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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Enfermizo / Completas
Popularitas:271.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Él nunca supo que ella lo amaba.
Ella nunca imaginó que terminaría viviendo con él.
Ninguno de los dos esperaba un milagro imposible.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 16

Llevaban tres días en una calma tensa desde el incidente con Federico. Ricardo había pedido disculpas de verdad, no esas disculpas a medias que se dan por compromiso. Mariana lo había perdonado. Pero algo en el aire seguía sin encajar del todo, como una nota musical desafinada que no termina de resolverse.

Ese algo llegó en forma de auto estacionándose frente a la casa un sábado por la tarde.

—¿Tus padres?

preguntó Mariana, asomándose por la ventana.

Ricardo se tensó. Su mandíbula se endureció.

—Dijeron que iban a venir en algún momento. Supongo que este es el momento.

El señor Méndez era un hombre alto, de cabello canoso y mirada severa. La señora Méndez, más pequeña, con el cabello teñido de rubio y una expresión que oscilaba entre la preocupación y la incomodidad. Entraron sin tocar, como si la casa aún les perteneciera aunque apenas la pisaran.

—Hijo

dijo la madre, acercándose a la silla de ruedas para darle un beso rápido en la mejilla.

— Te ves mejor.

—Me veo igual

respondió Ricardo, sin entusiasmo.

—No, estás más delgado

intervino el padre, con un tono que no era cariñoso sino evaluador.

—¿Estás comiendo bien?

—Sí. Mariana cocina.

—Ah, Mariana

la madre la miró como si apenas la estuviera viendo.

— Hija, gracias por cuidarlo. De verdad. No sabes lo que te agradecemos.

—No es necesario que me lo agradezcan

respondió ella, cortés.

— Lo hago porque quiero.

El padre soltó un resoplido.

—Bueno, pues queremos hablar con Ricardo. A solas.

Mariana miró a Ricardo. Él asintió, apenas.

—Está bien

dijo ella.

— Yo voy a la cocina. Si me necesitan, ahí estoy.

En cuanto Mariana cerró la puerta de la sala, el señor Méndez se plantó frente a la silla de ruedas de su hijo.

—Ricardo, nos llamaron del centro de rehabilitación.

—¿Quién?

—El terapeuta. Federico. Dijo que hubo un incidente. Que lo insultaste, que lo amenazaste, que casi lo corres a golpes. ¿Es cierto?

Ricardo sintió cómo la sangre se le subía a la cara.

—No fue así. Él le coqueteaba a Mariana delante de mí. Yo solo…

—¿Solo qué, Hiciste un berrinche?

lo interrumpió el padre.

— ¿Eso es lo que haces ahora, Armar escenas porque tu novia recibe atención?

—¡ese tipo le coquetea en mi cara!

exclamó Ricardo, alzando la voz

— Y no es atención. Es acoso. El tipo no la dejaba en paz.

—Y tú, ¿qué?

dijo la madre, con un tono más suave pero igual de hiriente

— ¿Tú la dejas en paz? Mira cómo la tienes. Dejando su vida, para cuidar de ti. ¿Eso es amor o es egoísmo?

Ricardo se quedó mudo. Las palabras de su madre le entraron como cuchillos.

—No es egoísmo

dijo, pero su voz sonó débil.

—Claro que es egoísmo

insistió el padre, dando un paso al frente

— Mírate. Estás en una silla de ruedas, sin poder caminar, sin poder trabajar, sin poder darle un futuro a nadie. ¿Y qué haces, Aferrarte a ella como una sanguijuela, Eso quieres para ti, Para ella?. Tu deberías estar enfocado en recuperarte no en amores.

—No soy una sanguijuela

susurró Ricardo.

—¿Ah, no? ¿Entonces qué eres? Porque yo veo a una chica que dejó todo por ti, y a ti viéndo a cualquiera que se le acerca. No tienes vergüenza, hijo. Tu enfoque debería ser otro, no juegos de adolescentes y celos

—¡Ya basta!

gritó Ricardo, golpeando el reposabrazos de la silla con el puño.

— No sabes nada de lo que he pasado. ¡No estuviste aquí, Ninguno de los dos estuvo aquí!

—Porque teníamos que trabajar

respondió la madre, con una frialdad que dolía más que cualquier grito.

— Para pagar tus terapias. Para que tengas un techo. Para que no te falte nada. ¿Crees que eso es fácil?

—¿Fácil?

La voz de Ricardo se quebró.

— ¿Ustedes creen que esto ha sido fácil para mí? Despertarme cada día sin poder mover las piernas. Depender de Mariana para todo. Verla cansada, agotada, y no poder hacer nada. Eso no es fácil. Eso es un infierno.

—Pues entonces déjala ir

sentenció el padre.

—Si de verdad la quieres, déjala ir. Porque lo único que vas a hacer es hundirla contigo. Y tú necesitas seguir el tratamiento y recuperarte no enamorarte

El silencio fue absoluto.

Ricardo no pudo responder. No porque no tuviera palabras, sino porque las que tenía se le atragantaron en la garganta. Su padre tenía razón. Eso era lo peor. Tenía razón.

—No quiero hijos así

añadió el padre, como un golpe final.

— No quiero un hijo que se arrastra, que no pelea, que se deja vencer por una silla de ruedas. Un hijo mío debe ser un guerrero. O eso creía.

