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Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15. Después del beso

Cada vez que cerraba los ojos volvía a escuchar su voz.

Te he extrañado tanto.

Y después recordaba el beso.

A James alejándose.

Cerca de las seis desistí de seguir intentándo dormir.

Me duché, me vestí y pasé demasiado tiempo frente al espejo tratando de decidir si tenía aspecto de haber cometido una estupidez la noche anterior.

Al parecer, sí.

Cuando bajé, escuché voces en el comedor.

Mamá.

Y James.

Me detuve antes de entrar.

No sabía qué esperaba encontrar. Quizá cierta incomodidad. Un silencio extraño. Cualquier indicio de que él también había pasado la noche pensando en lo ocurrido.

No encontré ninguno.

James estaba sentado frente a mamá, completamente vestido para ir a la oficina, tomando café mientras ella le contaba que Adrián había llamado temprano.

Parecía haber dormido ocho horas.

Lo odié un poco por eso.

—Buenos días.

James levantó la mirada.

Nuestros ojos se encontraron.

Solo un segundo.

—Buenos días, Lizzie.

Eso fue todo.

Me senté.

Mamá me contó que papá había pasado una buena noche. Adrián seguía en el hospital y probablemente regresaría a casa en unas horas para descansar.

La noticia consiguió que olvidara a James durante unos minutos.

Pregunté por papá, por los médicos, por cuándo podríamos verlo.

Después mamá comenzó a insistir en que debíamos desayunar.

James aceptó.

Yo apenas probé el mío.

No ayudaba tenerlo sentado frente a mí.

Cada vez que levantaba la mirada recordaba sus manos en mi cintura.

Y él seguía hablando con mamá como si no me hubiera besado en aquella misma casa unas horas antes.

Como si no me hubiera dicho que me había extrañado.

Cinco años.

Quería patearlo debajo de la mesa.

Mamá recibió una llamada del hospital cuando terminábamos.

Se levantó inmediatamente y salió del comedor.

El silencio que dejó detrás fue insoportable.

James tomó su taza.

Yo lo observé.

Esperé.

Nada.

—¿Eso es todo?

Levantó la mirada.

—¿Qué cosa?

No podía creerlo.

—James.

Dejó la taza.

Su expresión cambió apenas.

Ya no estaba hablando con la hija de su amigo frente a su madre.

Ahora estaba hablando conmigo.

—¿Qué quieres que diga?

—No lo sé. Algo.

James sostuvo mi mirada.

—Anoche no era el momento para hablar.

—Pero sí para besarme.

Su mandíbula se tensó.

—Tú me besaste.

Abrí la boca.

La cerré.

Maldito fuera.

—Y tú me devolviste el beso.

—Sí.

Ni siquiera intentó negarlo.

Eso me desarmó un poco.

James se inclinó hacia atrás.

—Y después me detuve.

Bajé la mirada involuntariamente hacia mi mano.

El anillo seguía allí.

—Por Maxton.

No era una pregunta.

—Entre otras cosas.

Volví a mirarlo.

—¿Qué otras cosas?

James permaneció callado unos segundos.

—Tu padre acababa de salir de una cirugía. Llevabas días durmiendo mal. Estabas asustada, agotada...

—Sabía lo que estaba haciendo.

—Lo sé.

La respuesta llegó demasiado rápido.

Me quedé en silencio.

James también.

—Por eso me fui —añadió.

Fruncí el ceño.

—No entiendo.

James se levantó.

Recogió su saco del respaldo de la silla y se lo puso con esa calma suya que empezaba a desesperarme.

—Porque si me quedaba, no iba a detenerme en otro beso.

Sentí que el calor me subía directamente al rostro.

James tomó las llaves.

Y yo seguía sin saber qué demonios responder.

Se acercó.

No demasiado.

Lo suficiente.

Sus ojos bajaron por un instante hacia mi boca antes de regresar a los míos.

—Y tú estás comprometida.

Ahí estaba.

La realidad.

Me crucé de brazos.

—Entonces ¿por qué me dijiste que me extrañabas?

Por primera vez aquella mañana, James perdió un poco de esa tranquilidad.

No apartó la mirada.

—Porque es verdad.

Mi corazón volvió a hacer aquello.

—James...

—No voy a pedirte nada, Lizzie.

Su voz fue baja.

—No mientras lleves ese anillo.

Me quedé inmóvil.

No era una exigencia.

Ni siquiera sonó como una advertencia.

Era un límite.

El suyo.

James retrocedió.

Mamá regresó al comedor antes de que pudiera responder.

Papá estaba despierto y quería vernos.

Todo cambió inmediatamente.

Tomé mi bolso mientras mamá subía por sus cosas. James se ofreció a llevarnos al hospital antes de ir a la empresa.

Por supuesto que lo hizo.

Como si la conversación de hacía treinta segundos no hubiera ocurrido.

Como si yo pudiera olvidarla.

James nos dejó frente a la entrada del hospital.

Mamá bajó primero.

Yo estaba a punto de hacerlo cuando su voz me detuvo.

—Lizzie.

Lo miré.

James tenía ambas manos sobre el volante.

—Lo de esa anoche y está no fueron un error.

Sentí que el aire se me quedaba atrapado.

Las mismas palabras.

Cinco años atrás había sido yo quien había decidido que aquella noche había sido un error.

James lo recordaba.

Claro que lo recordaba.

—Pero no volverá a pasar —continuó— mientras estés comprometida.

No supe qué contestar.

James tampoco esperó que lo hiciera.

Desbloqueó las puertas.

Bajé del auto.

Mamá ya me esperaba unos metros más adelante.

Cerré la puerta y James se marchó.

Me quedé observando su auto hasta que desapareció entre el tráfico.

Después miré mi mano.

El anillo.

Hasta la noche anterior había pensado que mi problema era James.

Sus miradas.

Su cercanía.

Lo que había ocurrido cinco años atrás.

Ahora James acababa de dejar perfectamente claro que no iba a cruzar aquella línea otra vez.

La decisión ya no estaba en sus manos.

Estaba en las mías.

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