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LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hombre lobo / CEO
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤

Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.

Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.

¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 – Un desayuno lleno de mentiras

El sol apenas comenzaba a iluminar la mansión Moretti cuando Valeria abrió los ojos.

Había dormido muy poco.

La fotografía, el pañuelo rojo y el extraño símbolo no habían dejado de dar vueltas en su cabeza durante toda la noche.

Se levantó lentamente, se vistió con un elegante conjunto color crema y recogió su cabello en una coleta baja.

Al bajar las escaleras, un delicioso aroma a café recién hecho inundó el ambiente.

—Buenos días, señora —saludó Ernesto con una amable inclinación de cabeza.

—Buenos días, Ernesto.

—¿Pudo descansar?

Valeria sonrió con cortesía.

—Digamos que lo intenté.

El mayordomo comprendió de inmediato que aquella respuesta escondía muchas cosas.

—El desayuno ya está servido.

Cuando llegó al comedor, Adrián ya estaba sentado revisando unos documentos mientras bebía café.

Ni siquiera levantó la vista.

—Buenos días.

—Buenos días.

Valeria tomó asiento frente a él.

Una empleada comenzó a servir frutas, pan recién horneado y jugo natural.

—Gracias —dijo Valeria con una sonrisa.

La joven se sorprendió.

No estaba acostumbrada a que alguien de la familia le agradeciera.

Cuando salió del comedor, Adrián habló sin apartar la vista de los papeles.

—Todos te quieren.

Valeria levantó una ceja.

—¿Eso te molesta?

—No.

—Entonces, ¿por qué lo decís?

Él dejó la carpeta sobre la mesa.

—Porque en solo dos días lograste que los empleados confíen en vos.

—¿Y eso es un problema?

—Depende.

—¿De qué?

—De las intenciones de cada persona.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Qué forma tan triste de vivir.

Adrián no respondió.

Para él, desconfiar era una necesidad.

Para Valeria, era una forma de perderse lo mejor de las personas.

Mientras desayunaban, Isabella entró al comedor.

—Buenos días.

Los dos se pusieron de pie por respeto.

—Mamá.

—Señora Moretti.

Isabella sonrió.

—¿Todavía me vas a decir "señora"?

Valeria sonrió con timidez.

—Perdón... todavía me estoy acostumbrando.

—Podés llamarme Isabella.

—Gracias... Isabella.

La mujer tomó asiento junto a ellos.

Durante algunos minutos conversaron sobre temas cotidianos.

Era la primera vez desde la boda que el ambiente parecía tranquilo.

Hasta que Isabella hizo una propuesta inesperada.

—Esta noche tendremos una cena familiar.

Adrián dejó los cubiertos sobre el plato.

—No estaba al tanto.

—Lo decidió tu padre.

Valeria notó el cambio inmediato en la expresión de Adrián.

Era evidente que la relación con su padre no era sencilla.

—¿Vendrán todos? —preguntó él.

—Sí.

Hubo un breve silencio.

Isabella dirigió la mirada hacia Valeria.

—Será una buena oportunidad para que conozcas oficialmente a toda la familia Moretti.

Valeria respondió con una sonrisa amable.

—Será un gusto.

Pero por dentro sintió un extraño presentimiento.

Después del desayuno, Valeria decidió recorrer sola una parte de la mansión.

Había tantos pasillos que todavía se perdía con facilidad.

Mientras caminaba, escuchó unas risas provenientes de una habitación.

La puerta estaba entreabierta.

Asomó apenas la cabeza.

Dos empleadas intentaban acomodar unos enormes arreglos florales.

Una de ellas perdió el equilibrio.

Antes de caer, Valeria entró rápidamente y la sostuvo del brazo.

—¿Estás bien?

—Sí... muchas gracias.

—Esas flores pesan muchísimo.

—Son para la cena de esta noche.

Valeria dejó las flores sobre una mesa.

—¿Puedo ayudarlas?

Las dos mujeres se miraron sorprendidas.

—¿Usted?

—Claro.

Durante casi media hora acomodó centros de mesa, dobló manteles y hasta ayudó a colocar algunas velas.

Las empleadas no podían creer que la nueva señora de la casa trabajara junto a ellas sin hacer diferencias.

Sin que Valeria lo notara, alguien observaba la escena desde el pasillo.

Era Adrián.

Cruzado de brazos, permanecía en silencio.

Ernesto apareció a su lado.

—Se parece mucho a la señora Isabella cuando era joven.

Adrián no respondió.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, sintió que aquella enorme mansión parecía un poco menos fría desde la llegada de Valeria.

Sin embargo, ambos ignoraban que, muy cerca de la propiedad, alguien los observaba a través del lente de una cámara fotográfica.

Después de tomar varias imágenes de la mansión, el desconocido sonrió.

—Por fin te encontré...

El hombre bajó lentamente la cámara fotográfica.

