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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:11k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

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Capítulo 22: Viaje Imprevisto

A cuarenta y un mil pies sobre el Atlántico Norte, el Gulfstream G650ER de Bastian Thorne no parecía una aeronave ejecutiva; parecía una guardería de alta seguridad con acabados en madera de nogal satinado y alfombras de lana de vicuña.

La cabina principal, diseñada para transportar dignatarios y cerrar transacciones de nueve cifras en un silencio sepulcral, había sido completamente colonizada.

En el sector delantero, Mateo utilizaba el interfono de cabina reservado para la tripulación para transmitir boletines bélicos a los pilotos.

—Atención, torre de control de la galaxia —bramaba el niño por el auricular, encaramado a un sillón de piel de cordero reclinable con los calcetines a rayas ondeando al aire—. Nave capitana Thorne reporta avistamiento de nubes con forma de ballena asesina a las tres en punto. Solicitamos autorización para desplegar los cañones de fotones.

Al fondo, sentada en una mesa de caoba flanqueada por dos azafatas suizas que no se atrevían a respirar fuerte, Emma examinaba el estuche de amenidades de cuero que la aerolínea privada reservaba para los pasajeros VIP.

—El antifaz de seda para dormir no es de grado 6A —sentenció la niña con un suspiro de infinita desilusión, arrojando la pieza sobre la mesa de conferencias—. Se siente áspero contra los párpados. Si voy a llegar a la Riviera francesa con las cutículas secas y bolsas bajo los ojos, Bastian tendrá que indemnizarme con un día entero de spa en Cannes.

Lucas, mientras tanto, estaba sentado junto a Bastian en los sillones enfrentados del club central. Con su libreta milimetrada y una aplicación de radar meteorológico en su tableta, el pequeño auditor verificaba las coordenadas del piloto automático.

—Estamos cruzando el corredor de la corriente en chorro con una velocidad de cola de ciento doce nudos —observó Lucas, subiéndose las gafas sobre la nariz y mirando a Bastian con aprobación técnica—. El ahorro de queroseno Jet-A1 respecto al plan de vuelo inicial es de un cuatro coma ocho por ciento. Un margen de optimización logística respetable, señor Thorne.

Bastian, que sostenía una copa de agua mineral con hielo y vestía un jersey de cuello alto de cachemira gris marengo que acentuaba la envergadura de sus hombros, bajó la vista hacia su hijo con una media sonrisa satisfecha.

—La eficiencia en el aire es tan vital como en el mar, socio. Quien no calcula el viento, paga el doble en combustible.

Al otro lado del pasillo, sentada en un sillón individual con el respaldo recto como una vara de medir, Valeria Sterling intentaba fingir que no existía.

Llevaba unas gafas de montura negra para leer, el cabello aún sujeto en un moño estricto y un dossier de noventa páginas sobre las regulaciones portuarias de Marsella desplegado sobre su regazo. Había intentado leer el párrafo tres durante los últimos cuarenta minutos sin éxito.

Cada vez que levantaba la vista, se topaba con la silueta descomunal de Bastian: la soltura con la que lidiaba con los niños, la forma en que sus manos grandes corregían los cálculos de Lucas o el tono paciente con el que ordenaba a las azafatas que sirvieran fresas bañadas en chocolate para Emma.

Era intolerable.

Ver al depredador corporativo que había intentado asaltar su empresa transformado en el patriarca idílico de su familia improvisada era una tortura psicológica diseñada específicamente para demoler sus defensas.

Bastian se levantó con la agilidad silenciosa que lo caracterizaba. Caminó por el pasillo central, tomó una botella de champán francés que descansaba en la cubitera de cristal del bar privado y sirvió dos copas de cristal de Baccarat.

Se detuvo junto al asiento de Valeria. La sombra de su cuerpo bloqueó la luz de lectura cenital.

—Deja el informe de Marsella, Valeria —dijo él, con esa voz baja, arrastrada y aterciopelada que parecía vibrar directamente en la piel de ella—. El ministro francés no va a modificar las tarifas portuarias porque memorices el artículo catorce a diez mil metros de altura.

Valeria levantó la mirada por encima del borde de sus gafas, armándose de frialdad.

—A diferencia de ti, Thorne, yo suelo fundamentar mis negociaciones en el derecho mercantil, no en la intimidación naval ni en el soborno de cruasanes.

