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Pasión Y Obsesión Del Millonario

Pasión Y Obsesión Del Millonario

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / CEO
Popularitas:788
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

Alexander Vance lo tiene todo: poder, millones y el control absoluto de su imperio. Pero cuando acepta suplir a un amigo en la universidad, su mirada se cruza con Elena Marín, una estudiante rota, exhausta y atrapada en una vida de secretos nocturnos.

Ella no busca salvación; él no sabe lo que es la piedad. Lo que comienza como una tutoría privada bajo chantaje se transforma en una espiral de pasión prohibida, erotismo salvaje y mentiras peligrosas. Cuando los secretos del pasado salgan a la luz, desatarán una tragedia de la que no podrán escapar. Porque hay amores que no construyen... destruyen.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: La jaula de cristal

La pantalla del teléfono parpadeaba en la penumbra con el diagnóstico lapidario, proyectando una luz azulada y fría sobre las facciones esculpidas de Alexander. Por primera vez desde que Elena lo conocía, la imponente máscara de invulnerabilidad absoluta del magnate pareció resquebrajarse por una trágica fracción de segundo. Sus dedos se cerraron con tanta fuerza alrededor del aparato que la estructura metálica crujió bajo la presión de su puño, mientras una rigidez inusual se apoderaba de sus hombros.

—¿Qué ocurre? —preguntó Elena en un susurro, olvidando momentáneamente su enojo, su indignación y el orgullo herido al notar el cambio drástico en la postura del hombre que hasta hacía un instante la sostenía con firmeza.

Su instinto protector, nacido de una empatía innata hacia el sufrimiento ajeno, perforó de golpe la coraza de su propia amargura. La amenaza de Victoria y los reproches que guardaba en la garganta parecieron esfumarse frente al abismo que acababa de abrirse en los ojos de Alexander.

Alexander desvió la mirada hacia ella lentamente. Sus ojos oscuros, habitualmente dominados por un control implacable y calculador, reflejaban ahora una sombra de profunda vulnerabilidad y una urgencia trágica y contenida.

—No es asunto suyo —respondió él con una voz seca y carente de fuerza, apartándose con una brusquedad casi torpe para caminar hacia el ventanal y darle la espalda, intentando ocultar el rastro de debilidad que amenaza con exponerlo.

—No me mienta más, Alexander —exigió Elena, dando un paso decidido al frente y acortando la distancia entre ambos con una valentía inesperada—. He visto los frascos de medicación sin etiquetar en su baño. He visto cómo se presiona disimuladamente el pecho cuando cree que nadie lo observa. Usted está enfermo. ¿Qué es lo que le pasa?

Alexander se giró muy despacio hacia ella, con una sonrisa amarga y torcida dibujada en los labios, carente de cualquier atisbo de arrogancia.

—Tengo un corazón defectuoso, Elena —confesó con un susurro áspero y rasgado, revelando el secreto más peligroso y guardado de su vida corporativa—. Un motor viejo y traicionero que se niega a seguir el ritmo implacable de mi ambición. Y el tiempo se me está agotando a pasos agigantados.

Las palabras cayeron en el silencio de la biblioteca como gruesas gotas de plomo. La hostilidad, el despecho y el resentimiento acumulados durante esa turbulenta noche se disolvieron de inmediato en una atmósfera de tensión trágica, pesada y asfixiante. Elena sintió un nudo desgarrador aprisionándole la garganta; el hombre implacable que la había aterrorizado y fascinado a partes iguales se estaba desmoronando por dentro, luchando contra una batalla silenciosa e invisible que ningún dinero en el mundo podía ganar.

Sin ponerse a pensar en las consecuencias ni en el abismo social que los separaba, Elena caminó con suavidad hacia él. Levantó los brazos y envolvió su cuello con ternura, apoyando la mejilla directamente contra la fina seda de su camisa para escuchar el sonido sordo, irregular y acelerado de sus latidos.

—Entonces no pierda más el tiempo intentando controlarlo todo a su alrededor —susurró ella contra su pecho, con los ojos anegados en lágrimas que finalmente se derramaron por sus mejillas—. Déjeme estar aquí... solo por esta noche.

Alexander exhaló un tembloroso suspiro cargado de alivio y rodeó la cintura de Elena con una desesperación febril, enterrando el rostro en su cabello como un náufrago que se aferra al último madero firme en medio de una tormenta implacable.

Sin embargo, la frágil tregua dura poco. Mientras los brazos de Alexander la apretaban con una fuerza casi desesperada en la penumbra del penthouse, un estruendo ensordecedor sacudió la propiedad: la puerta principal del piso fue derribada de golpe, estrellándose contra la pared.

En la calle de abajo, las sirenas de docenas de patrullas comenzaron a ulular con una violencia ensordecedora, tiñendo el ventanal de luces rojas y azules. Un megáfono retumbó desde el exterior, con una voz amplificada que resonó por todo el apartamento:

—¡Alexander Vance, queda usted bajo arresto por el homicidio del profesor Julian! ¡Salga con las manos en alto inmediatamente!

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