Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Festival de la cosecha 3
La primera prueba comenzó.
Los participantes tomaron los pequeños sacos y se prepararon frente a los tarros.
—¡Tres!
—¡Dos!
—¡Uno!
—¡Ahora!
Los sacos salieron disparados.
Los tarros comenzaron a caer uno tras otro.
Pero antes de que los demás competidores siquiera terminaran de lanzar sus primeros sacos, Fitzroy ya había derribado todos los suyos.
Silencio.
Un segundo después, la plaza explotó en aplausos.
—¡Ganó!
—¡El duque Fitzroy!
—¡Qué precisión!
—¡Increíble!
Fitzroy permaneció tranquilo.
Para él, aquello no había sido complicado.
No le importaban demasiado los aplausos ni lo que la gente pensara.
Pero entonces buscó a Caroline entre la multitud.
La encontró sonriendo.
Aplaudiendo.
Incluso gritando emocionada.
—¡Eso fue increíble!
Fitzroy sintió algo cálido en el pecho.
[Le gustó.]
Y, de pronto, aquella pequeña victoria dejó de parecerle tan insignificante.
[Es casi como ganar una batalla.]
Sonrió apenas.
La segunda prueba comenzó poco después.
Los enormes sacos de trigo fueron colocados en la línea de partida.
Fitzroy miró el suyo.
[Esto será todavía más sencillo.]
A unos metros estaba el conde Kraft.
Fitzroy recordó la primera prueba.
El conde habia quedado en segundo lugar.
[Entonces será segundo otra vez.]
El organizador dio la señal.
Los competidores comenzaron a arrastrar los sacos.
Fitzroy avanzó.
Rápido.
Muy rápido.
Sus años de entrenamiento en las montañas habían hecho que aquel esfuerzo físico le resultara prácticamente insignificante.
El saco avanzaba por el suelo mientras Fitzroy mantenía un ritmo constante.
Kraft iba detrás.
Por un momento, Fitzroy lo vio acercarse.
Entonces decidió acelerar.
[Tiene que haber una diferencia considerable]
Tiró con más fuerza.
Avanzó.
Y dejó atrás al conde por una distancia considerable.
La multitud comenzó a gritar.
—¡Vamos!
—¡Fitzroy!
—¡El duque está ganando!
Cuando cruzó la línea de llegada, los aplausos volvieron a escucharse.
Kraft llegó poco después.
Había hecho un excelente tiempo.
Pero la diferencia era evidente.
Fitzroy levantó la mirada.
Y nuevamente encontró a Caroline.
Ella estaba hablando con una mujer que se encontraba a su lado.
—Es impresionante
decía Caroline
—¡Es realmente sorprendente!
Fitzroy escuchó perfectamente.
Y esta vez ni siquiera intentó ocultar su orgullo.
[Así que piensa que soy impresionante.]
Se acomodó tranquilamente la ropa.
[Con solo dos pruebas.]
Una sonrisa casi imperceptible apareció en sus labios.
[¿Qué pensará cuando me conozca realmente?]
La idea le agradó demasiado.
Llegó la tercera prueba.
Las manzanas.
Los participantes se colocaron frente a los árboles preparados especialmente para la celebración.
El organizador explicó las reglas una última vez.
—No se permite utilizar magia. Deben recoger las manzanas utilizando únicamente sus habilidades.
Fitzroy observó los árboles.
[Al menos esto requiere algo de técnica.]
Sonrió ligeramente.
Había pasado años entrenando.
Escalar.
Saltar.
Mantener el equilibrio.
Moverse rápidamente por terrenos difíciles.
Todo aquello formaba parte de su entrenamiento como duque de las montañas.
Además desde que era un niño, su abuelo le habia enseñado a levantarse una y otra vez, aunque a veces era su abuelo quien los lanzaba de los arboles, él era el menor de los tres primos, pero habia sufrido por la brutalidad de su abuelo por años.
Así que cuando comenzó la prueba, Fitzroy se movió con precisión.
Una manzana.
Otra.
Otra.
Saltó.
Tomó otra.
Se apoyó en una rama.
Giró.
Otra manzana.
Los espectadores comenzaron a gritar.
—¡Está volando!
—¡Miren al duque!
—¡Qué rápido!
Fitzroy no prestaba atención.
Solo quería terminar.
Y terminó.
Mucho antes que los demás.
El conde Kraft fue el segundo.
Los demás competidores todavía estaban recogiendo las últimas manzanas.
Incluso uno de ellos no consiguió sacar ninguna.
Cuando finalmente terminó la prueba, el organizador levantó las manos.
