Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago White
Las semanas pasaron.
Y Circe había cambiado.
Mucho.
Ya no era la joven maga que había despertado confundida en aquella habitación.
Cada mañana comenzaba con entrenamiento físico.
Corría.
Practicaba resistencia.
Fortalecía sus brazos y piernas.
Trabajaba sus reflejos.
Y cuando terminaba...
Comenzaba con la magia.
Había aprendido nuevos hechizos.
Algunos eran ofensivos.
Otros defensivos.
También había perfeccionado el control de su maná.
Pero había algo que había sorprendido especialmente a los demás magos.
La espada.
Circe había comenzado a entrenar con una espada.
Al principio, algunos la habían observado con curiosidad.
Después con sorpresa.
Y finalmente con una mezcla de incredulidad y admiración.
No era habitual que una maga dedicara tanto tiempo al entrenamiento físico y al manejo de armas.
Pero para Circe tenía todo el sentido.
[Una maga que no puede defenderse cuando alguien se acerca demasiado tiene un problema.]
Así que aprendió.
Al principio sus movimientos eran torpes.
Después comenzaron a mejorar.
Con cada semana, su postura se hacía más firme.
Sus movimientos más rápidos.
Su cuerpo más resistente.
Y su confianza mucho mayor.
El mago White observaba sus progresos con creciente interés.
—No pensé que aprenderías tan rápido.
Circe levantó la espada.
—Yo tampoco.
—¿No te resulta extraño cambiar tanto tu forma de entrenar?
—No.
White suspiró.
—Por supuesto que no.
Circe sonrió.
El mago White le entrego a Circe una espada mas pequeña, parecía ser mas una daga o un puñal, ella se sorprendio. Y el mago White le explico..
⸺La espada sirve para rivales que estan a una distancia, distancia que puedes usar con tu magia, pero un arma mas pequeña puede ir oculta y ser usada con mas precisión.
Circe le agradecio.
Pero además de entrenar, había comenzado a escribirle a Megara.
Al principio lo había hecho con cierta cautela.
No sabía exactamente cuánto habían cambiado las cosas.
Pero la respuesta de Megara no tardó demasiado.
Una carta.
Circe la abrió y comenzó a leer.
Megara confirmaba lo que Roun había dicho.
Sí.
Iba a casarse.
Y sí...
Estaba enamorada.
Circe se quedó mirando aquella parte de la carta durante unos segundos.
Después sonrió.
[Así que realmente es ella.]
La misma Megara.
La chica de cabello blanco que prefería las pociones antes que cualquier conversación.
La misma que podía pasar horas concentrada en un caldero.
Pero ahora estaba enamorada.
Circe tomó una pluma y comenzó a escribir.
Le contó que se había sorprendido muchísimo al enterarse de la boda.
Después le contó algo que seguramente sorprendería a Megara todavía más.
Ahora estaba entrenando con espada.
Y también había comenzado a estudiar magia de combate.
La respuesta llegó acompañada de una pequeña caja.
Circe abrió el paquete.
Dentro había varios frascos cuidadosamente protegidos.
Pociones.
Y una carta.
Circe comenzó a leer.
Megara le explicaba que eran pociones fortalecedoras.
Le recomendaba utilizarlas con cuidado y descansar adecuadamente.
Circe miró los frascos.
Luego la carta.
Y finalmente sonrió.
[Definitivamente es ella.]
No había duda.
Solo Megara podía responder a una carta hablando de su boda y, al mismo tiempo, enviarle pociones para mejorar su entrenamiento.
Circe comenzó a utilizarlas.
Los resultados fueron sorprendentes.
Su resistencia física mejoró.
Podía entrenar durante más tiempo.
Se recuperaba más rápido.
Su cuerpo comenzó a soportar mejor las exigencias del entrenamiento.
Y aquello le permitió aumentar todavía más la intensidad.
[Esto es fantástico.]
A partir de entonces, las cartas entre ambas se hicieron frecuentes.
Megara le contaba sobre su nueva vida.
Circe le contaba sobre sus entrenamientos.
Megara hablaba de pociones.
Circe hablaba de magia.
Y, poco a poco, aquella relación comenzó a sentirse exactamente como en los recuerdos.
La misma confianza.
La misma tranquilidad.
La misma amistad.
Circe finalmente comprendió algo.
La marca de alma no había cambiado aquello.
Megara seguía siendo Megara.
Y eso la hacía feliz.
Las semanas continuaron pasando.
La fecha de la boda se acercaba cada vez más.
Hasta que finalmente llegó el momento de prepararse.
Roun comenzó a organizar el viaje.
Varios magos del templo también asistirían.
Circe preparó sus pertenencias.
Ropa.
Libros.
Algunos objetos personales.
Y, por supuesto...
Su daga.
La acomodó cuidadosamente.
Roun la vio.
—¿Realmente piensas llevar eso a una boda?
Circe la miró.
—Nunca se sabe.
Roun se rio.
—Es una boda, Circe.
—Precisamente.
—¿Qué podría pasar?
Circe se quedó pensativa.
[Con mi suerte...]
—No lo sé.
Roun negó con la cabeza, divertida.
Finalmente todos estuvieron listos.
Los magos se reunieron frente al templo.
Había equipaje.
Carruajes.
Comida para el viaje.
Y una cantidad considerable de objetos mágicos.
Circe se acomodó la espada.
Miró una última vez el templo.
Había sido el hogar de la antigua Circe.
Y ahora también era el suyo.
Roun se acercó.
—¿Lista?
Circe asintió.
—Sí.
Subieron al carruaje.
El viaje comenzaba.
Su destino eran los territorios Bruyne.
El lugar donde Megara comenzaría una nueva vida.
Circe se acomodó junto a la ventana.
Mientras el templo desaparecía lentamente detrás de ellos, observó el camino.
Había algo extraño en su pecho.
Una sensación de anticipación.
No sabía exactamente qué encontraría allí.
No sabía quién era el hombre que había conseguido enamorar a Megara.
Ni sabía cómo sería la boda.
Pero había algo que sí sabía.
Iba a reencontrarse con su amiga.
Y eso era suficiente.
Aunque, mientras miraba el camino...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
[Espero que ese hombre trate bien a Megara.]
Su mano descansó sobre la empuñadura de su daga.
[De lo contrario...]
La sonrisa se volvió peligrosa.
[La boda podría terminar siendo bastante entretenida.]