Durante tres años, Cloe Conti y Mattheo Farina tuvieron una sola regla: nada de besos, nada de sentimientos.
Hasta que una noche la rompieron... Y después, Cloe desapareció.
Cuando finalmente regresa, ya no es la mujer desafiante y despreocupada que Mattheo conocía. Lleva consigo heridas que nadie puede ver y recuerdos que amenazan con destruirla.
Mattheo sabe que no puede borrar lo que le hicieron.
Pero puede quedarse.
Puede protegerla.
Puede recordarle quién era antes de que intentaran arrebatárselo todo.
Lo que ninguno de los dos espera es descubrir que aquello que durante años llamaron deseo quizá siempre fue algo mucho más peligroso.
Porque Mattheo Farina estaría dispuesto a enfrentarse al mundo entero por Cloe.
Y esta vez, su princesa no tendrá que luchar sola.
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¿Me ama?
Mattheo
Me mira convencido de que escuchó mal.
—¿Qué?
—Tres años.
Su rostro se transforma.
—¿Tres putos años?
—Sí.
Suelta una risa seca.
—Hijo de puta.
—Fano...
—¡Tres años entrando a mi casa! Tres años sentándote a mi mesa. Tres años trabajando conmigo, bebiendo conmigo, mirándome a la puta cara mientras te acostabas con mi hermana.
—No éramos pareja.
—Oh, eso me deja mucho más tranquilo.
—No lo digo por eso.
—¿Entonces para qué mierda lo dices?
Me paso una mano por el cabello.
—Porque necesitas entender qué era lo nuestro.
—Créeme, preferiría no entender absolutamente nada.
—Teníamos un acuerdo.
—¿Qué clase de acuerdo?
Vacilo.
No quiero contarle esto.
No por mí. Por Cloe.
Pero ya estamos demasiado adentro.
—Sexo.
Fabiano aprieta los dientes.
—Voy a matarte.
Lo ignoro.
—Sin compromisos. Sin relaciones. Sin explicaciones. Ella podía estar con quien quisiera y yo también.
Me mira con asco.
—Qué romántico.
—Nunca pretendió serlo.
—¿Y durante tres años eso les funcionó?
Tardo demasiado en contestar.
—Al principio.
Entrecierra los ojos.
—¿Qué significa eso?
—Que era fácil.
—¿Follarte a mi hermana era fácil?
La mandíbula se me endurece.
—Deja de decirlo así.
—¿Cómo quieres que lo diga?
—No lo sé, pero ahora lo dices como si Cloe no hubiera tomado las mismas decisiones que yo. Como si hubiese abusado de ella.
—Lo único que sé es que llevas tres años mintiéndome.
—Porque tú jamás lo habrías aceptado.
—¡Por supuesto que no!
—Precisamente.
Da un paso hacia mí.
—Entonces sabías que estabas traicionando mi confianza.
No respondo de inmediato, pero claro que lo sabía.
Cada vez que entraba a su casa.
Cada vez que Cloe y yo nos encontrábamos a escondidas.
Cada vez que él estaba a veinte metros sin tener idea.
—Sabía que eras mi mejor amigo y que ella era tu hermana. Sabía que si te enterabas probablemente intentarías matarme.
—Todavía estoy considerándolo.
—Lo sé.
—¿Y aun así continuaste?
Lo miro.
—Sí.
Sin excusas. Porque esa es la verdad.
Su expresión vuelve a endurecerse.
—¿Por qué?
Mis ojos se desvían hacia la puerta de Cloe.
No puedo evitarlo.
—Porque no podía dejarla.
Fabiano sigue mi mirada.
—Acabas de decir que era una relación libre. Sin compromisos.
—Sí.
—Que se acostaban con otras personas.
—Sí.
—Entonces no me vengas ahora con esta mierda romántica.
—¡No estoy intentando romantizar nada!
Mi voz sale demasiado fuerte.
Miro inmediatamente hacia la puerta y bajo el tono.