Permanecía oculto entre los árboles, desde donde podía observar parte de la propiedad Moretti sin ser visto.

Vestía completamente de negro y llevaba una gorra que ocultaba su rostro.

Sacó un teléfono celular del bolsillo.

—La encontré.

Del otro lado de la línea hubo unos segundos de silencio.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

El hombre volvió a mirar la mansión.

—Ya está viviendo con los Moretti.

—No hagas nada todavía.

—¿La sigo vigilando?

—Sí... pero no permitas que ellos descubran que estamos cerca.

La llamada terminó.

El desconocido guardó el teléfono y desapareció entre los árboles.

Mientras tanto, dentro de la mansión, Valeria terminaba de acomodar las últimas flores.

—Muchísimas gracias por ayudarnos, señora —dijo una de las empleadas.

—No tienen que agradecerme. Entre todos el trabajo siempre termina más rápido.

Las dos jóvenes sonrieron.

Era imposible no tomarle cariño.

Cuando Valeria salió de la habitación, encontró a Ernesto esperándola en el pasillo.

—Señora.

—¿Sí?

—El señor Adrián la espera en la biblioteca.

—Gracias.

La biblioteca era una de las habitaciones más elegantes de la casa. Miles de libros cubrían las paredes y una enorme chimenea decoraba el ambiente.

Adrián estaba de pie, mirando por la ventana.

—¿Querías hablar conmigo?

Él giró lentamente.

—Esta noche quiero pedirte algo.

—Depende de qué sea.

—Mi familia puede hacer preguntas incómodas.

Valeria sonrió con ironía.

—¿Y querés que mienta?

—Quiero que respondas solo lo necesario.

Ella caminó hasta quedar frente a él.

—¿Tan mala es tu familia?

—No.

—Entonces, ¿por qué me advertís?

Adrián guardó silencio unos segundos.

—Porque algunos de ellos no aceptaron este matrimonio.

Valeria sintió un pequeño nudo en el estómago.

—¿Y qué esperan?

—Encontrar un motivo para demostrar que no pertenecés a esta familia.

Ella sostuvo su mirada.

—Lástima para ellos...

No vine a ganarme su aprobación.

Adrián no pudo evitar una leve sonrisa.

—Imaginé que dirías algo así.

Valeria lo observó con sorpresa.

—¿Te acabás de reír?

Él volvió inmediatamente a su expresión seria.

—No.

—Sí lo hiciste.

—Lo imaginaste.

Ella negó divertida.

—Sos imposible.

—Vos tampoco sos fácil.

Por primera vez desde la boda, ambos compartieron un instante tranquilo.

No era amistad.

Mucho menos amor.

Pero la tensión entre ellos parecía disminuir poco a poco.

Al caer la tarde, la mansión comenzó a llenarse de movimiento.

Los empleados terminaban los preparativos para la gran cena.

Valeria subió a su habitación para cambiarse.

Sobre la cama encontró varias cajas de distintas marcas.

Todas contenían vestidos de diseñador.

Una pequeña nota decía:

"Elegí el que más te guste."

No tenía firma.

Valeria sonrió.

Sabía perfectamente quién las había enviado.

Aunque jamás lo admitiría.

Después de unos minutos eligió un elegante vestido negro con detalles dorados.

Sencillo, pero sofisticado.

Cuando bajó las escaleras, varias empleadas quedaron admiradas.

—Está preciosa...

Ernesto sonrió orgulloso.

En ese momento apareció Adrián.

Vestía un impecable traje negro.

Al verla, se quedó inmóvil durante unos segundos.

Valeria levantó una ceja.

—¿Qué pasa?

Él reaccionó enseguida.

—Nada.

—Entonces dejá de mirarme.

—Solo verificaba que estuvieras lista.

Ella sonrió con picardía.

—Claro... era eso.

Antes de que Adrián pudiera responder, la enorme puerta principal se abrió.

Varios automóviles de lujo comenzaron a ingresar a la propiedad.

Los primeros invitados habían llegado.

Ernesto anunció con voz firme:

—La familia Moretti ya está aquí.

Valeria respiró profundamente.

Sin saber por qué, sintió que aquella noche cambiaría muchas cosas.

Mientras avanzaban hacia el gran salón para recibir a los invitados, una elegante mujer descendió de uno de los vehículos.

Llevaba un vestido rojo intenso y una sonrisa tan perfecta como falsa.

Al ver a Valeria, la observó de pies a cabeza con evidente desprecio.

Luego, acercándose a Adrián, lo abrazó con demasiada confianza.

—Primo... pensé que podías elegir una esposa mejor.

Valeria sonrió con absoluta calma.

No respondió.

Pero Adrián sí.

Con voz firme y sin apartar la vista de su prima, dijo:

—Tené cuidado con tus palabras, Camila.

Porque acabás de hablar de mi esposa.

El silencio invadió el salón.

Y por primera vez...

Adrián había salido en defensa de Valeria delante de toda su familia.

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