Ricardo bajó la cabeza. Sus hombros comenzaron a temblar. No de frío. De algo que no sentía desde que era niño, vergüenza. Vergüenza de existir.

Mariana había escuchado todo desde la cocina. Los gritos, los insultos, las palabras que jamás debieron decirse. Cuando el silencio se hizo insoportable, salió.

—Señor Méndez

dijo, con una voz que no temblaba aunque por dentro todo se sacudía.

—Creo que ya es suficiente.

—Esto no es asunto tuyo

respondió él, sin mirarla.

—Es mi asunto porque al que está humillando ahí es el hombre que amo. Y ustedes lo están destrozando.

—Nosotros lo estamos…

—¡Ustedes no estuvieron!

lo interrumpió ella, dando un paso al frente.

— Cuando él despertó del coma, ustedes no estaban. Cuando aprendió a usar la silla, ustedes no estaban. Cuando lloraba por las noches porque no podía caminar, ustedes no estaban. Así que no vengan ahora a decirle cómo tiene que vivir. No se lo merecen.

La señora Méndez abrió la boca para responder, pero su esposo la detuvo con una mano.

—Vámonos

dijo, con una frialdad absoluta.

— Aquí no hay nada que hacer.

Salieron sin despedirse. El portazo resonó en toda la casa.

Mariana se giró hacia Ricardo. Él seguía con la cabeza baja, los hombros hundidos, las manos apretadas sobre el regazo.

—Ricardo…

—Tenían razón

dijo él, sin levantar la vista.

—Soy una sanguijuela. Un estorbo. No sirvo para nada.

—No digas eso.

—¿Por qué? Es la verdad. Mira lo que te he hecho. Dejaste la universidad, dejaste tu vida, tu tiempo. Todo por mí. Y yo… yo no puedo darte nada. Ni un hijo. Ni un futuro. Ni siquiera puedo ponerme de pie para bailar contigo.

—No me importa bailar.

—Pues a mí sí

levantó la cabeza, y sus ojos estaban rojos, llenos de lágrimas que no dejaba caer.

—A mí sí me importa. Quiero ser el hombre que mereces. Y no puedo.

—Déjame ayudarte…

—No

dijo él, moviendo la silla hacia atrás.

— Necesito estar solo.

Subió en la silla elevadora. Llegó a su habitación. Cerró la puerta.

Mariana se quedó abajo, en el silencio de la sala, escuchando cómo se cerraba no solo una puerta, sino también una parte del corazón de Ricardo que tal vez, pensó con angustia, nunca volvería a abrirse.

Esa noche, él no cenó. No respondió a sus llamados. Solo se quedó en la oscuridad, repitiéndose las palabras de su padre una y otra vez.

1
Rocio Garcia
me encantó toda la trama
Rocio Garcia
hermoso de principio a fin 🥰👏
Emilse Baldivieso Quispe
le faltan pslabras cariñosa..
Emilse Baldivieso Quispe
muy bonita pero no se dicen palabras de cariño.
Candelaria Cantillo
Hermosa historia de amor que nace de una amistad según creía él ☺️
Antony May
Hola escritora primera vez que te leeré 🤔pero que te cuesta poner en el capítulo la palabra final por favor,no que tengo que entrar hasta el último capítulo para checar si tiene fina 💜
Emilse Baldivieso Quispe
ella no habia estudiado biologa
Candelaria Cantillo
Éso padres que són una máquina de hacer dinero y para nada tienen que ver con su único hijo
Candelaria Cantillo
Qué chica tan hermosa Mariana 5 años de estar enamorada de este chico idiota Ricardo lo bueno de todo esto es que él nunca la a tratado mal
pipistrela
Hermosa historia, muy interesante y bastante reflexiva... te deja pensando muchísimas cosas... y sobre todo ayuda a replantearse otras tantas... en lo personal este tipo de relatos son los que más me gustan xq te dejan pensando y analizando sobre lo que realmente importa... me encantó y no me canso de releerla cada vez que necesito un tironcito de orejas... 🤗
Mariscal Morin
Siente inseguridad por su condición, peeeero Mariana lo ama con todo su corazón 💞🥰💞🥰💞
Mariscal Morin
Estaba tomado y manejando 😟😟😟😟
Patricia Luna
Que amor, tan sincero el de ambos, me encantó de principio a fin, gracias por regalarnos está hermosa historia. Bendiciones infinitas.
Angela Linares
Exelente todas tus novelas te felicito y mucho éxito en todas las novelas siguientes......🤗😍👍
Candelaria Cantillo
que padres se mandá Ricardo ésa gente le interesa más el dinero que la propia Vida de su hijo da gracias a Mariana que te ama en silencio
Candelaria Cantillo
Excelente comienzo haber que pasa después del accidente
Ingrid Perez
Hermosa historia, te deseo muchísimas bendiciones gracias 🤗😘
Betty Chavez
Que hermosa novela la volvi a leer porque me encanto gracias por escribir tan bonito un abrazo gigante👏👏🥰🥰
hortencia flores
Que hermosa novela gracias escritora ❤️muy buena 👍 Míl bendiciones para ti🙏❤️😍🥰 y muchos éxitos ❤️💕💕💕💕💖💕
Luz Maritza Rodriguez Pinilla
me encanto felicitaciones escritora
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