Yulian, un estudiante universitario harto de su gris y monótona vida, encuentra su único refugio en una novela gráfica de fantasía titulada El amanecer del amor. Aunque la trama sigue el romance tradicional entre la heroína Clara y el noble Albert, Yulian está perdidamente obsesionado con el antagonista: Eric, el brillante, incomprendido y temido Señor de la Torre Mágica, cuya trágica obsesión por Albert lo lleva a la locura y a una muerte injusta.
Tras una rabieta de frustración por el final del último capítulo, Yulian sufre un accidente mortal desde el balcón de su apartamento. Al despertar, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Daniel, el hermano mayor de la protagonista y oficial de la guardia real. Decidido a reescribir el destino y evitar la trágica muerte de su personaje favorito, Daniel se infiltra en el mundo de la novela con un solo propósito: amar y salvar al hechicero malvado, cueste lo que cueste.
NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: La posesión del hechicero
Eric se congeló. La reacción de Daniel estaba tan completamente fuera de cualquier parámetro lógico que su mente analítica colapsó por segundo día consecutivo.
Cualquier prisionero, cualquier noble, cualquier guerrero al ser amenazado con la tortura o la muerte suplica por piedad, intenta defenderse o muestra un pavor absoluto. Pero Daniel lo miraba como si la amenaza de ser encerrado fuera un regalo. Había un fuego en los ojos esmeralda del joven noble que no era cordura; era una obsesión ardiente que rivalizaba, e incluso superaba, la propia naturaleza posesiva de Eric.
El agarre en la garganta de Daniel se aflojó inconscientemente.
—Estás... estás loco —susurró Eric, retrocediendo un paso, con la voz temblorosa por primera vez—. Estás completamente desquiciado. Eres el hermano de Clara... eres un oficial de la corona. Se supone que debes ser justo, virtuoso, noble. ¿Por qué me miras de esa manera?
Daniel se llevó una mano al cuello, toslando levemente para recuperar el aire, pero no apartó la vista de Eric ni por un segundo. Avanzó un paso hacia el hechicero, acorralándolo ahora a él contra el borde del escritorio.
—Porque el mundo que te rodea es una mentira, Eric —dijo Daniel con voz firme, recuperando el aliento—. Albert es un hipócrita que solo ve el mundo en blanco y negro. Tu orden de magos solo te usa por tu poder. Nadie en esta ciudad te ha visto jamás como un hombre. Solo ven al 'Señor de la Torre Mágica'.
Daniel dio otro paso, acortando la distancia hasta que sus pechos casi se tocaban.
—Pero yo no veo al Señor de la Torre —continuó Daniel, alzando la mano para acariciar la mejilla del hechicero, quien esta vez no se apartó, paralizado por la intensidad de las palabras—. Veo a Eric. Un hombre peligroso, violento, apasionado y hermoso. Un hombre que merece a alguien que no le tenga miedo a su oscuridad, sino que quiera quemarse en ella.
Eric respiraba agitadamente. Sus labios temblaban levemente. La calidez de la mano de Daniel en su rostro contrastaba con el frío crónico que siempre sentía en su piel debido a la saturación de maná.
—Si te quedas a mi lado... destruiré tu vida —advirtió Eric en un murmullo bajo, casi una súplica defensiva—. Destruiré tu reputación. Tu hermana te odiará. La corte te considerará un traidor. Te arrastraré conmigo al infierno.
Daniel soltó una carcajada suave, una risa llena de una oscura satisfacción que hizo que a Eric se le erizara la piel.
—Que me consideren un traidor —respondió Daniel sin dudar un solo segundo—. Que el reino entero se queme si es necesario. No me importa Clara, no me importa la corte y no me importa el rey. Vine a este mundo por ti, Eric. Y no me iré a ninguna parte.
Antes de que Eric pudiera asimilar la magnitud de aquella declaración, Daniel volvió a inclinar la cabeza y lo besó nuevamente.
Esta vez, el beso no fue una sorpresa. Fue más profundo, más dominante. Daniel envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Eric, atrayendo el cuerpo del hechicero contra el suyo con una fuerza posesiva.
Eric dejó escapar un gemido ahogado contra los labios de Daniel. Por un instante, intentó levantar las manos para empujarlo, para restaurar el orden de su mundo controlado. Pero la sensación de ser sostenido con tanta fuerza, la devoción desesperada con la que Daniel devoraba sus labios, rompió la última barrera de contención del mago.
Las manos de Eric, en lugar de lanzar un hechizo, se aferraron con desesperación a la camisa de Daniel, arrugando la tela de lino. El hechicero comenzó a corresponder el beso con una voracidad torpe pero salvaje, dejando fluir toda la frustración, el dolor y la soledad acumulados durante años.
El maná en la habitación comenzó a salirse de control. Los libros en las estanterías temblaban, las luces azules parpadeaban frenéticamente y una brisa helada levantó los papeles del escritorio, haciéndolos volar alrededor de la pareja como una tormenta de nieve de papel.
Pero en el centro de la tormenta, unidos en un abrazo sofocante, Daniel y Eric se consumían en un pacto tácito.
Cuando finalmente se separaron para tomar aire, sus frentes quedaron apoyadas la una contra la otra. Eric miraba a Daniel con los ojos entornados, el rostro encendido por un rubor intenso y la respiración completamente descontrolada.
—No te voy a dejar marchar... —amenazó Eric en un susurro ronco, apretando la camisa de Daniel con fuerza posesiva—. Ahora que has hecho esto... si intentas huir o si vuelves con tu familia, te encadenaré en el piso más profundo de esta torre. No volverás a ver la luz del sol.
Daniel sonrió, rozando sus labios contra los de Eric una vez más.
—Esa es la promesa más hermosa que me han hecho en la vida, mi querido hechicero —respondió Daniel—. Así que no pierdas el tiempo. Encadena mi vida a la tuya hoy mismo.