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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:45.2k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8. El consejo de la madre

Alberto llevaba cuatro días sin dormir y nadie en la mansión se atrevía a decírselo.

Había revisado cada hospital, cada terminal de buses, cada peaje de salida de la ciudad. Tenía a tres de sus hombres rastreando cámaras de tráfico y a otros dos preguntando casa por casa con la foto de Cynthia y un fajo de billetes para soltar lenguas. Nada. Era como si la tierra se la hubiera tragado a ella y a la niña, y eso lo tenía con el estómago hecho un nudo desde el primer día.

—Otra vez —le dijo al jefe de seguridad, parado en medio de la sala—. Las cámaras del peaje norte. Frame por frame.

—Señor, ya las revisamos tres...

—¡Las revisas las veces que yo diga! —El grito hizo callar a medio personal—. ¿Para qué carajos te pago? ¿Para mirarme con esa cara de imbécil?

El hombre bajó la mirada y salió.

Alberto se giró hacia Amelia, que estaba en el umbral de la cocina con un trapo en las manos.

—Tú. La viste salir. Una mujer no se evapora con una niña a cuestas sin que alguien le ayude.

—Yo no vi nada, señor. Usted me dio el día libre.

—Te lo dio ella.

—Usted me lo confirmó.

La miró fijo, buscando una grieta. Amelia le sostuvo la mirada con esa calma de quien lleva años recogiendo vidrios rotos del piso, y eso lo enfureció más, porque no encontró nada.

—Si me entero de que sabías algo —dijo, acercándose—, te juro que el día libre te lo doy permanente. Y no precisamente de este trabajo.

Amelia no parpadeó.

—¿Necesita algo más, señor?

Maldita vieja.Le dieron ganas de zarandearla, pero zarandear a la servidumbre no le iba a devolver a su esposa. Salió dando un portazo.

Llegó a la clínica Velasco sin cita y sin paciencia.

Pasó por encima de la recepcionista, ignoró a la enfermera que intentó detenerlo y abrió la puerta de la oficina del director de un empujón. Ángel estaba detrás del escritorio, revisando unos papeles, y ni siquiera levantó la voz cuando lo vio entrar.

—Señor Castro. No recuerdo haberlo agendado.

—¿Dónde está?

—¿Dónde está quién?

—No te hagas el pendejo conmigo. —Alberto puso las dos manos sobre el escritorio y se inclinó—. Mi esposa se fue con mi hija. Y justo te apareces tú, el doctorcito que se cree salvador, metiéndote en mi matrimonio. ¿Crees que soy estúpido?

Ángel dejó el bolígrafo sobre la mesa, sin apuro.

—Creo que es un hombre cuya esposa se fue. Eso no me convierte a mí en culpable.

—Te voy a destruir. ¿Me oyes? Tengo amigos que pueden cerrar esta clínica en una semana. Puedo hacer que pierdas tu licencia, tu apellido, todo. Y si le pusiste un dedo encima a lo que es mío...

—¿O qué? —Ángel se levantó despacio, sin alzar la voz, sin un solo músculo tenso en la cara—. Adelante. Llame a sus amigos. Cierre la clínica. Pero escúcheme bien una sola vez, Castro.

Se acercó hasta quedar frente a él, separados apenas por el escritorio.

—No le tengo miedo. Ni a usted, ni a sus amigos, ni a su apellido. Y si tuviera a su esposa escondida en algún lado, eso usted no lo sabría jamás.

A Alberto se le subió la sangre a la cara. Apretó los puños hasta sentirse las uñas en la palma. Quería partirle la cara, dejarlo en el piso, pero algo en la quietud de ese hombre lo detuvo, esa manera de mirarlo sin miedo que él no sabía manejar porque todos, todos, siempre le habían tenido miedo.

—Esto no se queda así.

—Salga de mi oficina —dijo Ángel, volviendo a sentarse—. O llamo a seguridad y le doy a la prensa una foto suya muy interesante.

Alberto salió, y por dentro hervía, porque por primera vez en años se había topado con una pared que no se doblaba.

Catalina lo estaba esperando en el estudio de la mansión cuando volvió.

Servida una copa, las piernas cruzadas, esa expresión de estar haciéndole un favor al mundo con solo respirar.

—Te ves espantoso —dijo a modo de saludo—. ¿Hace cuánto no duermes?

—No estoy de humor, madre.

—Nunca lo estás. —Bebió un sorbo—. Siéntate. Tenemos que hablar de la campesina.

Alberto se sirvió un trago sin sentarse.

—La voy a encontrar.

—¿Para qué?

La pregunta lo agarró desprevenido.

—¿Cómo que para qué? Es mi esposa.

