Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.
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EPISODIO 23: LA VOZ EN LA OSCURIDAD
LA VOZ EN LA OSCURIDAD
El segundo amanecer en la Frontera Norte trajo consigo una tormenta de nieve, pero dentro de la cabaña, el clima era tropical.
Zarek había perdido la mente. O al menos, eso era lo que Rhyne pensaba mientras estaba enterrado hasta el cuello en una montaña de mantas, almohadas y pieles de lobo que el Mariscal había arrastrado de cada rincón de la casa.
—Zarek, por favor... —gimió Rhyne, intentando moverse, pero el peso de las mantas y el cuerpo sólido de su Alfa lo mantenían atrapado—. Me estoy asfixiando.
—No te muevas —ordenó Zarek, su voz un gruñido grave y vibrante contra el oído de Rhyne.
El Mariscal estaba pegado a su espalda, con un brazo pesado y posesivo cruzado sobre el vientre ligeramente hinchado del omega. Su nariz estaba enterrada en la glándula scent de Rhyne, inhalando y exhalando en un ritmo constante, marcándolo una y otra vez con su aroma a cedro y tormenta eléctrica.
—Tu cuerpo está construyendo el nido —explicó Zarek, besando la nuca de Rhyne, sus labios calientes contra la piel sensible—. Las hormonas del embarazo te están pidiendo calor y seguridad. Yo te doy ambas cosas.
Rhyne suspiró, rindiéndose al instinto. Era verdad. Desde que había despertado, una necesidad primitiva y abrumadora de anidamiento lo había consumido. Sus pechos estaban hinchados y dolorosamente sensibles, rozando contra la tela de su camisa con cada respiración. Sus feromonas a leche y miel estaban tan saturadas que el aire de la cabaña era espeso, dulce y embriagador.
Zarek deslizó su mano grande y fría bajo la camisa de Rhyne, posando la palma directamente sobre su vientre. El contraste térmico hizo que Rhyne arqueara la espalda, soltando un jadeo suave.
—Está muy activo hoy —murmuró Zarek, sus ojos grises oscureciéndose con una mezcla de asombro y posesividad absoluta—. Siente mi frío. Le gusta.
—Zarek... —susurró Rhyne, girando la cabeza para buscar los labios de su pareja.
Zarek lo besó. Fue un beso lento, profundo y cargado de una reverencia que hacía que el corazón de Rhyne se acelerara. Sin el nudo biológico activado, la intimidad entre ellos se basaba en la paciencia y la adoración. Zarek lo trataba como si fuera de cristal, como si llevara el tesoro más valioso del Guideverse en su vientre.
Pero la paz duró poco.
Desde la esquina de la habitación, un sonido metálico y agudo rompió el momento.
Rhyne y Zarek se separaron. Zarek gruñó, un sonido puramente Alfa y territorial, al ver a Cassian tambaleándose cerca de la chimenea. El Sujeto 02 tenía la mano izquierda apretada contra su sien, y la luz azul bajo su piel había subido por su brazo, llegando hasta su cuello.
—Cassian... —dijo Rhyne, intentando levantarse del nido.
—¡Quédate ahí! —ladró Zarek, empujándolo suavemente pero con firmeza de vuelta contra las almohadas. El Mariscal se levantó, desenfundando su rifle con un movimiento fluido—. Cassian, aléjate de mi pareja.
Cassian levantó la vista. Sus ojos de ceniza estaban inyectados en un azul brillante, antinatural.
—No... no puedo... —jadeó Cassian, cayendo de rodillas—. La voz... ya no está en mi cabeza. Está en mis huesos.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA DE SINCRONIZACIÓN】
-【FRAGMENTO EN SUJETO 03: 80% DE ACTIVIDAD】
-【FRAGMENTO EN SUJETO 02: CONEXIÓN ESTABLECIDA】
-【ADVERTENCIA: RESONANCIA EN CADENA DETECTADA】
Rhyne sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío. Se llevó ambas manos al vientre.
No era náuseas. No era el peso del embarazo.
Era un tirón.
Un latido rítmico, frío y metálico, que resonaba en su propio abdomen. Rhyne abrió los ojos de par en par, mirando a Zarek con horror.
