Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 21
EL SILENCIO DE MARTÍN
La noche parecía interminable.
Iván conducía mientras Alejandro ocupaba el asiento del copiloto.
Elías permanecía atrás.
Nadie hablaba.
El silencio dentro del vehículo era tan pesado como los secretos que durante años habían mantenido ocultos.
—¿Tienes alguna idea de dónde puede estar? —preguntó Alejandro finalmente.
Iván observó la pantalla de su teléfono.
—La llamada fue muy corta, pero logramos ubicar aproximadamente la zona.
Elías levantó la mirada.
—¿Está lejos?
—No mucho.
Alejandro apretó los puños.
—Tenemos que encontrarlo antes de que sea demasiado tarde.
Elías cerró los ojos.
Aquellas palabras lo hicieron estremecer.
Durante años había cometido errores.
Había traicionado a Analia.
Había mentido a sus hijos.
Había permitido que Gissela destruyera lentamente su familia.
Pero ahora comprendía algo que nunca había querido aceptar.
Ya no podía controlar las consecuencias.
Cuando llegaron al lugar, Iván descendió inmediatamente del vehículo.
Era una zona oscura y poco transitada.
—Martín —gritó Alejandro.
No hubo respuesta.
Elías caminó lentamente detrás de ellos.
Por primera vez...
no sabía si quería encontrarlo.
Si Martín aparecía, probablemente terminaría de revelar todo.
Todo lo que su madre.
Su hermana.
Y quizás él mismo...
habían intentado ocultar.
—Aquí —dijo Iván de repente.
Los tres se acercaron.
Había un teléfono en el suelo.
Alejandro lo recogió.
—Es el teléfono de Martín.
Elías sintió un escalofrío.
—¿Dónde está él?
Entonces escucharon un débil sonido.
Un gemido.
Iván corrió.
Detrás de unos vehículos abandonados encontraron a Martín.
Estaba herido.
Pero consciente.
—¡Martín! —gritó Alejandro.
Iván se arrodilló junto a él.
—¿Quién te hizo esto?
Martín abrió lentamente los ojos.
—No...
—¿Quién fue?
Martín intentó levantarse.
—No fue...
Su voz se quebró.
—Raiza.
Los tres quedaron inmóviles.
—¿Qué? —preguntó Elías.
Martín respiró con dificultad.
—No fue ella.
Iván frunció el ceño.
—Entonces, ¿quién?
Martín miró directamente a Elías.
—Tu madre no es la única persona que tiene secretos.
Elías sintió que la sangre se helaba en sus venas.
—¿De qué estás hablando?
Martín cerró los ojos durante unos segundos.
—Gissela.
Alejandro dio un paso adelante.
—¿Qué tiene que ver ella?
Martín volvió a mirar a Elías.
—Más de lo que imaginas.
Mientras tanto...
Raiza permanecía sola en su casa.
Isabel había desaparecido de la habitación.
—Isabel —llamó.
Nadie respondió.
Raiza caminó por toda la casa.
—¡Isabel!
Finalmente encontró una nota sobre la mesa.
Sus manos comenzaron a temblar.
La leyó lentamente.
Mamá, no puedo seguir siendo parte de esto.
Raiza cerró los ojos.
Continuó leyendo.
Durante años pensé que te estaba ayudando. Pensé que protegíamos a nuestra familia. Pero ahora entiendo que solo hemos destruido todo lo que tocamos.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Raiza.
Voy a decir la verdad.
Raiza dejó caer la carta.
—No...
Corrió hacia la puerta.
Pero ya era demasiado tarde.
Isabel había desaparecido.
Analia estaba sentada junto a la ventana.
No podía dormir.
Cada sonido la hacía recordar todo lo ocurrido.
Las amenazas.
Los rumores.
La traición.
La violencia.
Entonces escuchó unos pequeños pasos.
Era Tamara.
—Mamá.
Analia levantó la mirada.
—¿Por qué estás despierta?
Tamara se acercó lentamente.
—No puedo dormir.
Analia abrió los brazos.
La niña corrió hacia ella.
—Tengo miedo.
Analia la abrazó.
—Yo estoy aquí.
Tamara levantó la mirada.
—¿Papá hizo algo malo?
Analia cerró los ojos.
Aquella pregunta era más difícil que cualquier otra.
—Tu papá cometió muchos errores.
—¿Y tú lo vas a perdonar?
Analia permaneció en silencio.
Tamara bajó la mirada.
—Yo extraño cuando éramos felices.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Analia.
—Yo también.
Tamara abrazó a su madre con fuerza.
