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LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un rincón olvidado del Caribe, donde el salitre marca la piel y las olas susurran secretos prohibidos, nace una historia de orgullo, sangre y una pasión indomable. Clara de la Riva es la personificación de la pureza: de piel tan blanca como la espuma del mar y poseedora de un apellido que evoca nobleza. Sin embargo, tras los muros de su decadente mansión, el hambre y la ruina acechan. Su madre, una Condesa que se aferra con uñas y dientes a un título que ya no puede pagar, ve en la belleza de su hija la única salida para recuperar la gloria perdida.
Pero el destino tiene otros planes y llega al puerto bajo el nombre de Luis "Satán". Él es un hombre que no conoce leyes, un marinero de estatura imponente, músculos forjados por la tormenta y manos grandes capaces de dominar el océano. Luis ha crecido sin nombre y sin pasado, cargando con el estigma de ser un "hijo de nadie", mientras se convierte en el dueño absoluto de las rutas comerciales y del respeto —o el terror— de quienes lo ro

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Capítulo 6: Sombras en el Jardín de los Olvidos

La Condesa, con la astucia de quien ha pasado años navegando en las turbulentas aguas de la aristocracia, no tardó en encontrar una excusa para dejarlos a solas. Murmuró algo sobre buscar unos documentos legales en el despacho de su difunto marido y desapareció por el pasillo, dejando tras de sí un rastro de perfume rancio y un silencio que pesaba más que el oro que Luis llevaba en los bolsillos.

Clara se quedó de pie junto a la ventana, donde la luz del atardecer filtraba motas de polvo que bailaban en el aire como diminutos diamantes. No se atrevía a mirar a Luis directamente. La presencia del hombre era como una tormenta contenida en una habitación demasiado pequeña. Podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo incluso a varios pasos de distancia; era un calor que hablaba de soles tropicales y de una vitalidad que ella, en su mundo de porcelana y ruinas, nunca había conocido.

—¿Por qué hace esto, señor Villalobos? —preguntó Clara finalmente, rompiendo el silencio con una voz que intentaba mantener su firmeza habitual, pero que traicionaba una leve vibración—. Pagar nuestras deudas, transformarse de esa manera... ¿Es todo un juego para demostrar que puede comprar incluso la dignidad de una De la Riva?

Luis se levantó del sofá. Sus movimientos eran lentos, deliberados, como los de un depredador que aprende a caminar sobre alfombras. Se acercó a ella, deteniéndose a una distancia que respetaba el decoro pero que permitía que sus sombras se mezclaran en el suelo.

—Usted cree que el dinero lo es todo para mí porque es lo único que el mundo me ha permitido tener —respondió Luis, y su voz era un susurro ronco que le erizó el vello de los brazos a Clara—. Pero se equivoca. He pasado mi vida acumulando riquezas no para ser más que los demás, sino para que dejen de tratarme como a menos. Sin embargo, cuando la vi en el muelle, comprendí que todo mi oro no valía nada si ante sus ojos yo seguía siendo el "demonio" que no merece ni una mirada.

Clara giró el rostro hacia él. Sus ojos azules se encontraron con los oscuros de Luis. Vio en ellos una frustración tan profunda, una sed de aceptación tan humana, que su corazón, habitualmente blindado por el orgullo, sintió una punzada de dolor por él.

—Dijo que me admiraba —murmuró ella, bajando la vista hacia las manos de Luis. Esas manos grandes que ahora sujetaban con delicadeza un pañuelo de seda—. ¿Qué puede admirar un hombre como usted en alguien que no tiene más que una casa que se cae a pedazos y un título que no sirve para pagar el pan?

Luis se atrevió a dar un paso más. Estaba tan cerca que Clara podía oler el sándalo y, muy levemente por debajo, ese aroma a mar y libertad que la seda no lograba ocultar del todo.

—Admiro su valentía, Clara. Admiro que, mientras su madre se oculta tras los escudos de armas, usted se ensucia las manos para sanar a quienes no tienen voz —dijo Luis, y su voz tembló de una pasión que ya no podía reprimir—. Admiro que sea capaz de rechazarme por mis modales, pero de abrazar a un leproso por compasión. Eso es la verdadera nobleza. Y me hace sentir... me hace sentir el hombre más basto del mundo, no por mis ropas, sino por mi alma.

Clara sintió que las lágrimas amenazaban con asomar a sus ojos. Nadie la había visto nunca de esa manera. Para el pueblo era la "niña buena", para su madre era la "moneda de cambio", pero para este hombre salvaje convertido en caballero, ella era algo sagrado.

—Luis... —pronunció su nombre por primera vez, y el sonido de su voz hizo que él cerrara los ojos como si hubiera recibido una caricia—. No soy un ángel. Solo intento hacer lo correcto en un mundo que se desmorona.

—Entonces déjeme ser el cimiento que sostenga su mundo —suplicó Luis, extendiendo una mano, dudando un segundo antes de rozar apenas los dedos de Clara con los suyos. El contacto fue como una descarga eléctrica que les recorrió a ambos—. No le pido que me ame hoy, ni mañana. Solo pido que me permita demostrarle que este "demonio del mar" puede ser el hombre que usted necesita a su lado.

Clara no apartó la mano. Sus dedos blancos se entrelazaron tímidamente con los grandes y fuertes de Luis. El contraste era visualmente impactante: la fragilidad de ella protegida por la inmensidad de él. En ese momento, la mansión en ruinas dejó de importar. Solo existía el latido acelerado de dos corazones que, a pesar de pertenecer a mundos opuestos, habían encontrado un ritmo común.

—Es usted un hombre muy peligroso, señor Villalobos —dijo Clara con una sonrisa triste pero dulce—. Porque me está obligando a cuestionar todo lo que creía saber sobre la decencia y el honor.

—El peligro es lo mío, señorita De la Riva —replicó Luis con una chispa de su antigua picardía marinera en los ojos—. Pero le prometo que el único riesgo que corre conmigo es el de descubrir que, a veces, los demonios son los únicos que saben cómo cuidar a las reinas.

La luz del sol terminó de ocultarse, dejando el salón en una penumbra cómplice. Luis no la besó, aunque el deseo le quemaba las entrañas, pero el compromiso silencioso que se selló en ese apretón de manos fue más fuerte que cualquier contrato. Él iba a ser su caballero, y ella, sin saberlo aún, iba a ser la mujer que terminara de domar al Demonio del Mar, no con cadenas si no con amor.

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Nerika Moreno
Mientras más leo más me confundo 😠
Nerika Moreno
Esa Condesa está loca como rompe esa carta sin leerla, seguro ahí contaba secretos 😞
Nerika Moreno
Ya me perdí¿Quien es hermano de quién? que arroz con mango es ese🤪
Nerika Moreno
Que hermoso 😍 me muero de amor 🥰 quien no quiere un marinero grandote y q te cuide 🤪☺️
Zonia Guzman
El Adrián no creo que sea hijo de el ni la chica
Zonia Guzman
Esta como aburrida
Zonia Guzman
Que enredada pero que no sean hermanos porque entonces???
Liliana García
Tiene que haber gato encerrado, uds no pueden ser hermanos
Liliana García
Entonces son medios hermanos 😪😪😪
Enith García
Y te gustó, que rico!!!!
Enith García
Ese macho te puso a temblar la de abajo🤭
Enith García
Me encanta, buen inicio de obra
Vicenta Peñalver
así es no xq uno venga de abajo los demás valen más w uno todo lo bueno bien del corazón
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