—Zarek... —susurró Rhyne, su voz temblando—. El bebé.
Zarek se giró al instante, el rifle olvidado en el suelo. Se arrodilló junto al nido, sus manos grandes cubriendo el vientre de Rhyne. Sus ojos grises se abrieron con un terror puro.
—¿Qué le pasa? ¿Está bien? —La voz de Zarek se quebró, el Alfa intocable reducido a un padre aterrorizado.
—No me duele —dijo Rhyne, las lágrimas comenzando a caer por sus mejillas—. Pero... lo escucha, Zarek. El cachorro... está escuchando la voz del Núcleo.
El silencio en la cabaña fue sepulcral.
La voz del Nexus Prime no solo estaba controlando a Elian. No solo estaba corrompiendo a Cassian. Estaba usando la conexión biológica del lazo invertido y la sangre compartida para llegar al feto. Estaba intentando reclutar a la siguiente generación antes de que naciera.
—¡No! —rugió Zarek.
El Mariscal soltó una explosión de feromonas Alfa tan densa y gélida que las ventanas de la cabaña se escarcharon en un segundo. Su instinto de protección se disparó, ciego y letal. Se inclinó sobre Rhyne, cubriendo su vientre con su propio cuerpo, como si pudiera bloquear la voz con su físico.
—¡Sal de su cabeza! —gritó Zarek al aire, sus colmillos completamente extendidos, sus ojos brillando con una furia divina—. ¡Si lo tocas, te arrancaré el alma!
—Zarek, no sirve de gritarle... —sollozó Cassian desde el suelo, apretando los dientes mientras la luz azul le cubría la mitad del rostro—. Está usando el ADN de Rhyne como puente. El bebé... el bebé es el receptor perfecto.
Rhyne sintió otro tirón en su vientre, más fuerte esta vez. Una punzada de dolor agudo.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA CRÍTICA】
-【FETO: FRECUENCIA CARDÍACA ANÓMALA】
-【DETECCIÓN DE INTRUSIÓN NEURAL EN EL HUÉSPED SECUNDARIO】
-【TIEMPO RESTANTE PARA LA DETONACIÓN DEL NÚCLEO: 36 HORAS】
—¡No! —gritó Rhyne, aferrándose a la camisa de Zarek—. ¡No voy a dejar que lo toque!
Rhyne cerró los ojos y buscó el lazo invertido. Lo encontró, brillante y fuerte, anclándolo a Zarek. Pero también sintió el otro hilo, más fino, más frágil, que lo conectaba a la pequeña vida dentro de él.
—Elian... —llamó Rhyne, su voz resonando en la habitación.
El niño, que había estado durmiendo en un rincón, se despertó de golpe. Sus ojos dorados estaban llenos de pánico.
—¡Hermano! —gritó Elian, llevándose las manos a la cabeza—. ¡La voz está usando al bebé! ¡Dice que si no abrimos la puerta, va a quemar al cachorro desde adentro!
Zarek soltó un rugido que sacudió los cimientos de la cabaña. Se levantó, tomando a Rhyne en brazos junto con las mantas del nido.
—Nos vamos —dijo Zarek, su voz gélida y mortal—. Si el núcleo está aquí, lo sacaremos de él. Cassian, carga al niño.
—¿A dónde vamos? —jadeó Cassian, levantándose con dificultad y cargando a Elian en su espalda.
Zarek miró a Rhyne, sus ojos grises brillando con una determinación que prometía sangre y fuego.
—Al centro de la tormenta —dijo Zarek—. A la Torre del Consejo. Si el Núcleo quiere al bebé, que venga a buscarlo. Pero le prometo a Rhyne... que lo haré pagar con cada gota de su existencia.
Rhyne apoyó la cabeza en el pecho de Zarek, escuchando el latido furioso de su corazón. El bebé dio una patada suave, un recordatorio frágil de la vida que luchaba por sobrevivir en medio de la guerra.
—Te creo, mi Alfa —susurró Rhyne, cerrando los ojos mientras Zarek los sacaba a la nieve.
Pero en la oscuridad de su mente, una voz suave, antigua y hambrienta, susurró:
"Ya es demasiado tarde, pequeño fénix. La semilla ya está plantada."