Un amor del pasado. Un secreto doloroso. Y una voz que necesita ser escuchada.
Para el mundo criminal, Matteo Vitale es «El Lobo de Roma»: un capo despiadado, frío y sin corazón. Pero tras las puertas de su mansión, Matteo es solo un padre desesperado por proteger a Leo, su pequeño de siete años. Marcado por una traición desgarradora y traumatizado por los maltratos de su verdadera madre, el niño ha quedado sumido en un silencio absoluto y solo confía en Matteo.
Matteo juró no volver a abrir su corazón a nadie, hasta que Chiara Romano regresa a Italia tras diez años de ausencia.
Chiara ya no es la jovencita que él recordaba; ahora es una mujer independiente, experta en armamento, segura de sus curvas y con un espíritu vibrante que no se deja intimidar por la mafia. Sin lástima ni presiones, su calidez y su risa comienzan a derribar las defensas del pequeño Leo y a desafiar la armadura de hielo de Matteo.
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Capítulo 3: La cacatúa no se rinde
La mesa principal del banquete estaba servida con vajilla de porcelana fina y copas de cristal de bohemia, pero la atmósfera en torno al ala izquierda era de todo menos tranquila. Los sirvientes se movían con sigilo, temerosos de romper el tenso equilibrio entre los Romano y los Vitale.
En un extremo de la gran sala, sentado en un cómodo sillón junto a su abuela Mariana y la madre de Matteo, el pequeño Leo observaba la escena en absoluto silencio. Con su osito de peluche apretado contra el pecho, sus grandes ojos oscuros seguían atentamente los movimientos de los adultos, especialmente los de su padre.
A la mesa, Matteo mantenía una postura rígida, apoyando los antebrazos sobre la madera maciza mientras sostenía su copa de vino. A su lado, Isabella no dejaba de ajustarse el vestido rojo, inclinándose hacia él con una sonrisa ensayada que buscaba forzar cualquier atisbo de cercanía.
—Matteo, querido, deberías probar el risotto. Le pedí especialmente al chef que lo preparara como a ti te gusta —coqueteó Isabella, rozando sutilmente su hombro contra el del Capo—. Me imagino que con tanto trabajo en la empresa y el estrés de Roma, casi no tienes tiempo para disfrutar de las cosas finas de la vida.
Matteo ni siquiera se giró a mirarla. Su respuesta fue un sonido seco que salió de su garganta:
—Comas lo que comas, el trabajo sigue ahí, Isabella.
—Ay, pero qué hombre tan serio... —insistió ella, pasando una mano por el brazo de él—. Siempre tan dedicado, tan imponente. A veces siento que llevas el peso del mundo sobre tus hombros.
Antes de que Matteo pudiera soltar otro monosílabo seco para apartarla, una voz alta, llena de sarcasmo y diversión, irrumpió desde el otro lado de la mesa.
—Por favor, Isabella, vas a hacer que el risotto se corte con tanto drama —soltó Chiara, dando un sorbo a su vino mientras cortaba un trozo de carne con soltura impecable—. Matteo no lleva el peso del mundo, solo lleva encima el mal humor de siempre. Y créeme, eso no se quita con comida fina.
Alejandro, sentado al lado de Chiara, se ahogó con su propia bebida y tuvo que cubrirse la boca con la servilleta. Edans, de pie un par de metros detrás de Matteo, alzó una ceja, sorprendido por la audacia de la joven.
Matteo clavó sus ojos grises en Chiara. Una mirada helada, penetrante, de esas que hacían que sus subordinados temblaran en las reuniones de gabinete.
—Romano —dijo Matteo en tono bajo, rasposo y tajante—. La mesa no es un foro de debate. Si vas a opinar sobre mis asuntos, al menos asegúrate de que te haya preguntado.
Cualquier otra persona habría bajado la cabeza y pedido disculpas. Chiara, en cambio, soltó una carcajada limpia y sonora que resonó en todo el salón.
—¡Ay, por favor, Vitale! No me vengas con esa cara de 'Lobo feroz' que a mí no me asustas —respondió Chiara, apoyando los codos en la mesa y mirándolo fijamente con sus ojos color miel—. Te conozco desde que tenías menos de veinte años y te escondías detrás de los establos porque mi papá te atravesó la pierna con un balín de goma por estar jugando con sus rifles de colección. Tenías la misma cara de amargado que tienes ahora.
El silencio que cayó sobre la mesa fue absoluto.
Giordano Romano disimuló una sonrisa bebiendo de su copa, mientras que Alejandro miraba a su hermana como si acabara de activar una bomba a punto de estallar. En el rincón del salón, Leo parpadeó, fascinado por la mujer que le estaba hablando a su padre sin un solo rastro de miedo.
Matteo apretó la mandíbula hasta que las venas de su cuello se marcaron bajo la piel.
—Ese incidente fue por culpa de un fallo en el seguro del arma, no por un juego —sentenció el Capo, con una voz que helaba la sangre—. Y te sugiero que midas tus palabras.
—¿Fallo en el seguro? —Chiara se inclinó hacia adelante, resaltando el escote y la firmeza de su silueta sin la menor timidez—. Matteo, por Dios. Era una carabina de cerrojo simple con un seguro de aleta de noventa grados. Si se te disparó, fue porque tenías los dedos torpes. Es más, los planos de ese lote de fusiles que quieres importar este mes tienen exactamente el mismo error de diseño en el cajón de mecanismos. Si no reajustas la aguja percutora dos milímetros a la izquierda, vas a tener un 15% de encasquillamiento en frío.
Edans y Alejandro se miraron de inmediato, completamente mudos. El conocimiento técnico de Chiara sobre la balística pesada era tan preciso y profesional que dejó sin argumentos a los dos hombres fuertes de la seguridad.
Matteo se quedó en silencio durante tres segundos largos. Sus ojos no podían apartarse de ella. Le molestaba su tono, le molestaba que no se callara, pero sobre todo, le molestaba lo ridículamente atractiva que se veía defendiendo un argumento técnico con esa sonrisa burlona y esa figura llena de curvas que desafiaba la rigidez de toda la sala.
—Hablas demasiado, Chiara —soltó Matteo, con una frialdad calculada—. Pareces un loro. Una cacatúa a la que nadie le enseñó cuándo guardar silencio.
Isabella sonrió triunfante, pensando que Matteo acababa de humillar a su hermana. Pero Chiara solo volvió a sonreír con soltura, acomodándose un mechón de su larga cabellera marrón detrás de la oreja.
—Prefiero ser un loro alegre que dice la verdad y sabe de armas, antes que una escultura de piedra amargada que se va a morir de un infarto antes de los cuarenta —le respondió Chiara, guiñándole un ojo con absoluta provocación—. Y la verdad, Vitale, a este "loro" vas a tener que escucharlo mucho, porque a partir de mañana soy yo la que supervisa tus entregas.
La mesa volvió a quedar en un silencio sepulcral. Nadie en la historia de la mafia de Roma le había hablado así a Matteo Vitale.
A lo lejos, cerca del sillón de las abuelas, el pequeño Leo ladeó la cabeza. Miró a Chiara, luego miró a su padre, y por primera vez en toda la noche, los pequeños labios del niño se curvaron en una chispa de curiosidad imperceptible mientras apretaba a su oso de peluche.
Edans te soltó la bomba 💣💣💣 Vanessa sin filtro ahora veremos que le dirás 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora sí viene la fiesta de compromiso de Chiara y Matteo por fin.
Matteo ahora después de esa confesión te liberaste porque Chiara no se asustó sino que te respaldó por lo que hiciste.