Sofía Reyes despertó dentro de una novela donde su destino ya estaba escrito.
Era la hermana odiada, la esposa no deseada, la villana descartable que todos iban a culpar. Según la historia original, debía casarse con Leonardo Montero, ser abandonada por él y morir sola después del divorcio.
Pero nadie esperaba un error en el destino.
Leonardo podía escuchar todo lo que ella pensaba.
Sofía solo quería sobrevivir, vengarse de su familia y escapar antes de que el final la alcanzara.
Pero el esposo frío que debía despreciarla empezó a protegerla.
Y cuando ella por fin quiso irse, Leonardo rompió el guion con una sola frase:
—No firmaré el divorcio.
Ahora Sofía tendrá que enfrentarse a una hermana hipócrita, una familia cruel y un destino decidido a destruirla.
Porque si la novela la escribió como villana, ella va a reescribirla como protagonista.
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Capítulo 16
Capítulo 16
La contraofensiva
—Entonces ayúdame a destruirlos —dijo.
Leonardo cerró los ojos al otro lado de la llamada.
No por cansancio.
Para no imaginarla en una bañera después de ver su nombre despedazado por toda la red.
—Dime qué necesitas.
Sofía miró el vapor sobre el agua.
—Tres horas.
—¿Para qué?
—Para que la gente se canse un poco de insultarme y se quede despierta esperando más basura.
Leonardo entendió.
—Vas a publicar de madrugada.
—A las tres. Cuando los chismosos creen que nadie serio responde y los culpables ya se sienten seguros.
—Jurídico estará listo.
—Necesito a Rodrigo.
El silencio de Leonardo duró medio segundo de más.
—¿Para qué?
—Tiene el video del bar.
—Yo puedo conseguirlo.
—Pero él puede hacerlo circular en el mismo lodo donde intentaron hundirme.
Leonardo apretó el teléfono.
—Le llamo.
—No, yo.
Rodrigo contestó al segundo tono.
—Gatita.
—Navarro, si me dices así en una crisis, voy a convertir tu bar en iglesia.
—Qué imagen tan terrible. ¿Qué necesitas?
—El video del privado. Completo. Entrada de Lorena, cliente gris, botella, todo.
Rodrigo rió bajo.
—¿Y qué gano?
—Una pista.
—¿Sobre que?.
—Sobre un negocio de mil millones de pesos que te va a interesar cuando dejes de perseguir fantasmas Montero.
Rodrigo dejó de reír.
—Diez minutos.
El archivo llegó en siete.
A las dos con cincuenta y nueve, Sofía salió de la bañera, se puso una bata, se secó el cabello lo suficiente para no parecer mártir y grabó el primer video con el celular apoyado en una caja de cosméticos.
No lloró.
No pidió perdón.
No explicó su vida.
Miró a la cámara y dijo:
—Como mi cara está de moda, vamos a usarla para algo útil.
Publicó el video de Bar Nocturno.
La grabación mostraba a Lorena Campos cerrándole el paso, al cliente del traje gris extendiendo la mano y a Sofía rompiendo la situación antes de que la situación la rompiera a ella.
El texto fue corto:
Cuando una mujer dice no, no necesita repetirlo para que sea delito.
Dos minutos después, subió el segundo video.
Esta vez la cámara no mostraba más de lo necesario: un acercamiento de su oreja derecha, donde el lunar negro detrás de la oreja era visible; luego una foto antigua de traje de baño recortada hasta la cintura, con otro lunar negro en el lado izquierdo. Después, capturas ampliadas del video falso donde ninguno de los dos rasgos existía.
—Tecnología barata, misoginia cara —dijo Sofía en el video—. La mujer del archivo viral no soy yo. Quien lo fabricó y quien lo difundió va a responder conforme a la Ley Olimpia. Y sí, ya guardé todo.
La red tardó nueve minutos en girar.
Primero llegaron los incrédulos.
Luego los expertos de sillón.
Después una abogada feminista con miles de seguidores explicó que manipular y difundir contenido íntimo con la cara de una mujer también podía perseguirse penalmente.
El comunicado de Grupo Montero salió a las tres con doce.
El departamento jurídico anunció acciones por violencia digital, daño moral, difusión de contenido íntimo manipulado, suplantación de identidad y acoso coordinado contra la señora Sofía Reyes de Montero.
La frase "señora Sofía Reyes de Montero" hizo más por la reputación de Sofía que diez comunicados de su propia familia habrían hecho.