—¡El ganador absoluto de las tres pruebas es...!
La gente comenzó a gritar antes de que terminara.
—¡DUQUE FITZROY!
Los aplausos llenaron la plaza.
Fitzroy respiró tranquilamente.
Luego miró las ramas.
[En realidad, no era tan sencillo.]
Había requerido equilibrio, velocidad y técnica.
Pero jamás lo admitiría.
Había ganado.
Y eso era lo importante.
Entonces volvió a mirar a Caroline.
Ella estaba completamente feliz.
Y Fitzroy sintió nuevamente aquella extraña satisfacción.
[Definitivamente valió la pena venir.]
Después de la competencia llegó la ceremonia de premiación.
Una joven noble se acercó llevando una pequeña corona de flores.
Era delicada, hecha con flores de distintos colores.
La muchacha sonreía nerviosamente.
—Su Gracia...
Fitzroy la miró.
Ella se acercó para colocarle la corona.
Pero él tomó la corona antes de que pudiera hacerlo.
—Gracias.
La joven quedó paralizada.
—Yo...
Fitzroy sostuvo la corona en una mano.
—Gracias
Nada más.
Ni siquiera había reparado realmente en ella.
La joven regresó junto a sus acompañantes, bastante decepcionada.
Fitzroy simplemente sostuvo la corona.
Entonces escuchó una voz conocida.
—¡Su Gracia!
Se giró.
Caroline se acercaba.
Sonreía.
—Debe lucir su triunfo.
Fitzroy la miró.
—¿Mi triunfo?
—Claro.
Caroline señaló la corona.
—No puede quedarse sosteniéndola en la mano.
Fitzroy bajó la mirada hacia ella.
—No es necesario.
—Sí lo es.
Caroline extendió las manos.
—Déjemela.
Fitzroy dudó.
Luego le entregó la corona.
Cuando sus dedos se rozaron, ambos se quedaron quietos por un instante.
Fue apenas un contacto.
Unos segundos.
Pero Caroline retiró ligeramente la mano.
Sus mejillas se habían puesto rojas.
Fitzroy lo notó inmediatamente.
[Está nerviosa.]
Y, por alguna razón, eso le gustó.
Caroline levantó la corona.
—Incline un poco la cabeza.
Fitzroy obedeció.
Eso sorprendio a sus soldados muchísimo.
Ella se acercó y colocó cuidadosamente la corona sobre su cabello blanco.
Cuando terminó, sonrió.
—Ahora sí.
Fitzroy levantó la mirada.
Caroline estaba frente a él.
Y por primera vez durante todo el festival, el duque no pudo mantener aquella expresión fría y distante.
Sonrió.
Una sonrisa verdadera.
Pequeña, pero completamente sincera.
Caroline se quedó mirándolo.
[Es todavía más guapo cuando sonríe.]
Pero no fue la única que lo notó.
Los habitantes de la plaza comenzaron a murmurar.
—¿El duque sonrió?
—¿Sonrió de verdad?
—Nunca lo había visto sonreír.
El conde Kraft también lo observó.
Y comprendió algo.
Durante toda la competencia había visto al duque serio, concentrado y prácticamente inexpresivo.
Pero ahora...
Ahora estaba sonriendo.
Y solo lo había hecho cuando Caroline le puso la corona.
Kraft miró a Caroline.
Luego al duque.
Y comenzó a entender algo que quizá el propio Fitzroy todavía no quería aceptar.
Caroline, completamente ajena a todo aquello, sonrió orgullosa.
—Le queda muy bien.
Fitzroy tocó ligeramente la corona.
—¿Sí?
—Sí.
—Entonces la conservaré.
Caroline sonrió.
—Me alegra.
Fitzroy la observó unos segundos.
La plaza seguía llena de aplausos.
Los niños corrían alrededor.
La música había vuelto a comenzar.
El conde Kraft felicitaba al duque.
Los demás competidores también lo hacían.
Pero Fitzroy apenas prestaba atención.
Porque en aquel momento había algo que le importaba mucho más.
Caroline estaba a su lado.
Y había sido ella quien había colocado la corona sobre su cabeza.
El duque jamás lo habría dicho en voz alta, pero estaba orgulloso.
Había ganado las tres pruebas.
Había recibido los aplausos de todo el pueblo.
Y, sobre todo...
[Quiero que esta corona se quede exactamente donde ella la puso.]
Fitzroy sonrió nuevamente.
Y Caroline, al verlo, sonrió también.
Ninguno de los dos sabía todavía que aquella pequeña corona de flores terminaría siendo uno de los recuerdos favoritos del duque de hielo.
🥲