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A Merced Del Magnate Cruel.

A Merced Del Magnate Cruel.

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:2.3M
Nilai: 4.9
nombre de autor: brida cruz

En la víspera de su boda, Anastasia solo esperaba una noche de risas con sus amigas en su despedida de soltera. Sin embargo, una decisión impulsiva la lleva a cruzar la línea de lo prohibido. Embriagada por la emoción y el deseo de sentirse libre por última vez, despierta al día siguiente en la habitación de un hombre que no debería siquiera rozar en sus sueños.

Él no es un desconocido cualquiera: Damián Volkov, un magnate temido por su crueldad, un hombre sin piedad que jamás perdona una traición. Un depredador que la ve como una presa que entró por voluntad propia a su propio juego.

Lo que comenzó como un plan se convierte en una obsesión peligrosa. Entre amenazas, secretos y una atracción que no debería existir, Anastasia descubrirá que una sola noche puede cambiarlo todo: su futuro, su matrimonio… y hasta su vida.

Porque Damián no solo es un magnate Cruel también es el medio hermano de su prometido y ella está enmedio de una guerra.

NovelToon tiene autorización de brida cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un cara a cara por primera vez.

El hombre se ajusta el traje con absoluta calma, sin apartar la mirada de mí.

No parpadea.

No se disculpa.

No parece sorprendido.

—Medio hermanos —dice, con esa voz ronca y profunda que me eriza la piel.

—Sabes que yo te considero un hermano —responde René, forzando una serenidad que no le pertenece.

—Pero no lo somos —replica él.

La sonrisa que se le dibuja es mínima.

Apenas una curva en los labios.

Pero está cargada de algo que no sé nombrar… y que no quiero reconocer.

René se mueve incómodo.

Nunca lo había visto así.

No frente a socios.

No frente a su padre.

Ante nadie.

—Tengo que irme. Hay asuntos importantes que atender —dice el recién llegado, acomodándose los puños de la camisa.

—No te vayas, hermano —le pide René, casi sin darse cuenta.

El otro le dedica una mirada fría, distante.

Luego gira el rostro hacia mí.

—¿Es muda? —pregunta, con ironía.

Me levanto de inmediato. La sangre me hierve.

El impulso es más fuerte que el miedo.

Él sonríe de medio lado.

Como si hubiera esperado exactamente esa reacción.

—Solo está nerviosa —interviene René, apresurado.

El hombre asiente con una falsa comprensión..

Da un paso atrás y pregunta, como quien no quiere la cosa:

—¿Y qué le ocurrió en el cuello, señorita?

No espera respuesta.

No necesita verla.

Se da la vuelta y se marcha con la misma arrogancia con la que llegó.

Lo hizo a propósito.

Quería que lo reconociera.

Quería comprobar si yo lo recordaba.

—Se fue —dice René, regresando—. Y, bueno… ¿quién no lo haría? Lo mirabas con odio.

Se acerca y me levanta el mentón para observar mi cuello.

Me aparto de golpe.

—Llévame a mi casa.

Camino hacia la salida.

Al abrir la puerta, lo veo otra vez.

Está con la madre de René.

—Gracias por todo —digo, conteniendo el temblor en la voz.

—¿Ya te vas? —pregunta ella con amabilidad ensayada—. ¿No te quedarás?

—No creo que sea lo correcto.

René llega a mi lado.

—En dos días se casan. Vivirás aquí —insiste ella—. No veo el problema.

—Tengo cosas que hacer —respondo con educación.

—Hoy todos tienen cosas que hacer —dice René, mirándome con una mezcla extraña de ironía y decepción.

Damián camina hacia un auto oscuro.

Un hombre le abre la puerta.

Él entra sin mirar atrás.

Recién entonces noto que la madre de René tiene los ojos húmedos.

—¿Discutiste con él? —pregunta René en voz baja.

—¿Cómo podría discutir con alguien que ni siquiera me dirige la palabra? —responde ella—. Me odia.

Se encierra en la casa con pasos cansados.

René suspira.

—Vamos, te llevo.

Y por primera vez entiendo algo que siempre quise ignorar:

incluso las familias que parecen perfectas están rotas.

El trayecto es silencioso.

El motor del auto es el único sonido.

Cuando llegamos, tomo el picaporte, pero René me sujeta del brazo.

Me besa.

Es un beso breve.

Tibio.

Vacío.

No siento nada.

La sensación que solía amar cada que nuestros labios se unían desaparecio.

Respondo solo por costumbre.

—Gracias por traerme —murmuro, bajando del auto.

Camino hacia la casa.

Abro la puerta.

Estoy por subir las escaleras cuando noto una figura sentada frente a la chimenea.

—¿Papá? —pregunto, extrañada.

Me acerco.

