En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.
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Capítulo 6: Sombras entre la noche
La lluvia no dejó de caer durante toda la noche.
Mientras la mayoría de los estudiantes dormía, la barrera mágica que protegía la Academia Real Arcana emitió un leve resplandor azul.
Nadie lo notó.
Nadie... excepto Yoselin.
Ella abrió los ojos de golpe.
Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo.
Tomó su espada y salió de su habitación sin hacer el menor ruido.
Al llegar al patio principal, levantó la vista hacia el cielo.
La enorme barrera que rodeaba la academia estaba siendo golpeada desde el exterior.
Una...
Dos...
Tres veces.
No eran ataques lo bastante fuertes para destruirla.
Era como si alguien estuviera comprobando qué tan resistente era.
Yoselin cerró los ojos.
—Ya nos encontraron...
En otra parte del castillo, los cinco reyes permanecían reunidos con el director de la academia.
Frente a ellos flotaba un mapa mágico del continente.
Sobre él aparecían pequeños puntos negros acercándose lentamente hacia la academia.
El rey del Reino del Fuego golpeó la mesa.
—No tenemos tiempo.
La reina del Reino del Agua habló con preocupación.
—Si descubren que los sellos de nuestras hijas se están debilitando...
El rey del Reino Supremo terminó la frase.
—Vendrán por ellas.
El silencio llenó la sala.
Nadie quería pronunciar el nombre del enemigo.
Porque hacerlo significaba aceptar que la antigua guerra estaba por comenzar otra vez.
A la mañana siguiente, Daniel encontró a Yoselin observando el bosque desde una de las terrazas.
Había enormes ojeras bajo sus ojos.
Era evidente que no había dormido.
—¿Pasó algo?
Ella negó con tranquilidad.
—Solo pensaba.
Daniel no quedó convencido.
—Mientes muy mal.
Yoselin soltó una pequeña risa.
—¿Eso crees?
—Sí.
Siempre dices que todo está bien, pero tus ojos dicen otra cosa.
Ella guardó silencio.
Hacía mucho tiempo que nadie era capaz de leerla con tanta facilidad.
—Si algún día necesitas ayuda...
Puedes contar conmigo.
Por primera vez desde que se conocieron, Daniel no hablaba como un príncipe.
Hablaba como alguien realmente preocupado.
Yoselin sintió que su corazón se estremecía por un instante.
Pero dio un paso atrás.
—Gracias...
Aunque espero no tener que hacerlo.
Daniel sintió una extraña decepción.
Cada vez que intentaba acercarse a ella...
Yoselin levantaba un muro invisible.
Aquella noche, cuando todos creían que la academia dormía, seis figuras caminaron en silencio hacia el bosque.
Las cinco princesas.
Y León.
Yoselin los esperaba junto a un lago oculto.
El agua reflejaba la luz de la luna como si fuera un enorme espejo.
—A partir de hoy entrenaremos aquí.
Solo ustedes y yo sabremos de estas clases.
Aurora miró alrededor.
—¿Por qué en secreto?
Yoselin respiró profundamente.
—Porque ya no es seguro que los demás sepan cuánto están creciendo sus poderes.
León frunció el ceño.
—¿Corremos peligro?
Ella lo miró directamente.
—Sí.
Los seis quedaron en silencio.
—Hay personas que harán cualquier cosa por obtener el poder que duerme dentro de ustedes.
No importa si deben mentir, manipular o incluso matar para conseguirlo.
Por eso necesito que aprendan más rápido de lo que había planeado.
Elisabeth dio un paso al frente.
—Entonces no nos contengas más.
Enséñanos todo.
Yoselin sonrió con orgullo.
Era exactamente la respuesta que esperaba escuchar.
Las siguientes horas fueron las más difíciles desde que comenzaron a entrenar.
Aurora aprendió a controlar pequeñas llamas sin quemarse.
Maya consiguió levantar agua directamente del lago.
Flora hizo brotar raíces del suelo.
Brisa creó una corriente de viento tan fuerte que las hojas comenzaron a girar a su alrededor.
León volvió a sentir aquella luz dorada en sus manos.
Esta vez permaneció durante varios segundos.
Pero quien más sorprendió a Yoselin fue Elisabeth.
Al extender sus manos aparecieron dos energías completamente opuestas.
Una luz plateada iluminó el bosque.
Al mismo tiempo, una oscura niebla comenzó a rodearla.
Las dos fuerzas chocaban entre sí.
Yoselin comprendió que el sello estaba cediendo mucho más rápido de lo esperado.
De repente, Elisabeth perdió el control.
Una explosión de energía sacudió todo el lago.
Las olas crecieron varios metros.
Los árboles comenzaron a doblarse.
León cayó al suelo.
Aurora y Maya apenas lograron mantenerse en pie.
Yoselin apareció frente a Elisabeth en un instante.
La abrazó con fuerza.
—¡Respira!
—¡No puedo...!
—¡Sí puedes!
La joven cerró los ojos.
Poco a poco la energía comenzó a desaparecer.
Cuando todo terminó, Elisabeth rompió a llorar.
—Tengo miedo...
Yoselin acarició suavemente su cabello.
—Lo sé.
Pero mientras yo siga aquí...
Nadie permitirá que ese poder te controle.
Las demás princesas se acercaron para abrazarla.
León también.
Por primera vez, ya no se sentían solos.
Eran una familia.
Una familia unida por un mismo destino.
Sin que ninguno de ellos lo supiera, dos personas observaban desde lo alto de un acantilado.
Valeria y Selene.
La hechicera sonrió con satisfacción.
—Así que era cierto...
Selene cruzó los brazos.
—La instructora los entrena en secreto.
—Debemos avisar a nuestro amo.
Valeria no apartó la vista de Yoselin.
—No.
Aún no.
Primero quiero descubrir quién es realmente esa mujer.
Porque nadie domina los cinco elementos...
A menos que sea la persona que llevamos años buscando.
Muy lejos de allí, en el Reino del Vacío, una figura envuelta en sombras abrió lentamente los ojos.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Al fin encontré a la Heredera de los Cinco Elementos...
Y cuando la capture...
El mundo entero se arrodillará ante mí.