—Los dos podíamos estar con quien quisiéramos. Nunca preguntábamos. Nunca reclamábamos. Si ella desaparecía durante semanas, yo no tenía derecho a preguntarle dónde había estado. Si me veía con otra mujer, tampoco podía decirme nada.
—Perfecto. Entonces era sexo.
Una risa amarga se me escapa.
—Eso pensábamos.
Fabiano se queda quieto.
—¿Pensábamos? —No respondo—. Mattheo.
Cierro los ojos.
—Había reglas.
—Ya me quedó claro.
—No. Había una especialmente importante.
—¿Cuál?
Lo miro.
—No besarnos.
Parpadea.
—¿Qué?
—No nos besábamos.
Me observa como si acabara de confirmar que ambos somos idiotas.
Probablemente tiene razón.
—Ustedes dos tienen serios problemas.
Por primera vez una sonrisa diminuta consigue aparecer en mi rostro.
—Probablemente —digo—. Era nuestra manera de mantenerlo... separado.
—¿Separar qué?
—El sexo de todo lo demás.
—Durante tres años.
—Sí.
—Eso es la estupidez más grande que he escuchado.
—Ahora lo sé.
Ahora.
Veo cómo la palabra le llama la atención.
—¿Qué cambió?
Me quedo inmóvil.
—Nada.
—Mentira.
—Fabiano...
—¿Qué cambió?
Miro otra vez hacia la puerta.
No. Esa parte no es mía.
No voy a contarle la noche del hotel.
No voy a decirle lo que Cloe me dijo.
No voy a contarle sobre su boca.
Sobre cómo cambió todo.
Eso le pertenece a ella también.
—Mattheo.
—No importa.
—Para mí sí.
—Para Cloe también. Y esa parte de la historia le pertenece a ella.
Aprieta la mandíbula. Parece dispuesto a golpearme otra vez.
En cambio, pregunta: —¿La amas?
Todo dentro de mí se detiene.
No respondo.
Fabiano vuelve a hablar: —Te pregunté si estás enamorado de mi hermana.
Esta vez no necesito pensarlo.
—Sí.
Lo miro directamente. Ya no puedo seguir mintiendo sobre esto.
No después de creer durante dos semanas que nunca volvería a verla.
—Estoy enamorado de Cloe.
Las palabras salen con una claridad que me sorprende incluso a mí.
No hay vuelta atrás.
—La amo —susurro.
Fabiano me golpea otra vez.
No intento detenerlo.
Mi espalda choca con la pared.
Me incorporo lentamente.
—Te odio.
—Lo sé.
—Confié en ti.
—Lo sé.
—Eres mi mejor amigo.
—Lo sé.
—¡Entonces cómo mierda pudiste...!
—¡Porque me enamoré de ella!
Mi propia voz retumba por el pasillo.
Respiro con dificultad.
—No fue algo que decidí, Fabiano. No desperté una mañana pensando qué buena idea sería enamorarme de la hermana de mi mejor amigo. —Me golpeo el pecho—. —Intenté sacármela de aquí. —Vuelvo a golpearme—. Intenté estar con otras mujeres. Intenté dejar de buscarla en cada puto lugar. Intenté convencerme de que era solo Cloe. Tu hermana. La niña que creció con nosotros. —Mi voz se rompe—. No pude, Fano. No pude.
Fabiano se queda callado.
Algo cambia en su expresión.
Pienso en Alessia. Y sé que él también lo está haciendo.
—Ahora entiendes.
Su mirada vuelve a endurecerse.
—No te atrevas a compararlo.
—¿Por qué no?
—Porque Alessia no es tu hermana.
—Exacto. —Me acerco—. Por eso para ti fue más fácil aceptar lo que sentías.
Por un instante parece querer golpearme nuevamente. Pero se contiene.
—¿Ella te ama?
la muerte de Lucio 🤔aunque aún debemos esperar el nacimiento de una niña muy bella 🎉🎉🎉
🥺superarás todo lo que te hizo ese animal