Está recostado en el sofá.

Inmóvil.

El corazón se me acelera.

—¡Papá! —lo sacudo—. ¡Papá!

No responde.

—¡Celia! —grito—. ¡Llama a una ambulancia!

Mi madrastra y Yajaira bajan corriendo.

—¿Qué pasa ahora? —pregunta ella, irritada.

Busco su pulso con manos temblorosas.

—¡Amor, respóndeme! —solloza mi madrastra.

Yajaira está pálida.

Paralizada.

La ambulancia llega rápido.

Los paramédicos lo suben a la camilla.

—Pulso débil.

Estoy por subir con él cuando mi madrastra me empuja.

—Yo soy su esposa. Iré yo.

Los veo alejarse.

Subo corriendo por mi bolso y salgo a la calle.

Pido un taxi.

Nunca tuve coche porque a René no le gustaba que manejara… aunque sé hacerlo perfectamente.

El hospital huele a desinfectante y angustia.

Ahí están: mi madrastra, Yajaira… y René.

—¿Dónde estabas? —me reclama—. Fui por ti.

—Tomé un taxi.

—¿Por qué no me esperaste?

—No tenía cabeza mi padre es lo único que me pmporto.

El médico aparece.

—Familiares del señor Joel Lincoln.

—Soy su esposa —dice mi madrastra—. Ella es su hija —señala a Yajaira.

—Soy su hija —digo, firme.

El médico asiente.

—¿Quién lo encontró?

—Yo.

—Eso le salvó la vida. Sufrió un infarto. Llegó a tiempo.

Las lágrimas me queman.

—¿Por qué ocurrió?

—Ya tenía diagnóstico previo. Es su segunda intervención… esta fue más grave.

Miro a mi madrastra, furiosa.

—¿Por qué no me lo dijeron?

—No todo gira en torno a ti.

—¡Es mi padre!

René me rodea con los brazos.

—No querían preocuparte…

—Tiene problemas económicos —interviene ella—. Pero tú nunca ayudas.

—¿Puedo verlo? —pregunto al médico.

—Yo entraré —dice ella.

Entonces otro médico aparece.

—¿Anastasia Lincoln?

—Yo.

—Su padre pidió verla. Está consciente.

Mi madrastra me sujeta del brazo.

—Ese derecho es mío.

Me suelto.

—No me importa —digo—. Es mi padre.

Y camino hacia la habitación.

1
Zaiduvi perez guerra
me encantó la novela, trama que se desarrolla rapida
Lisimar Tovar
Por fin algo gracioso 🤣🤣🤣🤣🤣 corre perra, coooorreeee!!! 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Lisimar Tovar
Yo siendo ella le celebro en la cara😏😏😏😏😏😏
Lisimar Tovar
Nunca estuvo embarazada 😒😒😒
Lisimar Tovar
Damián lo que tiene que hacer es ir a un psicólogo, porque lo que está es traumado por lo que pasó su papá y medio hermano 😏😏😏😏😏😏
Lisimar Tovar
Si no la quiere cerca de René y sabe que René no va a perdonar oportunidad, para que la lleva donde está él??? y la otra mongólica en vez de darle un parado a René de una buena vez... 😒😒😒😒
Lisimar Tovar
Niiiiña, mándalo a freír monos 😒😒😒😒
Lisimar Tovar
Aaaahhhh, lo que le dijo el papá, que no firmara nada y ella le firmó algo a Darío sin leer 🤦🏽‍♀️🤦🏽‍♀️🤦🏽‍♀️🤦🏽‍♀️
Katy Andreina Bravo
10 de 10
Lisimar Tovar
Noooo amiga, por ahí no es. Si el tipo fue capaz de levantarle la mano... por ahí no es
Lisimar Tovar
Ay chiiiamo!!! 😯😯😯😯
Andrea Meza
me desespera esta mujer. sigo leyendo solo con la esperanza que se despavile.
Andrea Meza
me carga esta protagonista. parece una marioneta
Cecy Castorena Castorena
lo estoy leyendo porque cuando empiezo con algo lo tengo que terminar eres la segunda escritora que con solo leer una novela tevabandono no me gusta que escribas tantas vueltas y no logres aterrizar tienes que pensar mas en el propósito de tu novela el como empiezo cuál va a ser la trama como desarrollarla y darle un final sin tant a vuelta
Maureen D. Caviedes
pero dies la herencia Volkov sería del padre de Damián, me confundí hay
Maureen D. Caviedes
por fin pensó esta mujer
Leticia V
felicidades
Maria Orleyda Bizcaino Leon
bonita historia!/Kiss/
Ffgh Sfgh
qué protagonista más estupida qué reaccione pronto ya está cansona
Maureen D. Caviedes
fue lo mejor que te paso
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