Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 8: A oscuras
Capítulo 8: A oscuras
La biblioteca permaneció completamente a oscuras.
Seo-yeon seguía sujetando el brazo de Ji-ho.
Podía escuchar su propia respiración.
—¿Qué pasó? —susurró.
—No lo sé.
Ji-ho sacó su teléfono y encendió la linterna.
La luz iluminó apenas una parte del pasillo.
—Quédate aquí.
—Ni loca.
—Seo-yeon...
—No voy a quedarme sola en la oscuridad.
Ji-ho la miró durante unos segundos.
Finalmente suspiró.
—Entonces quédate conmigo.
Caminaron lentamente entre las estanterías.
El silencio era extraño.
—¿Crees que alguien apagó las luces a propósito? —preguntó Seo-yeon.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque esa puerta no se cerró sola.
Seo-yeon tragó saliva.
—¿Y si todavía está aquí?
Ji-ho se detuvo.
—Por eso tienes que estar cerca de mí.
Ella levantó la mirada.
—No necesito que me protejas.
—No dije que no pudieras protegerte.
—Entonces ¿qué dijiste?
Ji-ho sonrió ligeramente.
—Que quiero asegurarme de que estés bien.
Seo-yeon se quedó callada.
Por alguna razón, aquella frase consiguió tranquilizarla.
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Llegaron hasta la puerta de emergencia.
Ji-ho intentó abrirla.
Nada.
—Está cerrada.
—¿También?
—Sí.
Seo-yeon miró alrededor.
—Esto ya no parece una coincidencia.
Ji-ho asintió.
—Estoy de acuerdo.
De repente, escucharon pasos.
Ambos se quedaron quietos.
Los pasos se acercaban.
Uno.
Dos.
Tres.
Seo-yeon apretó el brazo de Ji-ho.
La persona pasó frente a la puerta.
Solo pudieron ver una sombra.
Ji-ho salió rápidamente.
—¡Espera!
Los pasos comenzaron a correr.
Ji-ho fue detrás.
—¡Ji-ho!
Seo-yeon corrió tras él.
Pero cuando llegaron al pasillo principal, no había nadie.
Solo una ventana abierta.
Ji-ho miró hacia afuera.
—Se escapó.
Seo-yeon respiró profundamente.
—¿Quién era?
—No lo sé.
Ji-ho volvió hacia ella.
—¿Estás bien?
—Sí.
Él observó su rostro.
—Estás temblando.
—Tengo frío.
—Claro.
Se quitó su chaqueta y se la puso sobre los hombros.
Seo-yeon lo miró.
—No hace falta.
—Déjala.
Ella bajó la mirada.
—Gracias.
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Finalmente, las luces volvieron.
El director apareció acompañado por un profesor.
—¿Qué ocurrió?
Ji-ho explicó lo sucedido.
Cuando mencionó la carpeta, el director cambió ligeramente de expresión.
—¿Qué carpeta?
Seo-yeon miró a Ji-ho.
La carpeta había desaparecido.
—Estaba aquí —dijo ella.
El director negó con la cabeza.
—No hay ningún archivo con ese nombre en esta biblioteca.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—Pero nosotros lo vimos.
El director se quedó callado.
Ji-ho lo observó atentamente.
—¿Usted sabía que existía?
—No sé de qué están hablando.
Se marchó.
Ji-ho esperó hasta que desapareció.
—Está mintiendo.
Seo-yeon asintió.
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Al salir del instituto, comenzó a llover.
Ji-ho abrió su paraguas.
—Te acompaño.
—Puedo ir sola.
—Ya sé.
—Entonces...
—Pero quiero acompañarte.
Seo-yeon suspiró.
—Está bien.
Caminaron en silencio.
Después de unos minutos, ella habló.
—¿Tu madre realmente murió en un accidente?
Ji-ho apretó ligeramente la mandíbula.
—Eso es lo que me dijeron.
—¿Y tú no lo crees?
—Antes sí.
—¿Ahora?
Él la miró.
—Ahora no sé qué creer.
Seo-yeon bajó la mirada.
—Mi padre conoce algo de esa historia.
Ji-ho se detuvo.
—¿Qué?
—Encontré una fotografía en mi casa. Él estaba con tu madre.
Ji-ho se quedó inmóvil.
—¿Puedes enseñármela?
—No la tengo.
—¿Dónde está?
—Desapareció.
Ji-ho cerró los ojos por un instante.
—Entonces alguien está intentando borrar las pruebas.
Seo-yeon lo miró.
—¿Crees que nuestros padres hicieron algo?
—No lo sé.
—¿Y si sí?
Ji-ho la miró directamente.
—Entonces encontraremos la verdad.
Seo-yeon sintió que aquella promesa era más seria de lo que parecía.
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Esa noche, Ha-rin recibió una llamada.
—¿La carpeta sigue desaparecida?
Ella permaneció en silencio.
—No puedes seguir ocultándolo.
Ha-rin apretó el teléfono.
—No estoy ocultando nada.
—Sabes perfectamente qué ocurrió aquella noche.
La llamada terminó.
Ha-rin miró una fotografía escondida dentro de un cajón.
En ella aparecían cuatro adultos.
Entre ellos estaban los padres de Ji-ho y los padres de Seo-yeon.
Ha-rin susurró:
—Lo siento, Ji-ho.
Pero alguien más estaba escuchando detrás de la puerta.
Y esa persona había oído cada palabra.