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Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:13.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Capítulo 22: Río Claro, tres años antes

Un par de semanas después de que Max quedara humillado en su propio estacionamiento, supe por casualidad que Bianca frecuentaba los vestidores de un club deportivo de lujo en Polanco, los jueves por la tarde, siempre con la misma amiga de toda la vida. Me lo mencionó, sin querer, una conocida en común durante una comida de negocios, mientras yo revolvía el café sin ganas de tomármelo.

—Elisa jura que nadan igual desde la preparatoria —dijo, riendo—. Bianca sigue tan disciplinada como siempre. Ni una copa de más, ni un postre.

Algo en mí, algo que llevaba semanas queriendo confrontarla directamente sin la protección de Max o de Julián de por medio, decidió que ese jueves también iba a nadar.

No llevaba pruebas. No llevaba nada más que la certeza, cada vez más firme desde la golpiza en la bodega, de que Bianca tenía las manos metidas en cada desgracia que me había pasado desde que salí de prisión, aunque todavía no pudiera probarlo frente a nadie. Fui ese jueves. No fui a nadar.

Llegué con un traje sastre que no pegaba nada con el ambiente de toallas y cloro del club, y la recepcionista me miró dos veces antes de dejarme pasar, como si mi sola presencia desentonara con el lugar. No me importó. Caminé directo a los vestidores, con el eco de las risas de la alberca todavía filtrándose por la puerta, y sentí, por un segundo, la vieja tensión en la muñeca que Max me había triturado años atrás, esa que se me despertaba sola cada vez que iba a enfrentar algo importante. La ignoré, como siempre.

La encontré sola un momento, mientras Elisa terminaba de cambiarse en otro casillero, y aproveché el instante exacto en que nadie más podía escucharnos.

—Bianca.

Se giró, sorprendida, con la sonrisa profesional ya puesta antes de reconocerme del todo. Traía el cabello recogido, la bata del club anudada a la cintura, y por un segundo pareció mucho más joven, mucho menos calculadora, de lo que yo sabía que era.

—Renata. Qué sorpresa verte aquí.

Me acerqué un paso, con la voz baja pero firme, deliberadamente ambigua.

—Cuide bien su secreto, Bianca. No todo lo que se entierra se queda enterrado para siempre.

Algo le cruzó la cara, apenas un segundo, pero suficiente para que yo lo notara: un parpadeo de más, una tensión repentina en los hombros, la mano cerrándose sobre el nudo de la bata como si necesitara sostenerse de algo.

—No sé de qué hablas —dijo, recuperando la compostura demasiado rápido para ser del todo convincente.

—Claro que no sabe.

—Los Sáenz nunca te van a aceptar, ¿sabías? —contraatacó, con la voz ya menos firme de lo que quería—. Y Max ya tiene prometida. Eso no va a cambiar por más que sigas jugando a la víctima.

—Yo no estoy jugando a nada, Bianca. Usted es la que lleva años actuando un papel. Solo me pregunto cuánto le queda de función.

Vi cómo se le tensaba la mandíbula, cómo el color se le iba un poco de la cara antes de recuperar la compostura a fuerza de voluntad.

—Las mentiras grandes necesitan mucho mantenimiento —seguí, sin subir la voz—. Basta con que una sola persona deje de creerlas para que empiecen a agrietarse. Y usted ya sabe que su hermano dejó de creerle hace rato.

—No tengo idea de qué mentiras hablas.

—Yo tampoco tengo pruebas todavía —dije, sosteniéndole la mirada—. Pero usted y yo sabemos que eso es solo cuestión de tiempo.

Bianca abrió la boca para contestar algo, pero nada le salió. Por primera vez desde que la conocía, no encontró la frase perfecta, la lágrima oportuna, el comentario dulce que siempre tenía lista para cualquier ocasión.

No esperé su respuesta. Salí del vestidor con el mismo paso tranquilo con el que había entrado, dejándola ahí, con la sonrisa quebrada y las manos, por primera vez desde que la conocía, temblándole de verdad.

—————

Bianca regresó con Elisa unos minutos después, inventando una excusa apresurada sobre una llamada urgente para cancelar la natación.

—¿Y esa mujer? —preguntó Elisa, curiosa, señalando hacia donde yo había desaparecido—. Se veía seria. ¿La conoces?

—Nadie importante. Una directora de no sé qué empresa —dijo Bianca, con un desprecio tan ligero que casi sonaba casual, guardando el celular en el bolso con manos que todavía no terminaban de calmarse del todo—. Vámonos, se me hace tarde.

—Estás pálida.

—Es el clorador de la alberca. Me hace mal desde niña.

Elisa no insistió, aunque alcanzó a notar, sin comentarlo, que su amiga de toda la vida salió del club esa tarde sin la sonrisa perfecta de siempre, y que rechazó, por primera vez en meses, la copa de vino blanco que solía pedirse después de nadar.

—¿Seguro que estás bien? —insistió Elisa, ya en el estacionamiento, sosteniéndole la puerta del auto—. Llevas rara desde que llegamos.

—Estoy perfecta —dijo Bianca, subiéndose deprisa, con el bolso apretado contra el pecho como si adentro llevara algo que proteger—. Solo cansada. La boda me tiene con los nervios de punta.

Elisa asintió, sin del todo convencida, y arrancó el auto sin volver a preguntar.

Guardé la carpeta en mi bolso. No sabía qué escondía Bianca, pero por fin sabía dónde presionar. Ya no estaba peleando a la defensiva.

1
Lourdes Cordova
no no me gustó el final porque lo perdono después de todo lo que le hizo le demostró que no la quería lo suficiente y ni tiempo le fío de explicación .no me gusto
Mariana Muñoz
no me gustó mucho no debería de haber perdonado a max por lo que le hizo le desgracio la vida eso es me gustaba Julián
MANATE
💯🤗
Cristina Alvarado
MALA MUY MALA AL MENOS PARA MÍ
Cristina Alvarado
ALGUIEN LEYÓ ESTÁ NOVELA?NO TIENE NI IN COMENTARIO 🤔 RARO NO ? A MI ME CANSOOOO MUCHAS VUELTAS Y LA PROTAGONISTA LA HACE ESTÚPIDA 🤬
Cristina Alvarado
es pelotuda o estudia para serlo la verdad tu novela cansa encima de larga la protagonista es estúpida 🤬🤦
Cristina Alvarado
a ver se te escapan muchas cosas si max supuestamente la tiene custodiada cómo la pudieron secuestrar
Guylaine Sevillano
no me gustó q perdonará a Max...
no va con el nombre d la novela
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