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Solo Nosotros Dos

Solo Nosotros Dos

Status: En proceso
Genre:Yaoi
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: luana figueroa

Dos hombres, un amor inmenso y el sueño de ser papás. Él es un hombre trans, y juntos llevarán a su bebé en el corazón y en el vientre. No importa lo que digan los demás: esta familia se construye solo nosotros dos.

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Solo nosotros dos Capítulo 23: El regalo del tiempo

Pasaron los meses y llegó el cumpleaños número doce de Luca. Esa vez no hicieron una fiesta grande: solo fueron ellos tres, más los abuelos y los amigos más queridos, en el jardín, bajo la sombra del árbol que ya era alto y fuerte. Pero lo que más emocionó a Mateo y a Lucas no fue la torta ni los regalos: fue ver a Luca llegar con una cajita pequeña en las manos, y dársela a ellos.

—Es para los dos —dijo, con una sonrisa seria y tierna a la vez—. Porque todo lo que tienen es lo que me hicieron a mí.

Al abrirla, encontraron dos pulseras sencillas, hechas a mano con hilos de colores. En una estaba grabado «Valiente», y en la otra «Mi hogar».

—Las hice en el taller de la escuela —explicó Luca—. Valiente eres tú, papá Mateo, por todo lo que luchaste para ser quien eres. Y mi hogar son los dos, siempre.

Mateo sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, y abrazó a su hijo con todas sus fuerzas. Lucas puso la pulsera en su muñeca, y luego la de Mateo, y las apretó suavemente.

—Es el regalo más hermoso que hemos recibido nunca —dijo Lucas, con la voz entrecortada—. Gracias, mi amor.

Pero esa semana también trajo una noticia inesperada. Mateo recibió una carta: era de una organización de familias diversas, que quería invitarlo a contar su historia en un encuentro en Montevideo. Al principio dudó mucho.

—¿Tengo que hacerlo? —le preguntó a Lucas por la noche—. Ya no tengo ganas de explicarme, ni de estar en el centro de la atención. Solo quiero estar aquí, con ustedes.

Lucas se sentó a su lado y le tomó la mano.

—No tienes ninguna obligación. Si no quieres ir, no vas. Pero si decides ir, recuerda: no vas a pedir perdón, ni vas a defenderte. Vas a contar lo que viviste, lo que aprendiste, y que es posible ser feliz siendo uno mismo. Y yo estaré ahí, en primera fila, escuchándote.

Luca también lo animó:

—Yo también voy, papá. Quiero escucharte decirlo.

El día del encuentro, el salón estaba lleno: había parejas, familias, jóvenes que miraban con esperanza y otros con miedo. Cuando Mateo subió al escenario, buscó con la mirada a Lucas y a Luca, y al verlos asentir, respiró hondo y empezó a hablar. No contó solo su historia: contó la de ellos dos, la de los miedos, la del embarazo, la de las miradas que dolieron y las que lo abrazaron, la de cómo construyeron su familia sin copiar a nadie.

—La vida no nos da siempre lo que esperamos —dijo al final—, pero nos da lo que necesitamos si nos atrevemos a aceptarlo. Yo soy un hombre trans, soy papá, soy feliz. Y nadie tiene derecho a decirme que eso no es posible. Lo único que hace falta es amor, y alguien que te sostenga la mano cuando el camino se pone difícil.

Cuando terminó, hubo un silencio breve, y luego aplausos fuertes y largos. Muchas personas se acercaron después: una chica joven que quería empezar su transición, un papá que tenía miedo de que su hijo sufriera, una pareja que soñaba con tener un hijo como ellos. A todos les dio las gracias, y les dijo lo mismo:

—Vayan despacio, no se apresuren. Y no se olviden: no tienen que parecerse a nadie, solo tienen que ser ustedes mismos.

Al volver a casa, se sentaron en el porche, cansados pero con el corazón muy lleno.

—¿Te das cuenta de lo que haces? —le dijo Lucas—. Tu historia ayuda a otros a encontrar su propio camino.

—Nuestra historia —corrigió Mateo, apoyando la cabeza en su hombro—. No lo habría hecho solo. Todo lo que soy, todo lo que tengo, es porque tú estuviste ahí desde el primer día. Empezamos solo nosotros dos, y aunque ahora hay mucha gente que nos quiere, el corazón de todo sigue siendo lo mismo: tú y yo, y el amor que nos tenemos.

Esa noche, mientras miraba la pulsera que le había regalado Luca, Mateo supo que el tiempo no le había quitado nada: al contrario, le había dado todo lo que siempre quiso.

1
Brisa Romero
/Grin/
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