no estaba buscando amor cuando descargó una app de citas.
Solo quería escapar de la vida asfixiante que tenía en Londres.
Sin trabajo y desesperada por irse de casa de sus padres, acepta la extraña propuesta de , un hombre frío, reservado y marcado por un divorcio escandaloso.
Él le ofrece ayudarla.
A cambio, solo debe acompañarlo a Emiratos Árabes Unidos.
Sin sentimientos.
Sin preguntas.
Sin involucrarse demasiado.
Pero entre el lujo, los silencios y la distancia que Nael impone entre ambos, Liora descubre que algunas personas esconden más dolor del que dejan ver.
Y que enamorarse de alguien como Nael Al-Hadid nunca fue parte del plan.
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Capitulo 14
Liora
La incomodidad en el ambiente era evidente.
No hacía falta que nadie dijera nada para notarlo.
Las conversaciones disminuían cuando Evelyn Whitmore caminaba cerca. Algunas personas la saludaban con cariño, otras con evidente tensión, y unas cuantas simplemente fingían no verla.
Pero ella parecía acostumbrada.
Se movía por el lugar con elegancia absoluta, como si nada pudiera alterarla.
Como si perteneciera allí más que cualquier otra persona.
Yo observaba todo desde mi lugar junto a Samira, la ahora esposa de Karim.
Samira notó mi expresión inmediatamente.
—Mohamed tiene negocios con Karim —explicó en voz baja mientras acomodaba una pulsera dorada en su muñeca—. Por eso Evelyn está aquí.
Asentí lentamente.
—Ella se ve… tranquila.
Samira soltó una pequeña risa.
—Lo que es, es astuta.
No hubo odio en su voz.
Solo sinceridad.
—Vamos —continuó—. Tenemos que ir a la otra habitación.
La mayoría de las mujeres comenzaron a salir del gran salón principal mientras los hombres más cercanos a la familia permanecían allí hablando de negocios y acuerdos.
La casa estaba llena de movimiento: personal sirviendo café árabe, música suave, perfume de oud mezclándose con flores blancas.
Intentaba no mirar demasiado hacia donde estaba Nael.
Pero aun así lo hacía.
Y cada vez que lo encontraba entre toda la gente… él también parecía buscarme.
Eso comenzaba a ponerme nerviosa de una forma extraña.
Samira me llevó hacia una sala elegante decorada con enormes sofás color crema y lámparas doradas.
Varias mujeres conversaban mientras tomaban té.
Yo apenas comenzaba a relajarme cuando alguien llamó a Samira desde el otro extremo de la habitación.
—Vuelvo enseguida —me dijo—. No te muevas.
Asentí con una pequeña sonrisa.
Pero apenas ella se alejó…
sentí una presencia a mi lado.
Giré lentamente.
Evelyn.
Tan impecable de cerca como desde lejos.
Llevaba un vestido marfil elegante de mangas largas y joyería discreta pero claramente costosa.
Su perfume era suave.
Refinado.
Ella sonrió apenas.
—Me da gusto conocerte finalmente.
Intenté mantener la calma.
—Igualmente.
Su mirada recorrió mi rostro con demasiada atención.
No de manera agresiva.
Peor.
Como si me estuviera estudiando.
—Creí que lo que había leído en los medios era falso.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿A qué se refiere?
Ella tomó lentamente una copa de agua antes de responder.
—A que Nael estaba saliendo con una chica dieciséis años menor que él.
Sentí calor inmediato en el rostro.
—Solo somos amigos.
Evelyn sonrió apenas.
—Claro.
Ese “claro” me hizo sentir pequeña inmediatamente.
Ella bebió un poco de agua antes de continuar.
—Aunque debo admitir que se ven bastante cercanos.
No respondí.
Porque honestamente… ni yo sabía qué éramos.
Evelyn inclinó ligeramente la cabeza observándome.
—Pero no te confíes demasiado.
La miré sin entender completamente.
Su voz seguía siendo tranquila. Amable incluso.
Y justamente por eso era peor.
—Nael es un hombre muy distante emocionalmente.
Mi pecho se tensó apenas.
Ella continuó hablando con una naturalidad peligrosa.
—Siempre ha sido así. Reservado. Correcto. Responsable… pero emocionalmente agotador.
Desvió la mirada hacia el salón principal donde seguramente él seguía reunido con otros hombres.
—A veces puedes pasar años al lado de Nael y aun así sentirte sola.
Sentí algo incómodo dentro de mí.
Porque parte de eso… ya lo había visto.
Él rara vez hablaba de sí mismo. Escondía emociones constantemente. Y siempre parecía cargar algo pesado dentro.
Evelyn volvió a mirarme.
—No me gustaría que una chica como tú tuviera que pasar por lo mismo que yo viví durante diez años.
La forma en que dijo “una chica como tú” sonó suave.
Casi maternal.
Pero había algo debajo de esas palabras.
Algo afilado.
Yo seguía sin responder.
Ella suspiró suavemente.
—Me alegra mucho haberme divorciado de él.
Eso me sorprendió.
Porque no parecía decirlo desde el dolor.
Sino desde el alivio.
Y por primera vez entendí por qué Evelyn era tan peligrosa.
No necesitaba gritar. Ni insultar. Ni humillar directamente.
Plantaba dudas.
Y dejaba que crecieran solas.
Ella observó mi silencio y sonrió apenas.
—Perdóname, linda. No quería asustarte.
Hizo un gesto despreocupado con la mano perfectamente manicurada.
Como si la conversación no hubiera significado nada.
Como si no acabara de abrir una grieta enorme en mi cabeza.
—Disfruta Dubái —dijo suavemente antes de alejarse.
Y me quedé inmóvil.
Mirando cómo caminaba elegantemente entre toda la gente.
Mi corazón latía demasiado rápido.
Porque odiaba admitirlo…
pero sus palabras habían encontrado exactamente dónde lastimarme.
—No le creas todo lo que dice.
La voz de Samira me hizo reaccionar.
Giré rápidamente hacia ella.
Samira me observó unos segundos antes de sentarse a mi lado.
—Evelyn sabe leer muy bien a las personas.
Intenté sonreír.
—Solo está preocupada por mí, supongo.
Samira soltó una pequeña risa irónica.
—No. Evelyn nunca hace algo sin intención.
Eso me dejó aún más confundida.
Miré hacia el gran salón otra vez.
Y vi a Nael hablando con varios hombres importantes.
Elegante. Serio. Controlado.
Exactamente como Evelyn había dicho.
Como alguien difícil de alcanzar emocionalmente.
Y por primera vez desde que lo conocía…
me pregunté si realmente era posible conocer al verdadero Nael Al-Hadid.