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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1.

Valentina

Llegué a París cuando tenía catorce años.

Mi madre decía que era demasiado joven para perseguir un sueño tan grande, pero jamás intentó detenerme. Al contrario, se convirtió en mi representante legal y en mi mayor apoyo. Siempre estuvo a mi lado, acompañándome a castings, sesiones de fotos y desfiles.

Nuestra relación era maravillosa. Éramos madre e hija, pero también mejores amigas.

Había desfilado para algunas marcas importantes y, poco a poco, mi carrera comenzaba a crecer. Vivía en un hermoso apartamento en el distrito XVI, cerca del Trocadéro. Desde los enormes ventanales de mi habitación podía contemplar una de las vistas más hermosas de París, con la Torre Eiffel iluminándose cada noche sobre los tejados de la ciudad.

A veces todavía me parecía increíble.

Debía admitir que gran parte de todo aquello se lo debía a mis padres. Siempre habían apoyado cada uno de mis sueños, incluso cuando significaban estar a miles de kilómetros de casa.

Aquella tarde, mi madre me recogió después de una sesión de fotos.

Apenas subí al automóvil, dejé caer la cabeza contra el asiento.

—Estoy agotada.

Ella soltó una pequeña risa.

—Lo sé, cielo. Pero esta noche tienes una fiesta importante.

Abrí los ojos.

—¿En serio?

—Muy en serio. Dejé un vestido en tu apartamento. Quiero que lo uses.

—Mamá...

—No empieces.

—Estoy cansada.

—Y aun así vas a ir.

La miré con resignación.

—Eres terrible.

—Soy tu madre. Es diferente.

Sonreí.

No tenía muchas ganas de asistir, pero sabía que tenía razón. En mi trabajo, las fiestas, los eventos y las relaciones sociales también formaban parte de la profesión.

Cuando llegamos a casa, me cambié y dormí un par de horas.

Después me arreglé y fui a la fiesta.

El lugar estaba lleno de personas conocidas, música, copas y flashes.

Sonreía cuando las cámaras apuntaban hacia mí, posaba cuando me lo pedían y saludaba a personas cuyos nombres probablemente olvidaría al día siguiente.

Estaba acostumbrada.

Pero aquella noche no me estaba divirtiendo demasiado.

Hasta que una voz masculina apareció a mi lado.

—No está tan mal, ¿no?

Giré la cabeza.

Había un hombre junto a mí.

Era apuesto.

Muy apuesto.

Lo primero que llamó mi atención fue su barba perfectamente cuidada. Aunque el lugar estaba bastante oscuro, podía distinguir sus facciones marcadas y aquella sonrisa que parecía demasiado segura de sí misma.

Sonreí.

—Depende de cuánto hayas bebido.

Él soltó una carcajada.

—Bueno... Creo que eso ya es un problema.

Aquella respuesta me hizo reír.

Empezamos a hablar.

No sé cuánto tiempo pasó.

La conversación fluyó con una facilidad que me sorprendió. Teníamos gustos parecidos, metas similares y una extraña cantidad de cosas en común.

Era encantador.

Demasiado encantador.

—¿Cómo te llamas? —pregunté finalmente.

Me dijo su nombre.

Gael.

No sé por qué ese nombre se quedó grabado en mi cabeza.

Seguimos hablando.

Después llegaron los besos.

Sus labios encontraron los míos y, por un momento, olvidé todo lo demás.

La música.

Las cámaras.

La gente.

París.

Todo.

Aquella noche ambos habíamos bebido más de la cuenta y dejamos que la atracción hiciera el resto.

Terminamos en mi apartamento.

Y, al amanecer, cuando abrí los ojos, estaba sola.

Me incorporé de golpe.

Miré a mi alrededor.

—¿Gael?

Nada.

Me levanté y recorrí el apartamento.

La sala estaba vacía.

La cocina también.

El baño.

Nada.

Sentí una extraña presión en el pecho.

Había desaparecido.

Así, sin decir nada.

Busqué mi teléfono.

Habíamos intercambiado números la noche anterior, así que le escribí.

¿Te fuiste?

Esperé.

Nada.

Volví a escribirle.

¿Hice algo malo?

Tampoco respondió.

Fue entonces cuando abrí la nevera y encontré una pequeña nota pegada en la puerta.

La tomé entre mis dedos.

Solo decía:

Lo siento. No puedo.

Fruncí el ceño.

—¿No puedes qué?

Aquellas tres palabras me dejaron mucho más confundida que su desaparición.

Durante el resto del día intenté convencerme de que no me importaba.

Pero sí me importaba.

Mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Finalmente dejé de escribirle.

Quizás simplemente me había utilizado.

Una noche.

Eso era todo.

Y lo peor era que nunca antes me había sucedido algo así.

Me molestó.

Me dolió.

Y, sobre todo, me hizo sentir estúpida.

Pasaron tres meses.

Tres meses en los que no volví a saber absolutamente nada de Gael.

Aquella noche estaba en una terraza con mi mejor amiga, Alejandra.

