Ella se casa por contrato con un empresario frío (CEO). Él la ignora, la traiciona y la desprecia.
Un día, decide irse sin decir una sola palabra.
Cuando él descubre que ella era la mente detrás de todo lo que hacía crecer la empresa… ya es demasiado tarde.
Su regreso será rápido, triunfal y absolutamente satisfactorio.
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Capítulo 14
Letícia.
Ella no tenía idea de que Lívia se había casado.
Y mucho menos con Henrique Montenegro.
El aeropuerto estaba concurrido aquella mañana. Lívia esperaba con gafas de sol y postura elegante, pero el corazón le latía acelerado. Letícia no era solo su amiga, era la única persona que conocía toda su trayectoria, incluso la creación de la multinacional de tecnología que pocos sabían que Lívia comandaba.
Cuando Letícia surgió por la puerta de desembarque, sonriendo y arrastrando su maleta, el abrazo fue inmediato.
—Desapareciste de mi vida y no me contaste nada, ¿verdad? —bromeó Letícia, aún sin imaginar el tamaño de la verdad.
Lívia sonrió, pero había tensión en su mirada.
—Tengo muchas cosas que contarte…
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Hugo Martins terminaba una reunión en el Grupo Montenegro.
Vicepresidente de la empresa, mano derecha de Henrique y su mejor amigo desde la facultad, Hugo era conocido por su postura firme e inteligencia estratégica. Lo que pocos sabían era que mantenía una relación discreta y estable desde hacía años.
Con Letícia.
Así que salió de la reunión, tomó el celular y llamó.
—Amor, ¿ya llegaste? —su voz se suavizó inmediatamente.
Del otro lado de la línea, Letícia sonreía dentro del coche al lado de Lívia.
—Sí, ya llegué. Estoy con una amiga… después te veo.
Hugo frunció levemente el ceño.
—¿Amiga? No sabía que tenías a alguien aquí tan cercana.
—La vas a conocer —respondió ella, animada.
Lívia, al oír parte de la conversación, se congeló por un segundo.
—¿Todavía estás con ese novio misterioso que nunca muestra foto? —preguntó, intentando parecer casual.
Letícia rió.
—Misterioso nada. Él es vicepresidente del Grupo Montenegro. Vive enterrado en el trabajo.
El mundo pareció detenerse por un segundo.
Lívia mantuvo el rostro neutro.
—¿Grupo… Montenegro?
—Sí. ¿Lo conoces?
—Un poco —respondió, controlando cada respiración.
Horas después, Henrique estaba en su sala cuando Hugo entró sin tocar, como siempre hacía.
—Letícia volvió hoy —comentó Hugo, apoyándose en la mesa.
Henrique alzó la mirada.
—¿Aquella que estuvo años en Europa?
—Ella misma. Quiero que la conozcas bien esta vez.
Henrique asintió, sin imaginar lo que estaba a punto de suceder.
Aquella noche, Letícia insistió en una cena.
—Quiero presentarlos oficialmente —le dijo a Hugo por teléfono.
Hugo sonrió.
—Perfecto. Voy a buscarte a las ocho.
Cuando el coche negro se estacionó frente a la mansión Montenegro, Hugo aún no sabía dónde estaba entrando.
La puerta se abrió.
Quien apareció fue Lívia.
Las miradas se cruzaron.
Reconocimiento.
Choque.
Silencio.
Letícia salió justo detrás, animada.
—Hugo, esta es mi mejor amiga, Lívia.
Hugo se quedó inmóvil por dos segundos que parecieron eternos.
Él conocía aquel apellido.
Y conocía aquella dirección.
Antes de que cualquier explicación pudiera surgir, Henrique apareció en el vestíbulo.
Los cuatro quedaron frente a frente.
La tensión era palpable.
Letícia, inocente, sonrió.
—Espera… ¿ustedes ya se conocen?
Y fue en aquel instante que todos percibieron que el juego estaba a punto de cambiar.
Porque ahora no era solo un matrimonio por interés.
Ni solo una traición escondida.
Era una red de relaciones peligrosamente conectadas.
Y nadie estaba preparado para lo que vendría a continuación.