Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.
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La primera noche en el territorio del lobo
El resto de la tarde transcurrió como un torbellino de trámites y miradas cargadas de tensión. Tras firmar los documentos del nuevo compromiso, mi padre se retiró a su estudio con los notarios, visiblemente abrumado pero consciente del poder que acababa de adquirir. Selius, por su parte, abandonó la mansión Enthal sin decir una sola palabra; la rigidez de su espalda y el temblor de sus puños delataban que su orgullo de heredero había quedado reducido a cenizas.
Xilian tampoco se quedó mucho tiempo. Se despidió con una inclinación de cabeza formal y una mirada de reojo que me prometió que los días de paz se habían terminado.
Ahora, la noche había caído por completo sobre la capital imperial. Me encontraba en mis aposentos privados, sentada frente al gran espejo de mi tocador. Relis retiraba con sumo cuidado los ganchos de mi cabello, permitiendo que las ondas oscuras cayeran libres sobre mis hombros desnudados por una bata de seda negra, tan fina y fluida que se adhería a mi piel como una segunda piel.
—Sigo sin poder creerlo, señorita —murmuró Relis, mirando de reojo el imponente anillo de platino y rubíes que destellaba en mi dedo anular—. Toda la alta sociedad debe estar hirviendo en rumores en este preciso momento. Mañana las cartas de invitación y los chismes no nos dejarán respirar.
—Que hiervan, Relis —respondí, pasando la yema de mi dedo sobre las piedras rojas, que parecían pequeñas gotas de sangre congelada—. Las ovejas siempre balan con fuerza cuando el pastor decide cambiar las reglas del juego. Ya puedes retirarte a tus aposentos, quiero descansar a solas.
—Como ordene, señorita. Descanse —dijo ella con una reverencia, tomando el cepillo de plata antes de salir silenciosamente por la puerta principal, cerrándola tras de sí.
El silencio inundó la habitación, rota únicamente por el sutil crepitar de las velas. Me levanté del tocador con una lentitud calculada. La bata de seda negra se abrió ligeramente al ponerme de pie, revelando la silueta de mis piernas y el sutil encaje que adornaba el camisón inferior.
De repente, una ráfaga de aire frío agitó las cortinas de seda del gran ventanal que daba a los jardines privados. Mis ojos se dirigieron de inmediato hacia allí.
La silueta de un hombre se recortó contra la luz de la luna mientras saltaba con una agilidad felina y silenciosa desde el balcón hacia el interior de mi dormitorio.
Xilian Carsont.
Ya no vestía el uniforme militar con los detalles plateados, sino una camisa de lino negro de cuello alto, sutilmente desabrochada en la garganta, y pantalones oscuros. El aspecto formal del Gran General había desaparecido, dejando al descubierto al hombre maduro, imponente y peligrosamente atractivo que no necesitaba pedir permiso para invadir mi territorio. Sus ojos rojos profundos brillaron con una intensidad salvaje en la penumbra de la habitación al encontrarse con los míos.
Sostuve su mirada, manteniendo una sonrisa descarada en mis labios rojos, sin mostrar un solo ápice de sorpresa por su entrada furtiva.
—Duque Carsont —saludé, dando un paso rítmico hacia él, permitiendo que el aroma a sándalo de mi piel llenara la distancia que nos separaba—. No esperaba que mi nuevo prometido prefiriera las ventanas antes que las puertas principales a altas horas de la noche. ¿Acaso el lobo extrañaba a su presa y no pudo esperar a las formalidades del día?
Xilian no respondió de inmediato. Se limitó a cerrar la distancia entre nosotros con pasos firmes y silenciosos, deteniéndose a escasos centímetros de mí. Su altura me obligó a reclinar la cabeza hacia atrás una vez más. Su mirada descendió por mi cabello suelto, se detuvo en la palidez de mi cuello expuesto y recorrió las curvas que la seda negra no lograba ocultar. Podía sentir el calor que desprendía su cuerpo, una presencia tan física y dominante que casi me cortaba la respiración.
—He venido a asegurarme de que mi futura Duquesa no tenga intenciones de arrepentirse —habló finalmente, su voz barítona sonando más ronca y profunda en la intimidad del dormitorio—. Las rutas comerciales del sur ya están bajo mi jurisdicción y el contrato ha sido enviado al palacio imperial. Mañana, Selius será enviado a la frontera este para liderar una división de infantería. Necesita aprender disciplina lejos de los salones de té.
—¿Arrepentirme? —solté una risa suave y sensual, dando un paso más, invadiendo por completo su espacio personal. Apoyé mis manos contra su pecho, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo el lino negro—. Oh, Xilian. Creo que aún no me conoce lo suficiente. No soy una mujer que teme a las consecuencias de sus actos. Mandar a Selius a la frontera es una excelente decisión; los cachorros deben aprender a cazar antes de pretender liderar la manada.
Xilian atrapó mi muñeca derecha con un movimiento rápido y seguro. Su agarre no fue doloroso, pero sí sumamente posesivo, obligándome a levantar la mano donde lucía su anillo familiar. Sus ojos rojos profundos se clavaron en los míos con una intensidad que me hizo saber que estaba jugando con fuego.
—Este anillo tiene peso, Kaileris —susurró, acercando su rostro al mío hasta que pude sentir el sutil aroma a tabaco y cuero de su aliento—. Exige lealtad absoluta. Si descubro que usas este matrimonio solo como un escudo para tus venganzas personales y descuidas el ducado, descubrirás que puedo ser mucho más despiadado de lo que imaginas.
—¿Lealtad? —me incliné hacia él, reduciendo la distancia hasta que mis labios casi rozaron los suyos, manteniéndolos sutilmente entreabiertos en una provocación directa. Sostuve el agarre de su mano con firmeza—. Le daré la lealtad que un hombre de su calibre merece, Excelencia. Seré la Duquesa que maneje la aristocracia a su favor y la que mantenga su territorio impecable mientras usted gobierna el frente militar. Pero a cambio... espero que el lobo sepa mantener satisfecha a su compañera.
Xilian contuvo el aliento por una fracción de segundo, sus ojos rojos bajando hacia mis labios húmedos con un destello de pura fascinación y deseo contenido. No estaba acostumbrado a que nadie, mucho menos una mujer joven, lo desafiara con tanta madurez y sensualidad.
Lentamente, soltó mi muñeca, pero en su lugar, su mano subió hacia mi cuello, rodeándolo con una firmeza tibia que me erizó la piel. Su pulgar rozó la línea de mi mandíbula con una posesividad que me hizo sonreír.
—Eres una criatura fascinante y peligrosa, Kaileris Enthal —declaró en voz baja, una sonrisa lobuna dibujándose apenas en sus labios—. Mañana por la mañana vendrá el carruaje ducal para trasladar tus pertenencias a mi mansión. A partir de mañana, vivirás bajo mi techo. Prepárate, porque no tendré piedad con las ovejas que intenten morderte, pero tampoco la tendré contigo si me fallas.
—No espero piedad, Xilian —sentencié, deslizando mis dedos por sus hombros—. Espero poder. Y con usted a mi lado, el Imperio entero nos pertenecerá.
Xilian me soltó con la misma deliberación con la que me había tomado. Dio la vuelta hacia el gran ventanal por el que había venido y, con un movimiento ágil y felino, desapareció en la oscuridad de la noche, dejándome sola con el viento residual y la certeza de que la verdadera guerra acababa de comenzar.
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/