Bastian no se inmutó. Apoyó una mano en el respaldo del sillón de ella, inclinándose lo suficiente para que su perfume a cedro y pimienta inundara el espacio vital de Valeria. Con la otra mano, le tendió la copa dorada.

—Bebe. La altitud deshidrata. Y necesitas estar hidratada para mantener esa compostura de reina ofendida durante el resto de la travesía.

Valeria dudó un segundo. Sus dedos rozaron los de él al tomar el tallo de cristal, y el leve contacto desató una corriente eléctrica tan familiar como peligrosa. Tomó un sorbo pequeño; las burbujas frías y secas del vino espumoso le despejaron la garganta.

—¿Por qué Marsella, Bastian? —preguntó en un susurro áspero, cuidando que los niños no escucharan—. Podías haber firmado la dispensa por vía telemática. Tu bufete en París tiene suficiente peso para saltarse el protocolo ministerial.

Bastian bajó la vista hacia sus labios. Sus ojos grises se oscurecieron con una intensidad voraz, desprovista de cualquier fingimiento corporativo.

—Porque en Nueva York tenías demasiadas murallas, Valeria —susurró él, apoyando el antebrazo en la pared divisoria, atrapándola visualmente en el sillón—. Tenías tu torre, tus asistentes, tus hermanos inútiles rondando como cuervos y la excusa constante de que tus obligaciones te impedían mirarme a los ojos sin huir.

—No huyo de ti.

—Llevas treinta y seis horas corriendo como un animal acorralado —replicó Bastian, y una de sus manos subió lentamente hasta rozar el borde de la montura de las gafas de ella, retirándolas con una delicadeza devastadora antes de dejarlas sobre la mesilla—. En el Mediterráneo no hay juntas directivas a las que escapar. Solo estamos nosotros, nuestros hijos y el mar abierto. Y te aseguro que cuando crucemos la bocana del puerto, no te va a quedar una sola trinchera donde esconderte.

Valeria sostuvo la respiración. La audacia de ese hombre le encendía la sangre en un fuego que ya no sabía si era indignación o un hambre atroz de que cumpliera cada una de sus amenazas.

—Mamá —la voz de Mateo interrumpió el duelo visual—, ¿el barco gigante tiene misiles antiaéreos por si nos atacan los piratas franceses?

Bastian se enderezó lentamente, dedicándole a Valeria una última mirada cargada de una promesa ardiente antes de girarse hacia su hijo.

—No tiene misiles, Mateo. Pero tiene dos motos de agua de trescientos caballos de fuerza y una lancha de rescate que corta las olas a cincuenta nudos. Te enseñaré a pilotarla mañana por la mañana.

El niño soltó una ovación marcial que resonó en toda la cabina.

Siete horas después, el descenso sobre la Costa Azul ofreció una postal deslumbrante de aguas turquesas, acantilados escarpados y las villas aristocráticas de Cap d'Ail salpicando la costa bajo un cielo despejado de media tarde.

Tras un trayecto de quince minutos en tres camionetas blindadas desde el aeropuerto de Niza hasta el muelle privado de Port Hercule, el vehículo se detuvo frente al atracadero exclusivo de la sociedad naviera.

Incluso Valeria, acostumbrada al lujo multimillonario desde la cuna, sintió una sacudida de asombro involuntario al bajar del coche.

El Aethelgard no era un yate de recreo convencional; era un leviatán de diseño vanguardista. Con ciento diez metros de eslora, un casco de acero de un gris pizarra mate que absorbía la luz del sol mediterráneo y una superestructura aerodinámica de aluminio y cristal ahumado, la nave dominaba la dársena como un acorazado de lujo absoluto. Cuatro niveles de cubiertas de teca inmaculada descendían hacia una popa escalonada que albergaba un club de playa privado y, efectivamente, un descomunal tobogán inflable de color plateado que caía desde la cubierta superior directamente hacia una plataforma flotante sobre el mar.

En la pasarela de embarque, la tripulación completa —treinta personas con uniformes impecables de lino azul marino y blanco— esperaba alineada con una marcialidad que rozaba lo militar.

Al frente, un capitán noruego de barba entrecana y porte imponente dio dos pasos al frente, llevándose la mano a la gorra al ver descender a Bastian.

—Señor Thorne. Bienvenido a bordo del Aethelgard. La nave está aprovisionada, los sistemas auxiliares están en línea y el helipuerto está despejado.