—¿Vamos a volver a ser una familia?
Analia acarició su cabello.
—Siempre seremos una familia.
—Pero no es lo mismo.
Analia cerró los ojos.
Su hija tenía razón.
Nada volvería a ser igual.
El teléfono de Analia comenzó a sonar.
Era Iván.
Ella respondió inmediatamente.
—¿Encontraron a Martín?
Iván permaneció unos segundos en silencio.
—Sí.
Analia se puso de pie.
—¿Está vivo?
—Sí.
Ella cerró los ojos con alivio.
—Gracias a Dios.
Pero entonces escuchó el tono de la voz de Iván.
—Analia...
—¿Qué sucede?
—Martín dijo algo.
Ella sintió un escalofrío.
—¿Qué?
—Gissela está involucrada.
Analia quedó inmóvil.
—¿En qué?
Iván respiró profundamente.
—Todavía no sabemos todo.
Analia cerró los ojos.
—¿Y Elías?
Iván miró hacia él.
Elías permanecía en silencio.
—También está escuchando.
Analia guardó silencio durante unos segundos.
—Entonces escúchame, Elías.
Él tomó lentamente el teléfono.
—Analia...
—No.
Su voz fue firme.
—Esta vez no quiero excusas.
Elías cerró los ojos.
—Lo sé.
—Si Gissela está involucrada en lo que le pasó a nuestra familia, tendrás que decidir de qué lado estás.
Elías abrió los ojos.
—Analia...
—No soy yo quien tiene que tomar esa decisión.
La llamada terminó.
Elías permaneció mirando el teléfono.
Por primera vez...
comprendió que podía perderla para siempre.
Martín fue llevado a un lugar seguro.
Iván permaneció junto a él.
—Ahora dime toda la verdad.
Martín cerró los ojos.
—Gissela sabía que Isabel me había contactado.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Isabel habló con ella.
Elías permaneció completamente inmóvil.
—¿Mi hermana habló con Gissela?
—Sí.
Martín continuó.
—Pero después Gissela comenzó a darme instrucciones directamente.
Alejandro apretó los puños.
—¿Qué instrucciones?
Martín dudó.
—Seguir a Analia.
Elías cerró los ojos.
—¿Y?
—Saber con quién hablaba.
—¿Por qué?
Martín miró lentamente a Elías.
—Porque estaba obsesionada con Iván.
Elías levantó la mirada.
—¿Iván?
Iván permaneció serio.
Martín continuó.
—Gissela creía que Analia e Iván tenían una relación.
Alejandro soltó una risa amarga.
—¿Por los rumores de Isabel?
Martín asintió.
—Pero Gissela no quería solamente destruir el matrimonio de ustedes.
Todos permanecieron atentos.
—Quería destruir la reputación de Analia.
Iván frunció el ceño.
—¿Por qué?
Martín guardó silencio.
—¡Habla! —ordenó Alejandro.
Martín respiró profundamente.
—Porque Gissela quería ocupar su lugar.
Elías cerró los ojos.
Aquellas palabras fueron como una herida.
—¿Mi lugar? —preguntó Analia en la mente de todos.
No.
Gissela no quería únicamente a Elías.
Quería todo lo que pertenecía a Analia.
La casa.
La empresa.
El dinero.
La familia.
La vida que durante años Analia había construido.
Muy lejos de allí...
Gissela caminaba nerviosamente por su habitación.
Nayid la observaba.
—¿Qué pasó?
Ella no respondió.
—Mamá.
—Martín desapareció.
Nayid se puso de pie.
—¿Qué?
—No responde.
—Tal vez está huyendo.
Gissela negó.
—No.
Su teléfono comenzó a sonar.
Ella miró la pantalla.
Un número desconocido.
Respondió.
—¿Sí?
Del otro lado solo se escuchó una respiración.
—¿Quién es?
Entonces una voz habló.
—Martín está vivo.
Gissela quedó paralizada.
—¿Quién habla?
—Y está contando todo.
La llamada terminó.
El teléfono cayó de sus manos.
Nayid la miró.
—¿Qué sucede?
Gissela levantó lentamente la mirada.
Su rostro estaba completamente pálido.
—Tenemos que irnos.
Nayid frunció el ceño.
—¿A dónde?
Gissela tomó una maleta.
—¡A cualquier lugar!
—¿Por qué?
Ella comenzó a guardar ropa desesperadamente.
—Porque Martín puede destruirnos.
Nayid se acercó.
—¿Qué sabe Martín?
Gissela se detuvo.
El silencio fue suficiente.
Nayid comprendió que su madre había ocultado muchas más cosas.
