciarlos, comenzaron las amenazas.
Noor cerró los ojos.
Todo comenzaba a encajar.
—Pero hay algo que nadie sabe —continuó la voz—. Sebastián cree que yo destruí a su familia.
Maximiliano miró a Noor.
La grabación continuó.
—No fue así. Su padre intentó utilizarme para ocultar sus propios delitos. Cuando me negué, comenzó la persecución contra mí y contra las personas que amaba.
Noor se llevó una mano a la boca.
—Entonces Sebastián no conoce la verdad.
—Eso parece —respondió Maximiliano.
La voz de su padre se escuchó una última vez:
—Si Sebastián algún día busca venganza, díganle la verdad. No busquen destruirlo. No busquen hacerle pagar por los errores de otros. La venganza solamente crea nuevas víctimas.
La grabación terminó.
El silencio llenó la habitación.
Noor lloraba.
Maximiliano la abrazó.
—Tu padre intentó protegerte.
—Y yo pasé años pensando que había sido un hombre horrible.
—Noor, él quería que conocieras la verdad algún día.
Ella apoyó la cabeza sobre su pecho.
—¿Por qué tuvieron que esconderla tanto tiempo?
—Porque tenían miedo.
—Y nosotros pagamos por sus errores.
Maximiliano besó su frente.
—Pero no tenemos que repetirlos.
Noor asintió.
Estaba a punto de guardar la grabadora cuando escucharon pasos en el pasillo.
Ambos se quedaron en silencio.
La puerta se abrió.
Sebastián apareció.
Noor sintió que su corazón se detenía.
—Dame la grabación.
Maximiliano se colocó inmediatamente delante de Noor.
—No.
Sebastián avanzó.
—No entiendes lo que significa.
—Sí entiendo.
—Entonces dámela.
—Significa que tu padre también te mintió.
Sebastián negó con la cabeza.
—Eso no es cierto.
Maximiliano levantó la grabadora.
—Escúchala.
Sebastián dudó.
Finalmente se la arrebató.
Presionó el botón.
La voz del padre de Noor volvió a llenar la habitación.
Sebastián escuchó en silencio.
Al llegar a la parte donde se mencionaba a su padre, su expresión cambió.
Sus ojos se llenaron de incredulidad.
—No...
Continuó escuchando.
Noor observaba su reacción.
—Sebastián, esto es la verdad.
—Cállate.
—Tu padre te engañó.
—¡Cállate!
Sebastián golpeó la mesa.
—Mi padre siempre me dijo que tu familia destruyó la nuestra.
Noor dio un paso hacia él.
—Porque necesitaba que lo creyeras.
—No sabes nada de mi familia.
—Sé lo suficiente para entender que te hicieron cargar con un odio que no te pertenecía.
Sebastián respiró con dificultad.
—Veinticinco años...
—Sí.
—Veinticinco años pensando que ustedes eran los responsables.
Maximiliano respondió:
—Y nosotros pensando exactamente lo mismo de ustedes.
Sebastián bajó la mirada.
Por un instante pareció comprender la realidad.
Pero la rabia volvió a dominarlo.
—No.
Tomó la caja.
—No puedo creer esto.
—Sebastián —dijo Noor—, no tienes que continuar.
Él la miró.
—Tú no entiendes.
—Sí entiendo.
—No. Tú tienes a Maximiliano. Tienes una vida. Mi familia perdió todo.
—Y tú estás a punto de perderte a ti mismo por una guerra que comenzó antes de que tú nacieras.
Sebastián permaneció en silencio.
Pero finalmente dio media vuelta.
—Todo esto es una mentira.
—Entonces investígalo —dijo Maximiliano—. Pero no destruyas nuestras vidas para comprobarlo.
Sebastián salió rápidamente.
Maximiliano intentó seguirlo.
—¡Espera!
Pero Sebastián desapareció por el pasillo.
Noor permaneció paralizada.
—¿Crees que volverá?
Maximiliano regresó junto a ella.
—Sí.
—¿Qué hacemos?
Él la abrazó.
—Esta vez no huiremos.
Noor cerró los ojos.
Pero antes de que pudieran salir del banco, el teléfono de Maximiliano comenzó a sonar.
Era un número desconocido.
—¿Sí?
Nadie respondió.
Solo se escuchó una respiración.
Después una voz distorsionada.
—Ahora que tienen la verdad, deberían entender que todavía falta una pieza.
Maximiliano sintió un escalofrío.
—¿Quién eres?
La llamada terminó.
Noor lo miró.
—¿Qué pasó?
Maximiliano guardó lentamente el teléfono.
—Alguien sabe que tenemos la grabación.
—¿Sebastián?
—No lo sé.
Ambos regresaron a casa sin hablar.
Durante las siguientes horas intentaron revisar todo el contenido de la caja.
Había documentos.
Fotografías.
Contratos.
Pero faltaba algo.
La última página mencionada en una de las cartas.
Una página que podía demostrar quién había iniciado realmente la conspiración.
—Tiene que estar en alguna parte —dijo Noor.
Maximiliano asintió.
Entonces escucharon un ruido afuera.
Se acercaron a la ventana.
Un automóvil oscuro estaba estacionado frente a la casa.
Noor sintió miedo.
—¿Lo conoces?
Maximiliano negó.
El automóvil permaneció allí durante unos minutos.
Después se marchó.
Esa misma noche, Noor recibió un mensaje.
*"Deja de buscar."*
Después llegó otro.
*"La próxima vez no recibirás una advertencia."*
Noor dejó caer el teléfono.
Maximiliano la miró.
—¿Qué pasó?
Ella le mostró la pantalla.
Él apretó los dientes.
—No voy a permitir que te hagan daño.
Pero Noor sostuvo su brazo.
—No quiero perderte.
—No me perderás.
—Prométemelo.
Maximiliano la abrazó.
—Te lo prometo.
Sin embargo, ninguno de los dos sabía que aquella sería la última noche que pasarían tranquilos durante mucho tiempo.
Porque mientras ellos intentaban protegerse, Sebastián se encontraba en otro lugar, mirando nuevamente la grabación.
Había comenzado a comprender que toda su vida había estado construida sobre una mentira.
Pero en lugar de aceptar la verdad, decidió buscar respuestas por su cuenta.
Y alguien estaba esperando exactamente eso.
Alguien que conocía cada uno de sus movimientos.
Alguien que sabía dónde vivía Noor.
Alguien que conocía la historia de ambas familias.
Y alguien que había esperado veinticinco años para completar su venganza.
La última mentira todavía estaba por descubrirse.
Y esta vez, la pieza principal no sería un documento.
Ni una fotografía.
Ni una grabación.
Sería Noor.