Habíamos estado hablando durante horas, riéndonos y compartiendo unas copas.

—Vámonos —me dijo ella, mirando la hora.

Negué con la cabeza.

—Quédate un poco más.

—No. Estoy cansada.

—Yo quiero quedarme.

Alejandra suspiró.

—Está bien. Pero ten cuidado.

—Lo tendré.

La vi marcharse.

Yo me quedé un rato más con otras personas.

No imaginaba que aquella decisión cambiaría mi vida.

Cerca de las dos de la madrugada salí del lugar.

El aire frío de París me golpeó el rostro.

Caminé sola por la calle mientras revisaba mi teléfono.

Entonces tuve una sensación extraña.

Como si alguien me estuviera observando.

Levanté la mirada.

Nada.

Seguí caminando.

Unos segundos después miré discretamente hacia atrás.

Había un hombre.

Venía caminando en mi misma dirección.

Me detuve.

Él también.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

Continué caminando.

Esta vez un poco más rápido.

Escuché sus pasos detrás de mí.

También aceleró.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

No mires atrás.

Pero lo hice.

Seguía ahí.

Ahora estaba mucho más cerca.

Mi respiración se volvió irregular.

Busqué mi teléfono dentro del bolso.

Mis dedos temblaban.

Intenté desbloquearlo, pero estaba tan nerviosa que se me cayó.

—Mierda...

Me agaché para recogerlo.

Cuando levanté la mirada, el hombre estaba cruzando la calle.

Venía directamente hacia mí.

El miedo se apoderó de mi cuerpo.

Eché a correr.

No pensé.

Solo corrí.

Me metí entre los automóviles que circulaban por la avenida, escuchando bocinas y gritos.

—¡Señorita!

No sabía quién había gritado.

No me detuve.

Solo quería alejarme.

Quería llegar a algún lugar donde hubiera gente.

Quería estar a salvo.

Entonces escuché un estruendo.

Un vehículo frenó de golpe.

Intenté esquivarlo, pero sentí un impacto brutal en el hombro.

—¡Ah!

Caí al suelo.

El dolor me atravesó el brazo.

Por un instante no pude respirar.

Todo comenzó a dar vueltas.

Escuché voces.

Pasos.

Una sirena.

—¡Policía! ¡No se mueva!

Intenté incorporarme, pero el cuerpo no me respondía.

—¿Dónde está? —pregunté desesperada—. ¿Dónde está el hombre?

Un agente se colocó frente a mí.

—Tranquila. Está a salvo.

—¿Está aquí?

Miré desesperadamente hacia atrás.

No lo vi.

Eso me aterrorizó todavía más.

—Me estaba siguiendo...

Mi voz se quebró.

—Creo que quería hacerme daño.

El agente intercambió una mirada con su compañero.

—Vamos a sacarla de aquí.

Me ayudaron a ponerme de pie.

Mis piernas temblaban.

Mientras me alejaban de la calle, miré una última vez hacia la multitud.

No había nadie.

Pero yo sabía lo que había sentido.

Aquellos pasos.

Aquella mirada.

Aquella sensación de que alguien estaba detrás de mí.

Y, desde que llegué a París, sentí miedo de estar sola.

No sabía quién me había seguido.

No sabía por qué.

Y mucho menos imaginaba que aquello no había sido más que el comienzo.

Montenegro

Valentina Montenegro, 25 años

1
Liliana Torres
😡😡 que triste saber que tienes un papá asi de 🐀
Yadira Alvarez
cambiaste la portada ?
Isabel Balbuena
yo digo que Thiago está detrás de todo esto
Isabel Balbuena
ya vaya que lo hace es millonario y trabaja como custodio eso es raro algo esconde muy grande
Viviana Maldonado
solo espero a Valentina se quede con Gael
Viviana Maldonado
el padre de Valentina duerme con alejandra.est tratará de destruir a Valentina al igual q su padre,son dos basura ellos
Viviana Maldonado
me juego es el padre q favorece la amiga de ella
Liliana Torres
ese enemigo es muy muy cerca
Yadira Alvarez
hayyyy en la mejor parte me quede enganchada 🤦
Liliana Torres
Se va a complicar todo 😡😡
Isabel Balbuena
sospecho que es Thiago el que estubo contigo en París y que es el quien está queriendo hacerle daño a tu y Agus padres
Yadira Alvarez
me.encanta 🥰
Liliana Torres
se esta armando el rompe cabeza
Liliana Torres
se está armando
Mariela Alejandra Gonzalez
mmmm!!! para mí que don Augusto está metido en algo turbio y debe algo y para cobrarle quieren. a valentina.nose me parece a mí.
Ichuu
Es muy raro que sepa exactamente donde están siempre es alguien muy cercano
Liliana Torres
me gusta
Viviana Maldonado
buenísimo!! comenzar a leer y quiero más de esta historia
👑🖤📚
wry cuando esta mujer le va a reclamar lo de PARIS!???
Mariela Alejandra Gonzalez
pero con mucho gusto dejo que me cuides!!!!
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