—Era. —Catalina dejó la copa—. Una mujer que se va dos veces no se queda nunca. Se te escapó delante de las narices, con la niña, y ahora la andas buscando como un perro detrás de una perra en calor. Es patético, Alberto. Los Castro no somos patéticos.

—No sabes de lo que hablas.

—Sé perfectamente. Te casaste con esa muerta de hambre porque te calentaba la cama y te hacía sentir poderoso. Te entiendo, era joven y dócil. Pero ya no es dócil, y una mujer que aprendió a no tenerte miedo no te sirve para nada.

Alberto se tomó el trago de golpe.

—Lo que necesitas —siguió ella, bajando la voz a ese tono práctico que usaba para los negocios— es divorciarte. Limpio, rápido, con tus abogados. Te consigues una mujer decente, de buena familia, una que sepa estar callada y sonreír en las fotos. Y de paso te da el heredero que esa otra no fue capaz de darte.

—No.

—Alberto...

—Dije que no. —Estrelló el vaso contra la mesa—. Cynthia es mía. La saqué del barrio, la vestí, le di un apellido, una casa, una hija. Es mía hasta que yo decida lo contrario, y no lo he decidido.

Catalina lo miró largo, sin inmutarse por el vaso ni por el grito.

—Como quieras —dijo al fin, levantándose—. Pero piénsalo bien. Porque te conozco. Y sé que no la quieres de vuelta para amarla.

—No empieces.

—La quieres de vuelta para que pague. —Caminó hacia la puerta y se detuvo con la mano en el marco—. Y los hombres que buscan venganza en lugar de buscar paz terminan perdiéndolo todo.

Alberto se quedó solo en el estudio, con los nudillos blancos sobre la mesa y el corazón golpeándole en los oídos. Su madre tenía razón en una cosa, y solo en una: no la quería de vuelta para amarla.

Sacó el celular y marcó.

—Soy yo —dijo cuando contestaron—. Olvídate de los peajes. Quiero todo sobre Ángel Velasco. Dónde vive, a dónde va, qué propiedades tiene la familia. Todo. Ese hijo de puta sabe dónde está mi esposa.

Y antes de colgar, sonrió por primera vez en cuatro días.

1
ysabel cecilia contreras
Ay dios es que me imagino pidiéndole que lo mate en la operación 🤭🤭🤭
Mercedes Estacio
esta historia no esta lejos de la triste realidad de muchas mujeres, de mi mismo que pude salir a tiempo de ese infierno y salvaguardar a mis hijos ahora ya son todos unos hombres criados con respeto y valores hacia el ser humano Dios le bendiga escritora por esta historia
ysabel cecilia contreras
ayyy no me va dar un infarto
ysabel cecilia contreras
Dios si está historia la leo en noche no duermo todos mis sentidos están en alerta máxima
ysabel cecilia contreras
Angel cómo doctor debería saber que es indispensable un abordaje de apoyo psicológico
ysabel cecilia contreras
Es un error de madre no mostrar a los hijos que estamos rota , dañada, dolida el causante su padre y por eso no nos entienden hasta que es tarde muy tarde
Zaida Sanchez
es triste como una mujer es sometida🤬x un hombre sin escrúpulos
ysabel cecilia contreras
Diablos qué genero es esta novela de terror por qué hasta yo estoy golpeada y aterrorizada tenía que sacarla del país. Ella debió registrar todo su maltrato diablos y hacerlo público
BERNARDINA PASTELIN
no jodas....
BERNARDINA PASTELIN
que fuerte!!!
Lucy alejo
es tu deber pinche desgraciado 😡
Lucy alejo
muy buena la historia 👌
Lucy alejo
maldito desgraciado! no demuestres miedo Cinthia que eso lo alimenta más a él no te dejes humillar más defiendete !
Lucy alejo
doctor luche por ella sacala de ese infierno yo sé que usted puede !
Lucy alejo
alguien que me pase un palo para reventarle en la cabeza a este poco hombre!!, solo un ser sin corazón aprovecha la enfermedad de su hija para su propio beneficio 😡
Lucy alejo
yo creo que ningun padre quisiera escuchar que su hijo o hija tiene esa enfermedad, pero espero que todo salga bien ya basta de tanto sufrimiento 🥺
Lucy alejo
algo tiene la nena y Ángel lo sabe
Lucy alejo
un error guardar el celular pero veremos qué pasa en esta grandiosa historia
Lucy alejo
que tristeza me da , necesita mucha ayuda profesional para superar todo lo que ha vivido no puede seguir así y lo tiene que hacer por la nena más que nada🥺
Lucy alejo
que bueno que escapó de ese infierno ojalá no la encuentre nunca
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