Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
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**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Mary 1
La residencia principal de los Rossi era impresionante.
Catarina tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no quedarse mirando cada rincón como una turista que acababa de entrar en un palacio.
La fachada era elegante, los jardines estaban impecablemente cuidados y las ventanas reflejaban la luz de la mañana. Los criados se movían con discreción por los pasillos, mientras que los muebles y las decoraciones dejaban claro que aquella familia llevaba generaciones disfrutando de una riqueza considerable.
[¡Vaya, vaya! Así que esta es la casa de mi querido duque. No está nada mal. Si yo viviera aquí, probablemente me perdería todos los días buscando la cocina].
Un criado la condujo hasta uno de los salones.
—La duquesa la recibirá en unos minutos, señorita Parisi.
—Muchas gracias.
Catarina entró y, mientras esperaba, examinó discretamente la habitación.
Tal como Enzo le había explicado, había dos puertas.
Una por la que acababa de entrar.
Y otra al lado opuesto del salón.
[Perfecto. Dos salidas. Una para entrar y otra para escapar de las consecuencias de mis decisiones].
Se acercó a una ventana y fingió admirar los jardines.
No había visto a Enzo.
Eso no significaba que no estuviera allí.
[Espero que el guapo esté escuchando. Por favor, universo, no me hagas pasar por todo esto para descubrir que el hombre decidió irse a revisar sus documentos comerciales].
Por un momento, se sintió incómoda.
Enzo era un hombre honorable. No debía de resultarle agradable escuchar una conversación privada entre su esposa y otra mujer, mucho menos sin que Mary lo supiera.
Pero Catarina necesitaba que él viera algo por sí mismo.
No podía llegar a la residencia y acusar a la duquesa de ser una asesina basándose únicamente en unas visiones que nadie más había presenciado. Ni siquiera ella sabía si el envenenamiento había comenzado.
Necesitaba pruebas.
Y, por ahora, lo único que podía hacer era conseguir que Mary dejara de fingir delante de su esposo.
[Una cosa a la vez, Catarina. Primero el engaño. Después el veneno. Y, finalmente, salvar al guapo. Plan sencillo].
La puerta se abrió.
Mary Rossi entró acompañada por dos doncellas.
Su aspecto era exactamente el que Catarina esperaba.. el rostro pálido, los hombros caídos y una expresión de agotamiento tan cuidadosamente construida que habría convencido a cualquiera que no conociera la verdad.
Mary avanzaba despacio, apoyándose en las doncellas como si cada paso le costara un esfuerzo extraordinario.
—Señorita Parisi. Le ruego que disculpe mi demora. Mi salud no me permite atender a mis invitados como quisiera.
Catarina sonrió con entusiasmo.
—¡Duquesa! No se preocupe. Me alegra mucho poder conocerla finalmente.
Mary parpadeó, desconcertada.
Esperaba una mujer incómoda, quizá nerviosa, que intentara ganarse su simpatía. No aquella joven que parecía genuinamente encantada de verla.
—¿Desea que las doncellas permanezcan aquí?
Catarina miró a las dos mujeres y luego volvió los ojos hacia la duquesa.
—Si no le molesta, preferiría que conversáramos a solas. Hay algunos asuntos personales que me gustaría comentarle.
Mary vaciló.
Sus ojos recorrieron el salón, como si quisiera asegurarse de que no había nadie más presente.
—Por supuesto. Pueden retirarse.
Las doncellas obedecieron y cerraron la puerta.
Cuando quedaron solas, Catarina sintió que su corazón se aceleraba.
[¡La tengo!].
Se contuvo para no reír.
[Ahora sí, Mary. Malvada, asesina, envenenadora en potencia. Vamos a descubrir qué tan convincente eres cuando no tienes público al que impresionar].
Al principio, todo transcurrió con absoluta normalidad.
Hablaron del clima, de las actividades de las familias nobles y de los negocios de los Parisi. Mary preguntó por los viñedos, mientras Catarina respondió con entusiasmo, mencionando las exportaciones y las nuevas rutas comerciales.
La duquesa parecía interesada.
O, al menos, lo suficiente para no parecer descortés.
Catarina también preguntó por la familia Rossi y escuchó algunas anécdotas sobre las propiedades del ducado.
Si alguien hubiera entrado en aquel momento, habría encontrado a dos damas conversando tranquilamente.
Pero Catarina estaba esperando.
Y Mary también parecía estar esperando algo.
Finalmente, la duquesa se llevó una mano al pecho y fingió una pequeña tos.
—Debo admitir que me sorprendió que aceptara mi invitación, señorita Parisi. Mi esposo me ha comentado que ustedes mantienen una relación comercial bastante activa.
—Así es. El duque es un excelente socio.
