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Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:18.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

08

.

La tibieza del sol que se colaba por la rendija de las cortinas le rozó poco a poco el rostro a Alena. La muchacha se desperezó despacio sobre el mullido colchón, que se sentía muchísimo más cómodo que su propia cama en la casa de la familia Balcázar.

Unos segundos después abrió los párpados lentamente. Se quedó mirando el techo del cuarto, tratando aún de recobrar la conciencia.

De pronto sus ojos se clavaron en el reloj de pared, colgado justo frente a la cama, y se le abrieron de golpe: la manecilla corta ya estaba en el ocho.

—¡Dios mío! —chilló de inmediato—. ¡Se me hizo tarde!

Veloz como un rayo, saltó de la cama y corrió al baño. El cabello alborotado se le mecía al ritmo de la carrera.

—Ay... hoy hay una reunión a las ocho y media. ¡El señor Duarte ya debe estar buscándome! Y los documentos del contrato de ayer todavía no...

Pero, justo cuando movía la mano para abrir la manija del baño, se detuvo en seco. El cuerpo se le quedó congelado, como si acabara de caer en la cuenta de algo.

—Ay... Dios, se me olvidó... —Alena se dio una palmadita en la frente y rió con amargura—. Papá ya me echó. Así que ahora ya no formo parte del Grupo Balcázar.

En ese mismo instante los hombros se le desplomaron.

—Ahora estoy desempleada... —murmuró apenas, y negó con la cabeza tratando de espantar la tristeza que de repente se le colaba dentro.

Pero luego respiró hondo.

—¿Y no es acaso algo bueno? —murmuró para consolarse—. De ahora en adelante ya no me voy a romper la cabeza con reuniones. No tendré que revisar pilas de informes. Ya no tendré que ocuparme de contratos que esperan mi firma.

Alena volvió a encaminarse al baño. Pero esta vez sin apuro. Y, justo cuando su mano iba a girar la manija...

Din, don...

El timbre del departamento sonó y la obligó a detenerse.

—¿Quién viene tan temprano?

En lugar de entrar al baño, Alena se dio la vuelta y fue hacia la puerta principal.

Al abrirla, apareció una mujer con uniforme de limpieza, de pie, con un pequeño carrito cargado de diversos utensilios.

—Buenos días, señorita —saludó la mujer con amabilidad—. Vengo del servicio de limpieza del edificio y tengo programado limpiar esta unidad.

Alena frunció el ceño. Quizá la mujer que tenía delante aún no había recibido el aviso del señor Nathan. Así que le explicó que, a partir de ese día, ella misma se encargaría de la limpieza del departamento.

La empleada pareció aún más confundida.

—Disculpe, señorita. Pero recibí la orden directamente del joven Nathan.

—¿Del señor Nathan? —preguntó Alena de nuevo.

—Sí, señorita.

—A lo mejor se le olvidó avisar que ahora quien se ocupa del departamento soy yo —volvió a explicar Alena.

Pero la mujer se apresuró a negar con la cabeza.

—Imposible, señorita. Esta orden la recibí hace apenas unos diez minutos. Él llamó en persona a nuestro supervisor y dijo que este departamento debía seguir limpiándose como siempre.

Alena se rascó la nuca, que en realidad no le picaba. ¿No había sido el propio Nathan quien, la noche anterior, le dijo que podía vivir en el departamento a cambio de encargarse de la limpieza? ¿Y por qué ahora mandaba al servicio de limpieza?

—Le pido su colaboración, señorita. Yo necesito este trabajo —insistió la empleada.

Al final, Alena no tuvo más remedio que invitarla a pasar.

La mujer empujó el carrito hacia el interior y enseguida se puso a trabajar, como quien ya está acostumbrado a ese departamento.

Alena, en cambio, cerró la puerta con cuidado y volvió a encaminarse al baño. El agua tibia que le mojaba el cuerpo le fue quitando, de a poco, el cansancio que desde el día anterior le llenaba la mente.

Pero había una pregunta que le daba vueltas en la cabeza. ¿Por qué Nathan seguía tratándola como a una invitada?

