Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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Heredero Volkov
...¿Rumores o verdad señor Volkov ?...
......................
El silencio reinaba dentro del automóvil.
Desde la ventanilla, Ivako Volkov observaba la ciudad sin prestarle demasiada atención.
Frio, una mandíbula dura y ojos que atravesaban a quien se atreviera a pensar en traicionarlo
Frente a él descansaba una carpeta con el escudo de la familia Villald.
No la había abierto. No tenía intension
Su padre la dejó sobre el asiento apenas subieron al coche.
—¿No piensas verla?
Ivako respondió sin apartar la vista del paisaje.
—Ya sé lo que dice.
—¿Y aun así no te interesa conocer a tu futura esposa?
—No.
El señor Volkov soltó un leve suspiro.
Su hijo siempre había sido así.
Práctico.
Reservado.
Incapaz de mostrar entusiasmo por asuntos personales.
—Se llama Ivy Villald. Veinte años. Estudia Literatura. Una buena chica
Ivako no hizo ningún comentario.
Su padre continuó.
—Los Villald son una familia respetada. Nunca incumplieron un acuerdo.
—Eso es lo único que importa.
El vehículo volvió a quedar en silencio.
Una hora después llegaron al edificio central del Grupo Volkov.
Al entrar, todos los empleados se pusieron de pie. No podían evitarlo cada que el jefe entraba , tenian miedo de ser despedidos por un error
—Buenos días, señor Volkov.
Ivako respondió con un breve movimiento de cabeza.
Mientras caminaba por el pasillo principal, uno de sus directivos corrió hasta alcanzarlo.
—Señor, encontramos irregularidades en la empresa que adquirimos la semana pasada.
—¿Quién las autorizó?
—El antiguo director financiero.
Ivako siguió caminando.
—Despídalo.
—¿Sin darle una advertencia?
—Tuvo una.
El hombre dudó.
—No la aprovechó.
No levantó la voz.
No mostró enojo.
Simplemente siguió caminando.
Quienes trabajaban con él sabían que esa calma era mucho más intimidante que un grito.
Al mediodía, almorzó con su abuela.
La única persona que lograba hacerlo permanecer más de diez minutos sentado sin hablar de negocios.
La anciana dejó la taza de té sobre la mesa.
—¿Ya conociste a la muchacha?
—No.
—¿Y no tienes curiosidad?
—No cambiará nada.
Ella sonrió con ternura.
—Eso dices ahora.
Ivako levantó una ceja.
—¿Crees en el amor, abuela?
—Creo en las personas.
Él no respondió.
—Tu abuelo y yo también nos casamos por un acuerdo entre familias.
Por eso sé que un matrimonio puede empezar por obligación…
Y convertirse en una elección.
Ivako bajó la mirada hacia su taza.
Nunca había pensado en eso.
Desde niño le enseñaron que el matrimonio era una responsabilidad más del apellido Volkov.
Nada más.
Antes de salir rumbo a la mansión Villald, su asistente le entregó otra carpeta.
—Aquí está el perfil de la señorita Ivy.
Ivako la sostuvo unos segundos.
Luego la devolvió.
—No la necesito.
—¿Seguro?
—La conoceré esta noche.
Subió al automóvil mientras el chofer cerraba la puerta.
No sabía quién era Ivy Villald.
No sabía qué pensaba.
Ni qué soñaba.
Y, siendo sincero…
Tampoco esperaba que aquella cena cambiara su vida.
Lo que Ivako ignoraba era que, cuando cruzara las puertas de la mansión Villald…
La mujer que encontraría sentada a la mesa no sería la prometida que llevaba veinte años esperando conocer.