[Mira nada más. Montero me puso apellido corporativo y todo. La señora Montero exige reparación. Casi dan ganas de cobrar regalías.]
Leonardo, que estaba en el auto rumbo a la residencia Reyes, oyó la voz interior por llamada abierta y no corrigió nada.
Rodrigo tampoco se quedó quieto.
Antes de las cuatro, cuentas de entretenimiento que normalmente enterraban escándalos empezaron a publicar el video del bar con subtítulos, análisis de fotogramas y preguntas incómodas sobre Lirio Entertainment.
¿Por qué Lorena Campos estaba en Bar Nocturno?
¿Qué cliente esperaba a Sofía Reyes?
¿Quién filtró el video falso justo después del escándalo de Lirio?
El nombre de Valentina volvió a subir.
El de Joaquín también.
A las seis de la mañana, el video falso ya no era una sentencia.
Era evidencia.
Y Sofía, con ojeras y una taza de café instantáneo, miró el desastre desde el baño como quien ve llover sobre una casa ajena.
—Primera ronda —murmuró—. Mía.
La segunda ronda empezó en La Casona Montero.
Doña Claudia reunió a los mayores de la familia antes del desayuno. Tío Ernesto, dos primos de Fernando, una tía política que siempre olía a perfume caro y desaprobación. Todos habían visto el comunicado. Todos tenían miedo de que el apellido Montero terminara unido para siempre al ruido.
—Hay que cancelar —dijo doña Claudia—. Aunque el video sea falso, esta relación ya está contaminada.
—La muchacha tiene demasiados enemigos —añadió tío Ernesto.
—Y Leonardo no está pensando con claridad —dijo otra voz.
La puerta se abrió.
Leonardo entró.
Todos callaron.
No porque les faltaran opiniones.
Porque Leonardo, cuando no sonreía, recordaba demasiado a don Augusto en sus peores años.
—Continúen —dijo.
Nadie continuó.
Doña Claudia se puso de pie.
—Hijo, esto no es contra ti.
—Es contra mi esposa.
—No es tu esposa todavía.
—Entonces cuiden cómo hablan de mi prometida.
El silencio se endureció.
Doña Claudia llevó una mano al pecho, cerca del lado izquierdo.
Sofía, que había llegado detrás de Leonardo y se había quedado junto a la puerta, lo notó.
[Otra vez ese gesto. Doña Claudia, por favor, deja de fingir que es estrés. En la novela te mueres de cáncer de mama porque nadie te revisa a tiempo y Patricia todavía se atreve a llorarte como hermana del alma. Esta familia entera es un montón de descartables caminando hacia el matadero con zapatos italianos.]
Leonardo se volvió apenas.
La sangre se le enfrió.
Cáncer de mama.
Su madre.
Doña Claudia frunció el ceño.
—¿Por qué me miran así?
La respuesta no llegó.
Porque sus rodillas cedieron.
Leonardo la alcanzó antes de que golpeara el piso.
La sala estalló en gritos.
Sofía ya estaba marcando emergencias.
—Hospital Ángeles Pedregal —ordenó—. Ahora. Y pidan mastografía, ultrasonido mamario y oncología.
Doña Claudia, pálida en brazos de su hijo, abrió los ojos.
—No exageres...
—Tía Claudia, por una vez en su vida, exagere usted también.
El hospital confirmó lo que Sofía no podía saber y sabía.
Un tumor pequeño.
Detectado a tiempo.
Tratamiento posible.
Pronóstico favorable.
Doña Claudia escuchó al médico con la cara de una mujer a quien le acababan de cambiar el piso del mundo.
Leonardo no habló hasta que salieron al estacionamiento.
Sofía caminaba a su lado, agotada, con el cabello mal recogido y la misma bata escondida bajo un abrigo que él le había llevado porque ella salió de Reyes sin pensar en ropa.
—Gracias —dijo él.
Sofía se detuvo.
—No hice nada.
—Sí hiciste.
—No me crea tan buena. Solo no quería que se muriera alguien que todavía puede aprender a no odiarme.
Leonardo la miró mucho tiempo.
Había en ella una determinación feroz de vivir.
Y, debajo, una tristeza que parecía conocer demasiado bien la muerte.
—Gracias —repitió.
Esta vez Sofía no bromeó.
Subieron al auto en silencio.
La ciudad despertaba gris detrás del parabrisas.
Leonardo no arrancó de inmediato.
En su cabeza no dejaba de sonar la voz interior de Sofía:
[Esta familia entera es un montón de descartables caminando hacia el matadero.]