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EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:836
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la feria

Puerto marina seguía igual.

El faro seguía iluminando el mar .

Las calles de piedra continuaban llenas de vida.

y, sin embargo, había recuerdos que el tiempo jamás consiguió borrar.

Natalia

Por fin había llegado el día de ir a la feria con Marcos.

No podía evitar sentirme emocionada. Nunca había estado en una; todo lo que conocía sobre ellas era gracias a los libros que había leído durante años.

Unas horas después llamaron a la puerta.

Fui a abrir todavía en pijama.

—¿Todavía estás así? —preguntó Marcos, soltando una risa divertida.

—Lo siento... no sabía qué ponerme.

—No hay problema. Con cualquier cosa que uses vas a verte hermosa.

Rodé los ojos.

—Ya vengo. No tardo.

—Aquí te espero.

Subí corriendo a mi habitación y, después de probarme media ropa del armario, terminé eligiendo algo sencillo: unas calzas negras, zapatillas blancas con detalles grises y una campera corta color verde militar.

Cuando bajé, Marcos levantó la vista y sonrió.

—¿Vamos?

—Claro.

Me observó unos segundos.

—Como siempre... estás hermosa.

—Ya deja de decir tonterías y vámonos.

—No son tonterías. Lo digo en serio.

Negué con la cabeza mientras salíamos de casa.

Durante el camino hablamos de cualquier cosa.

Del clima.

De libros.

De las calles de Puerto Marina.

Era extraño.

Habían pasado trece años, pero conversar con él seguía sintiéndose igual de natural.

Cuando llegamos a la feria me quedé completamente inmóvil.

Era muchísimo más grande de lo que había imaginado.

Había puestos de comida por todas partes, juegos, música, niños corriendo y cientos de personas caminando entre guirnaldas de colores.

La feria estaba instalada junto al mar.

Desde la rueda panorámica podía verse todo Puerto Marina.

Las calles de piedra.

El puerto.

El faro.

Las antiguas casas de techos oscuros.

Era incluso más hermoso de lo que había imaginado tantas veces mientras lo leía en novelas.

Recorrimos prácticamente todos los puestos.

Probamos comidas típicas.

Jugamos a varios juegos.

Reí tanto que terminé con dolor de mejillas.

Incluso nos sacamos fotografías en una vieja cabina.

Después de varias horas caminando, terminamos sentados frente al mar.

El viento movía lentamente mi cabello.

—¿Sabes una cosa? —pregunté.

—¿Qué?

—Pensé que después de tantos años todo iba a sentirse extraño...

Hice una pequeña pausa.

—Pero contigo fue igual que antes.

Marcos sonrió.

—Yo también tenía miedo de eso.

Miré el mar.

—Extrañaba tener un amigo como vos.

Hubo un breve silencio.

—Con vos puedo ser yo... sin fingir quién soy.

Sin pensarlo demasiado, apoyé la cabeza sobre su hombro.

—Espero que no vuelvas a irte.

Sentí cómo su respiración se detenía un instante.

—No voy a volver a hacerlo.

Levantó la vista hacia el cielo.

—Ya es tarde... será mejor que te lleve a casa.

—Está bien.

Me levanté sonriendo.

—Aunque... tengo una sorpresa para vos.

Él arqueó una ceja.

—¿Ah, sí? ¿Cuál?

—Si te la digo, deja de ser una sorpresa.

Soltó una pequeña risa.

—Bueno... entonces tendré que esperar.

Durante el camino de regreso hablamos muy poco.

Había algo diferente en él.

Algo que no lograba entender.

Cuando llegamos frente a casa, me abrió la puerta del auto.

—La semana que viene quiero llevarte a otro lugar.

—¿Dónde?

—No te lo pienso decir.

—¿Otra sorpresa?

—Exactamente.

Sonreí.

—Bueno... espero que realmente valga la pena.

—Te prometo que sí.

Nos quedamos unos segundos mirándonos.

—Hasta mañana, Natalia.

—Hasta mañana, Marcos.

Mientras lo veía alejarse pensé en su expresión durante toda la noche.

Parecía preocupado.

Como si quisiera decirme algo...

...pero hubiera decidido guardárselo.

La última vez que lo había visto así fue cuando éramos niños y había obtenido una mala calificación en la escuela.

Había llorado porque temía decepcionar a su padre.

Con Alex habíamos pasado toda la tarde intentando hacerlo reír.

Marcos siempre ponía esa misma expresión cuando ocultaba algo importante.

Supuse que tendría relación con el trabajo.

Y decidí no insistir.

Dos días después...

bajé a desayunar como siempre

Mi padre ya estaba sentado en la mesa esperándome.

—Buenos días, hija.

—Buenos días, padre.

—¿No vas a cambiarte?

Lo miré confundida.

—¿Para qué?

Dejó la taza sobre el plato.

—Hoy empiezas a trabajar conmigo.

Me quedé inmóvil.

Sabía que ese día iba a llegar algún día...

Pero no esperaba que fuera tan pronto.

—Termino mi café y bajo enseguida.

Él asintió.

—No tardes.

Subí a cambiarme y elegí un jean oscuro de corte clásico, un suéter negro y unas botas sencillas.

Cuando regresé, mi padre ya me estaba esperando junto a la puerta.

—¿Lista?

—Sí.

Durante el camino me explicó cuáles serían mis primeras responsabilidades.

Al llegar me presentó a varios empleados y antiguos socios de la empresa.

Todo era mucho más grande de lo que imaginaba.

Cuando terminó el recorrido, recibió una llamada.

—Espérame un momento. Tengo que resolver un asunto.

Asentí.

—No te alejes demasiado.

En cuanto desapareció por el pasillo, empecé a recorrer el edificio por mi cuenta.

Observaba los cuadros y la decoración cuando vi a alguien de espaldas salir de una oficina.

Lo reconocí enseguida.

—Hola.

Marcos giró tan rápido que casi dio un paso hacia atrás.

—¿Natalia?... ¿Qué haces aquí?

Sonreí.

—Esta era la sorpresa que quería darte.

Frunció el ceño.

—¿Cuál?

—Desde hoy voy a trabajar aquí.

Por un instante perdió el color del rostro.

—¿En serio?

—Sí. Voy a estar en el área administrativa.

Su expresión cambió apenas un segundo.

Lo suficiente para que yo lo notara.

—¿Estás bien?

Tardó unos segundos en responder.

—Sí... claro. Me alegra mucho por vos.

Forzó una sonrisa.

—Perdón... debo seguir trabajando.

—Está bien. Nos vemos luego.

—Hasta luego.

Continué caminando por los pasillos.

Fue entonces cuando escuché un apellido que hacía muchos años no oía.

Torres.

Me detuve un instante.

No sabía por qué...

Pero ese nombre despertó un recuerdo que creía olvidado.

Y, sin saberlo...

Aquel ya había dejado de ser un primer día cualquiera.

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