* * *

Unos treinta minutos después, Alena salió del baño con el cabello todavía a medio secar. Llevaba una camiseta blanca sencilla y un pantalón de tela color crema. Su aspecto era mucho más relajado que de costumbre, cuando siempre iba de formal con su traje de trabajo.

Después de secarse y peinarse, quiso ir a la cocina a prepararse algo de comer. Pero, al llegar al pequeño comedor contiguo, se detuvo.

Los ojos se le abrieron al ver la mesa llena de platos sencillos que se veían de lo más apetitosos.

Había tostadas calientes, huevos revueltos, un tazón de ensalada fresca, un tazón de crema y un vaso de leche tibia que aún despedía vapor.

La empleada de limpieza que había llegado antes estaba acomodando el mantel.

—Ah... ya salió del baño, señorita —la saludó con una sonrisa amable—. El desayuno de la señorita ya está listo.

—¿Esto... todo es para mí? —preguntó Alena, aún desconcertada.

—Sí, señorita.

—Pero yo no pedí nada.

—Es parte del servicio del departamento, señorita —respondió la mujer con una risita—. Además, el joven Nathan dejó dicho que se atendieran las necesidades de la señorita Alena.

Otra vez salía a relucir el nombre de Nathan, y Alena solo pudo esbozar una mueca que le dejó los dientes a la vista.

—Gracias.

—De nada, señorita. Entonces, con permiso, sigo con mi trabajo. —La empleada inclinó la cabeza con respeto y se retiró, dejando a Alena todavía embobada en su sitio.

Alena se sentó en una de las sillas y disfrutó de lo que tenía delante con una sonrisa en los labios. Hacía mucho que no desayunaba tan tranquila.

Pero, aunque sonriera, en realidad su mente andaba a la deriva. Hoy era el primer día en que de verdad empezaba a vivir sin el gran nombre de la familia Balcázar. Ya no había mansión lujosa. Ya no tenía el cargo de directora de operaciones, ni unos padres que le manejaran la vida. Tenía que empezarlo todo, de verdad, desde cero.

Normalmente, desde las seis de la mañana su celular ya estaba lleno de informes de distintas divisiones. Antes de terminar el desayuno, ya tenía que pensar en reuniones, proyectos, inversores y hasta en la agenda de visitas a clientes. Ahora no quedaba nada de eso: solo ella misma.

Alena dejó el tenedor sobre el plato y soltó un largo suspiro. Lo que al principio se veía tan apetitoso ahora le sabía insípido.

—No puedo seguir dependiendo así. Tengo que buscar trabajo cuanto antes.

Aunque sus ahorros personales todavía le alcanzaban por un tiempo, ese dinero no iba a durar para siempre. Necesitaba conseguir ingresos pronto. Al menos para poder alquilar un lugar propio y cubrir sus necesidades.

Justo cuando iba a tomar el celular para abrir un portal de empleo, la pantalla se le encendió de pronto.

Un mensaje nuevo, de un número que conocía muy bien. Nathan Villanueva.

Al instante frunció el ceño.

—¿El señor Nathan?

Alena abrió el mensaje enseguida.

Si está buscando trabajo, da la casualidad de que mi empresa necesita una asistente personal. Si le interesa, venga mañana a la oficina a las nueve de la mañana con una carta de postulación.

Alena leyó el mensaje varias veces y el ceño se le frunció aún más.

—Un momento... ¿De dónde sacó mi número de celular? —Alena miró la pantalla llena de interrogantes.

Durante su tiempo en el Grupo Balcázar, todos los asuntos de negocios y la comunicación profesional siempre se hacían con el número de la empresa que le había dado la oficina.

En cambio, el número personal que usaba ahora solo lo conocían su familia, algunos amigos cercanos y un puñado de personas en las que de verdad confiaba.

Alena se recostó en la silla con toda clase de conjeturas dándole vueltas en la cabeza.

—¿Acaso Nathan le pidió a alguien que me investigara?

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Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
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