—Gracias, capitán Larsen —respondió Bastian, devolviendo el saludo con sobriedad antes de indicar con la mano a la comitiva que descendía tras él—. La señorita Valeria Sterling, copropietaria de la concesión logística, y nuestros hijos: Mateo, Lucas y Emma.

El capitán parpadeó una sola vez, intentando procesar la palabra "hijos" en boca del armador más hermético y solitario de Europa, pero la disciplina profesional se impuso de inmediato.

—Es un honor tenerlos a bordo, señora, jóvenes señores —dijo Larsen, inclinando la cabeza.

Emma subió la pasarela con la barbilla en alto, deteniéndose frente al capitán con un movimiento teatral de su abrigo de lana.

—El tono del uniforme azul marino es aceptable —decretó la niña, inspeccionando los galones dorados del oficial—. Pero exijo saber si el chef a bordo tiene experiencia en emplatado de alta cocina francesa. Si los postres no llevan decoración con pan de oro, el viaje perderá su valor experiencial.

El rudo marino noruego miró a la niña con los ojos muy abiertos antes de soltar una risotada profunda que resonó en el muelle.

—El chef Jean-Luc ha cocinado para la familia real de Bélgica durante una década, pequeña señorita. Le aseguro que el pan de oro no faltará.

—¡¡EL TOBOGÁÁÁN!! —rugió Mateo, zafándose de la mano de la señora Miller y corriendo como una exhalación por la cubierta de teca hacia la popa, siendo interceptado en el último segundo por Klaus Vane, quien lo levantó por el cuello del abrigo como si fuera un gatito rebelde.

—Control de perímetros primero, soldado —le advirtió Klaus con una sonrisa cómplice.

Valeria subió la pasarela al lado de Bastian. El aire del Mediterráneo, salado, cálido y cargado de notas de pino y jazmín silvestre, le acarició la cara.

—Tienes una flota privada obscena, Thorne —murmuró ella, mirando la inmensidad de las cubiertas pulidas.

—Es una herramienta de trabajo, Valeria —repuso él, rozando deliberadamente su hombro con el de ella al cruzar el umbral del salón principal—. Aunque admito que esta semana tiene un propósito mucho más recreativo.

El mayordomo principal, un británico estirado llamado Henderson, se acercó con una bandeja de plata con toallas calientes perfumadas a azahar.

—Señor Thorne, he dispuesto la suite de babor para los tres jóvenes y su institutriz, equipada con el sistema multimedia infantil. Sin embargo, sobre la distribución de las suites principales...

Valeria dio un paso al frente con rapidez ejecutiva.

—Yo ocuparé la suite de estribor de la cubierta de invitados, Henderson. Gracias.

Bastian dio medio paso, colocándose justo detrás de ella. Su pecho rozó la espalda de Valeria con una presión que le cortó el aliento.

—La suite de invitados está en mantenimiento por una remodelación del sistema de climatización, Henderson —dijo Bastian con una calma insultante, mirando al mayordomo por encima de la cabeza de Valeria—. La señorita Sterling ocupará la suite del armador en la cubierta superior. Conmigo.

Valeria se giró en redondo, con los ojos echando chispas de rabia.

—¿Perdón? ¿Qué clase de truco barato es este? ¡No voy a compartir suite contigo!

—Tiene dos alas conectadas por un salón privado y terrazas individuales con mampara divisoria, Valeria —respondió Bastian en un susurro grave, bajando la cabeza hasta que sus ojos grises quedaron a milímetros de los de ella, ignorando al mayordomo que se retiraba con discreción profesional—. Puedes cerrar tu puerta con llave si tienes tanto miedo de tus propios impulsos. Pero estás en mi barco, bajo mi bandera y en mis aguas. Y aquí las decisiones de navegación... las tomo yo.

Valeria apretó los puños, sintiendo cómo el calor del desafío y la anticipación pura le incendiaban la garganta.

El leviatán de acero acababa de soltar amarras. La ciudad había quedado atrás. Y en medio de la inmensidad azul del Mediterráneo, Valeria comprendió con un estremecimiento salvaje que el verdadero oleaje no vendría de las olas... sino del hombre que no pensaba dejarla escapar con vida de esa cubierta.

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Inoelia Lantigua
Ósea que el ya lo sabe
Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
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