Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Alana 1
Después de cuarenta minutos de entrenamiento, Alana tenía las rodillas sucias y la ropa de entrenamiento cubierta de polvo.
Estaba cansada.
Mucho.
Aun así, cuando Emma le indicó que debía repetir una serie de movimientos, se puso de pie.
La capitana la observó con creciente frustración.
—Lady Alana, no ha hecho prácticamente nada bien.
Alana bajó la cabeza.
—Lo sé.
Emma esperaba que se defendiera.
Que explicara que estaba cansada.
Que pidiera una pausa.
Que, al menos, protestara por la severidad de sus palabras.
Pero la joven se limitó a respirar profundamente.
—¿Podemos intentarlo otra vez?
Emma sintió que algo le apretaba el pecho.
No era compasión exactamente.
Era una irritación que comenzaba a volverse incómoda incluso para ella misma.
—Parece que hay muchas flores y muy poco entendimiento en este jardín
comentó Emma con sarcasmo.
Alana guardó silencio.
Emma continuó..
—¿Eso es todo lo que puede hacer una maga? Realmente no sé cómo puede estar en el palacio si ni siquiera consigue completar unos ejercicios básicos.
La joven bajó la mirada.
Durante unos segundos, solo se escuchó el viento entre los árboles.
Emma se arrepintió de sus palabras casi inmediatamente.
No porque temiera una queja ante el rey.
Sino porque había visto la expresión de Alana.
La muchacha no parecía enfadada.
Parecía decepcionada consigo misma.
Y Emma conocía demasiado bien aquella sensación.
Sin embargo, el orgullo herido le impidió disculparse.
Alana volvió a colocarse en posición.
—Lo intentaré nuevamente, capitana.
Emma apretó los labios.
[¿Por qué no se enfada? ¿Por qué no me responde? ¿Por qué tengo que sentirme como una villana de un cuento infantil cuando se supone que solo estoy haciendo mi trabajo?]
—Adelante..
Alana comenzó el ejercicio.
Se equivocó en el primer movimiento.
Lo corrigió.
Volvió a equivocarse.
Lo intentó una vez más.
Emma estaba a punto de detenerla cuando una voz masculina resonó desde la entrada del patio.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
La capitana Viceroy se quedó completamente inmóvil.
Conocía aquella voz.
Todos los militares de Sunderland la conocían.
Era la voz del rey.
Draco Sunderland entró en el patio acompañado únicamente por dos guardias.
No llevaba la corona ceremonial, pero su presencia resultaba imposible de ignorar.
Era un hombre alto, de cabello oscuro y mirada penetrante. Vestía un uniforme negro con detalles dorados, y una energía silenciosa parecía acompañarlo incluso cuando no hacía uso de su magia.
Draco poseía poderes de oscuridad y relámpago, una combinación temida en los reinos vecinos.
No necesitaba levantar la voz para que sus subordinados comprendieran que esperaba obediencia.
Emma se cuadró inmediatamente.
—Majestad.
Alana dejó de entrenar y realizó una reverencia.
—Majestad.
El rey apenas prestó atención a la capitana.
Su mirada se dirigió a Alana.
Observó el polvo sobre su ropa, sus rodillas sucias y la forma en que intentaba disimular el cansancio.
Su expresión se endureció.
—¿Estás bien?
Alana sonrió.
—Sí, majestad.
—¿Segura?
—Sí.
Draco miró sus manos, después sus rodillas.
—Me dijiste que ibas a cuidarte.
Alana soltó una pequeña risa.
—Lo estoy haciendo.
El rey no pareció convencido.
—Alana.
La joven levantó la cabeza.
—De verdad, estoy bien.
Emma observaba la escena sin comprender del todo qué estaba ocurriendo.
Había escuchado rumores sobre el temperamento del rey. Se decía que era exigente, que no toleraba la incompetencia y que podía resultar aterrador cuando alguien desobedecía sus órdenes.
Sin embargo, nunca había visto a Su Majestad presentarse personalmente para comprobar el estado de una asistente.
Y mucho menos con aquella expresión.
Emma decidió que debía explicar la situación antes de que el rey sacara conclusiones equivocadas.
