Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 12
La mañana siguiente amaneció gris y fría, como si el cielo se hubiera contagiado del estado de ánimo de Camila. Se despertó con el corazón pesado y los ojos hinchados de tanto llorar. Yogo estaba a su lado, como siempre, moviendo la cola con esa lealtad inquebrantable que solo los perros saben dar.
—Buenos días, mi niño
susurró, acariciando su cabeza dorada
—Hoy empezamos.
Se levantó, se miró en el espejo y se prometió a sí misma que no volvería a llorar. Al menos no hasta que hubiera hecho todo lo posible por cambiar su destino. Norma llegó media hora después, con una bolsa de croissants y café, lista para la batalla.
—¿Cómo amaneciste?
preguntó Norma, dejando la bolsa en la mesa.
—Con determinación
respondió Camila, con una firmeza que sorprendió incluso a ella misma.
Se sentaron en la sala con una libreta y un bolígrafo. Camila comenzó a escribir todo lo que recordaba de la otra vida, los lugares donde Fernando la había seguido, las veces que aparecía cerca de la escuela, los comentarios inapropiados. Norma tomaba notas, haciendo preguntas y armando un mapa mental de los movimientos del acosador.
—¿Sabes dónde vive?
preguntó Norma.
—Sí
respondió Camila
—Rafael me llevó una vez a su apartamento. Es en el edificio Los Álamos, en la calle 14.
—Perfecto
dijo Norma
—Podemos empezar por ahí. Ver quién entra y sale, si tiene algún patrón.
—También necesito saber más sobre Rubén y Tadeo
añadió Camila
—En la otra vida, Rubén participó y también me daño... Tadeo no hizo nada para detenerlos. Tal vez podamos encontrar algo que los incrimine.
—¿Y cómo vamos a hacer eso sin levantar sospechas?
—preguntó Norma.
Camila pensó por un momento.
—Rafael me dijo una vez que Fernando y Rubén van a un bar los jueves por la noche. El Bar del Puerto. Podríamos ir, sentarnos en una mesa discreta, y escuchar.
—¿Y si nos ven?
preguntó Norma, con preocupación.
—Nos disfrazamos
dijo Camila
— Nada demasiado llamativo, pero suficiente para que no nos reconozcan de inmediato.
Norma sonrió.
—Me gusta cómo piensas.
Esa tarde, mientras planeaban su estrategia, el teléfono de Camila sonó. Era Rafael. Ella dudó por un momento, pero contestó.
—¿Camila?
dijo él, con voz tensa.
—¿Podemos hablar?
—Rafa, no es buen momento
—respondió ella, sintiendo que el corazón se le aceleraba.
—Por favor
insistió él
—Solo unos minutos. Necesito entender qué está pasando.
Camila miró a Norma, que negó con la cabeza. Pero ella sabía que si seguía evitándolo, Rafael se alejaría aún más.
—Está bien
dijo
—Nos vemos en el parque. Donde nos conocimos.
—Te espero
respondió él, y colgó.
—¿Estás segura de esto?
preguntó Norma.
—No
admitió Camila
—Pero si actúo como si nada pasara, tal vez él baje la guardia. Y eso me dará tiempo para investigar.
Llegó al parque veinte minutos después. Rafael estaba sentado en el mismo banco donde se habían conocido, con la mirada perdida y las manos entrelazadas. Cuando la vio, se levantó y caminó hacia ella.
—Gracias por venir
dijo.
—Pensé que no lo harías.
—No podía evitarlo
respondió ella, con una sonrisa forzada.
Caminaron en silencio por el sendero de hojas secas, mientras Yogo correteaba a su alrededor. Rafael la miró con una mezcla de amor y dolor.
—He estado pensando en lo que pasó ayer
dijo.
—Y quiero creerte, Camila. Quiero creer que no hay nadie más. Pero duele que me rechaces sin darme una explicación.
—No es que no quiera dártela
dijo ella, sintiendo que las palabras se le atragantaban
—Es que no puedo. Todavía no.
—¿Por qué?
insistió él
—¿Qué es tan terrible que no puedas decirme?
Camila quiso gritarle la verdad, quiso contarle todo el horror que había vivido en la otra vida. Pero se contuvo. No podía. No hasta que supiera con certeza que él no estaba involucrado.
—Rafa
dijo, deteniéndose y mirándolo a los ojos
—Te amo. Te juro que te amo. Pero necesito que confíes en mí cuando te digo que necesito tiempo.
Rafael la miró largamente, y por un momento, Camila vio en sus ojos la misma determinación que ella sentía.
—Te daré tiempo
dijo finalmente
—Pero quiero que sepas que voy a descubrir qué está pasando. Con o sin tu ayuda.
—No te metas en esto, Rafa
dijo ella, con urgencia
—Por favor.
—Demasiado tarde
respondió él, con una sonrisa triste
—Ya me metí.
Y se fue, dejando a Camila con el corazón acelerado y la certeza de que el tiempo se estaba acabando.
Esa noche, Camila y Norma se prepararon para su misión. Se pusieron ropa oscura, gorras y gafas, tomaron un taxi hacia el Bar del Puerto. El lugar era un antro oscuro y ruidoso, lleno de humo y música alta. Se sentaron en una mesa cerca de la barra, donde podían ver la entrada sin ser vistas fácilmente.
—Ahí están
susurró Norma, señalando hacia la puerta.
Fernando y Rubén entraron, seguidos de cerca por Tadeo. Se sentaron en una mesa del fondo y pidieron cervezas. Camila y Norma se inclinaron, tratando de escuchar.
—¿Todo listo para el plan?
preguntó Fernando.
—Sí
respondió Rubén, nervioso.
—encontramos un almacén bastante lejos. Nadie va a encontrarla.
—¿Y el auto?
preguntó.
—Todo listo
dijo Ruben.
—cuando salga de su casa, la interceptamos. Nadie sospechará nada.
—sera fácil, ya lo hemos hecho, solo debemos tener cuidado como las otras veces.
Camila sintió que la sangre se le helaba. Estaba escuchando su propio secuestro planeado, en tiempo real, con su propia voz confirmando que Rafael no aparecía en la conversación.
—¿Y Rafael?
preguntó Rubén
—¿Qué hacemos con él? La va a buscar apenas no sepa de ella, está muy enamorado ese idiota.
—Que se quede esperando por ella
respondió Fernando, riendo.
—Cuando descubra que su novia desapareció, estará tan destrozado que no podrá pensar con claridad. Y para cuando sepa la verdad, ya será demasiado tarde. Ya abremos disfrutado de ella.
Camila sintió un alivio inmenso al escuchar que Rafael no estaba involucrado. Pero también un miedo profundo al confirmar que el plan era real. Tomó la mano de Norma bajo la mesa.
—Tenemos que irnos
susurró.
Salieron del bar sin ser vistas y, una vez en la calle, Camila se apoyó contra la pared, sintiendo que las piernas le temblaban.
—No está involucrado
dijo, con lágrimas en los ojos
—Rafael no sabía nada. Nunca supo.
—Te ama de verdad
dijo Norma, abrazándola
— Pero ahora sabemos la verdad. Y sabemos lo que planean. Y que ya han tenido víctimas.
Camila apretó los puños.
—Tengo que detenerlos. Y tengo que hacer las paces con Rafael y contarle todo.
La noche se cerró sobre ellas, pero esta vez, Camila sentía que la esperanza comenzaba a brillar en medio de la oscuridad.