—Mamá...
Gissela levantó la mirada.
—No preguntes.
—¡¿Qué hiciste?!
Gissela comenzó a llorar.
—Todo esto era por nosotros.
Nayid retrocedió lentamente.
Aquellas palabras le resultaban demasiado conocidas.
Raiza había dicho exactamente lo mismo.
Isabel también.
Todos parecían justificar sus errores diciendo que actuaban por alguien más.
—No —dijo Nayid.
Gissela lo miró.
—¿Qué?
—No fue por nosotros.
Gissela quedó inmóvil.
—Lo hiciste porque querías ganar.
Nayid salió de la habitación.
Gissela comenzó a llorar.
Por primera vez...
su propio hijo había comenzado a verla como realmente era.
Al amanecer...
Isabel llegó a la comisaría.
Un agente se acercó.
—¿En qué puedo ayudarla?
Isabel respiró profundamente.
Sus manos temblaban.
Pero esta vez...
no iba a escapar.
—Quiero hacer una declaración.
El agente la observó.
—¿Sobre qué asunto?
Isabel levantó lentamente la mirada.
—Sobre Analia Rosales.
Hizo una pausa.
—Y sobre todo lo que hicimos para destruirla.
Al mismo tiempo...
Elías llegó a la casa de Analia.
Permaneció varios minutos frente a la puerta.
No sabía si debía tocar.
Finalmente lo hizo.
Analia abrió.
Lo observó en silencio.
—¿Qué haces aquí?
Elías bajó la mirada.
—Necesito hablar contigo.
Analia cruzó los brazos.
—No creo que tengamos nada más de qué hablar.
—Esta vez sí.
Ella guardó silencio.
Elías respiró profundamente.
—Martín está vivo.
Analia cerró los ojos.
—Iván me llamó.
—También habló de Gissela.
La expresión de Analia cambió.
—¿Qué sabes?
Elías la miró.
Por primera vez...
no quería ocultar nada.
—No sé todo.
Analia esperó.
—Pero voy a descubrirlo.
Ella negó lentamente.
—Ya no, Elías.
Él quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Ya no tienes que hacerlo por mí.
Elías sintió que el corazón se le detenía.
Analia continuó.
—Durante treinta y dos años esperé que fueras el hombre que yo creía conocer.
Elías cerró los ojos.
—Analia...
—Te defendí.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Te justifiqué.
Elías no pudo hablar.
—Y mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio...
tú estabas destruyendo nuestra familia.
Elías comenzó a llorar.
—Lo siento.
Analia negó.
—Yo sé que lo sientes.
Él levantó la mirada.
—Entonces...
—Pero sentirlo no cambia lo que hiciste.
Elías quedó completamente destruido.
Analia abrió un poco más la puerta.
—Ahora tengo que pensar en mí.
Elías observó el interior de aquella casa.
La casa donde había vivido durante décadas.
Su hogar.
Su familia.
Y comprendió que quizás...
ya no pertenecía allí.
Antes de cerrar la puerta, Analia habló una última vez.
—Hay cosas que pueden perdonarse.
Elías levantó la mirada.
—Pero también hay heridas que cambian para siempre la manera en que vemos a una persona.
La puerta se cerró.
Elías permaneció solo.
Por primera vez en treinta y dos años...
comprendió lo que realmente significaba perder a Analia.
Mientras Elías permanecía frente a aquella puerta...
su teléfono comenzó a sonar.
Era un mensaje de un número desconocido.
Lo abrió.
Solo había una frase:
"Tu madre no está en casa."
Elías frunció el ceño.
Inmediatamente llamó a Isabel.
No respondió.
Luego llamó nuevamente.
Nada.
Corrió hacia su vehículo.
Mientras tanto, Raiza caminaba sola por una calle desconocida.
Miraba constantemente detrás de ella.
Parecía estar huyendo.
Pero...
¿de quién?
Entonces su teléfono sonó.
Raiza miró la pantalla.
El número era desconocido.
Respondió lentamente.
—¿Sí?
Una voz habló desde el otro lado.
—Pensaste que podías usarme...
Raiza quedó paralizada.
—¿Quién eres?
La voz volvió a hablar.
—Pero ahora vas a pagar.
Raiza dejó caer el teléfono.
Y levantó lentamente la mirada.
Frente a ella...
había una persona esperando.
Raiza abrió los ojos.
Su rostro perdió completamente el color.
—Tú...
La persona dio un paso hacia ella.
—Tenemos que hablar.
Y Raiza comprendió que aquella noche...
todos sus secretos podrían finalmente salir a la luz.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.