—Majestad, el entrenamiento apenas ha comenzado. Lady Alana tiene muy poca fuerza física y una resistencia considerablemente inferior a la esperada. Su nivel es...
Draco giró lentamente la cabeza.
Sus ojos se posaron en ella.
Emma sintió un escalofrío que le recorrió la espalda.
—¿Qué dijiste?
La capitana tragó saliva.
—Que todavía no hemos comenzado con la parte más exigente, majestad.
El rey la observó durante unos segundos.
—¿Te informó el consejero sobre su estado?
—Sí, majestad.
—¿Y sobre las instrucciones que te di?
—Sí, majestad.
—Entonces explícame por qué está entrenando de esta manera.
Emma sintió que la garganta se le secaba.
Podía explicar que los ejercicios eran básicos. Podía argumentar que había establecido pausas y que la intención era evaluar la condición física de Alana.
Pero, de pronto, todas aquellas explicaciones parecieron insuficientes.
—Lady Alana tiene muy poca fuerza física y un escaso poder mágico. Su condición es...
Se detuvo.
Porque vio algo.
Una sombra.
Muy pequeña.
Se extendía alrededor de la mano del rey, como un velo oscuro que se movía al ritmo de su respiración.
La magia de Draco.
Emma había oído historias sobre las sombras del monarca, sobre la manera en que se manifestaban cuando su paciencia comenzaba a agotarse.
No sabía cuánto había de verdad en aquellos rumores.
Tampoco deseaba descubrirlo.
—Su condición requiere trabajo..
El rey dio un paso hacia ella.
—Su condición requiere paciencia.
Emma bajó ligeramente la cabeza.
—Sí, majestad.
La sombra alrededor de la mano del rey se desvaneció.
Pero la tensión permaneció.
Draco volvió a mirar a Alana.
—¿Te ha hecho daño?
—No, majestad.
—¿Te ha exigido más de lo que puedes soportar?
Alana vaciló.
Fue apenas un instante.
Pero Emma lo notó.
Y el rey también.
—Alana.
La joven se acercó a él.
Entonces hizo algo que dejó a Emma completamente desconcertada.
Tomó suavemente la mano del monarca.
Draco bajó la mirada.
Alana le sonrió con una confianza que Emma jamás habría imaginado que alguien podía permitirse frente al rey de Sunderland.
—Su Majestad, de verdad estoy bien.
Draco no retiró la mano.
—Estás agotada.
—Un poco.
—Tienes las rodillas sucias.
Alana miró hacia abajo.
—Eso parece.
—Y apenas puedes mantenerte en pie.
—Estoy aprendiendo.
El rey guardó silencio.
La joven apretó suavemente sus dedos.
—Por favor, déjeme entrenar.
Emma contuvo la respiración.
No podía creer lo que estaba viendo.
Alana Norton acababa de tomar la mano del rey y pedirle permiso para continuar una actividad que, evidentemente, lo tenía preocupado.
Y el rey...
El rey estaba considerando su petición.
Draco permaneció callado durante varios segundos.
Finalmente, suspiró.
—Está bien.
Alana sonrió con tanta alegría que Emma se preguntó si acababa de recibir una autorización real o un regalo de cumpleaños.
—Muchas gracias, majestad.
El rey asintió.
—Pero si te sientes mal, te detienes inmediatamente.
—Lo prometo.
—Y mañana no entrenarás sin haber descansado lo suficiente.
—De acuerdo.
Draco la miró con desconfianza.
—Alana.
—Lo prometo de verdad.
El rey pareció resignarse.
Después, la joven soltó su mano.
Emma observó el gesto con absoluta incredulidad.
[¿Acaba de conseguir que el rey cambie de opinión tomándolo de la mano?]
Miró a Draco.
Luego a Alana.
Después otra vez a Draco.
[¿Qué clase de poder tiene esta mujer?]
La respuesta no podía ser magia de madera.
Tenía que ser algo mucho más peligroso.
Eso quiere decir que ya no serán de Época Antigua???😨😨😨
Yo espero con ansias historias del Reino Mágico donde hay Cambia Formas (disculpr olvide el nombre).