Mary bajó ligeramente la mirada.
—No sabía que era tan cercana a mi esposo.
Ahí estaba.
Catarina casi pudo escuchar el sonido de una puerta abriéndose en su cabeza.
[¡Excelente! ¡Ha llegado el momento de la estrategia! Ahora hablaremos bajito, provocaremos una reacción y el duque descubrirá que esta mujer tiene más energía que un caballo de guerra].
Catarina se acercó un poco.
—Duquesa, hay algo que quizá debería saber.
Mary la miró con cautela.
—¿De qué se trata?
Catarina se inclinó hacia ella y le susurró al oído..
—Estoy cerca del duque porque me gusta.
Mary se apartó bruscamente.
—¡¿Cómo se atreve?!
Su voz resonó por el salón.
Catarina tuvo que contener una sonrisa.
[Bien. Resulta que Mary es tonta. Muy tonta. Esto está siendo mucho más sencillo de lo que esperaba].
—Oh, duquesa.. No se altere. Solo estoy siendo sincera.
—¡Usted es una desvergonzada!
Catarina volvió a inclinarse hacia ella.
—Y eso no es todo. Me gustaría llevarlo a mi cama.
Mary se quedó paralizada.
Durante un segundo, su rostro dejó de parecer el de una mujer moribunda.
Y entonces explotó.
—¡¿Qué clase de mujer es usted?! ¡Es una puta!
Catarina se llevó una mano al pecho, fingiendo estar profundamente conmovida.
—¡Duquesa! Qué palabras tan fuertes. Y yo que pensaba que podríamos ser amigas.
—¡Aléjese de mi esposo!
—Pero es que me encantan sus besos.. Y su voz cuando susurra mi nombre...
Mary abrió los ojos con una mezcla de furia e incredulidad.
Catarina suspiró teatralmente.
—Algún día, duquesa, seré la única mujer en su vida.
[Perdóname, Enzo. Si algún día te enteras de las barbaridades que estoy diciendo, espero que recuerdes que lo hago por tu bien. ¡Y porque esta mujer necesita urgentemente perder la paciencia!].
Mary había olvidado por completo su papel de esposa delicada.
Se incorporó de golpe.
Sin apoyarse en las doncellas.
Sin vacilar.
Sin mostrar la menor señal de debilidad.
Catarina observó el movimiento con una satisfacción casi científica.
[¡Ajá!].
Mary avanzó hacia ella con tanta rapidez que Catarina apenas tuvo tiempo de retroceder.
—¡Maldita ofrecida! ¡Jamás te permitiré acercarte a mi esposo!
—¡Vaya! ¡Qué recuperación tan extraordinaria!
Mary no la escuchó.
Se abalanzó sobre ella y le agarró el cabello.
—¡Eres una maldita Parisi! ¡Crees que puedes conseguir todo con tu dinero!
—¡Ay! ¡Mi cabello! ¡Duquesa, tenga cuidado! ¡Este peinado me costó una fortuna!
Mary tiró con más fuerza.
Catarina sintió que se le saltaban las lágrimas.
[¡Lo que tengo que soportar por salvarle la vida al guapo duque! ¡En mi otra vida jamás me imaginé que moriría una segunda vez por culpa de una pelea con la esposa del hombre que me gusta!].
—¡Jamás me quitarás al duque! ¡Jamás!
—¡Pero si yo solo estoy hablando de sus besos!
—¡Cállate!
Mary le dio un empujón.
Catarina perdió el equilibrio y ambas tropezaron con una pequeña mesa. Un jarrón se tambaleó peligrosamente antes de caer al suelo y hacerse añicos.
El ruido resonó por toda la habitación.
—¡Mi jarrón! ¡Ni siquiera es mío! ¡Todavia!
Mary volvió a agarrarla por los hombros.
—¡El duque morirá siendo mi esposo! ¡¿Me oyes?! ¡Morirá siendo mío!
Catarina dejó de forcejear por un instante.
Ahí estaba.
No era una declaración ambigua. No era un insulto lanzado en medio de una discusión cualquiera.
Mary acababa de pronunciar aquellas palabras con una rabia tan intensa que parecía haber olvidado dónde estaba y quién podía escucharla.
[¿Qué acabas de decir, querida?].
El corazón de Catarina comenzó a golpearle el pecho.
[¡Vamos, Enzo! ¡Dime que estás escuchando! ¡Por favor, dime que no me he dejado arrancar media cabellera en vano!].
Mary la sacudió de nuevo.
—¡No tienes idea de lo que soy capaz de hacer!
—En este momento tengo una idea bastante clara. Al menos sabemos que no está demasiado débil para una pelea.
—¡Nunca estuve enferma! ¡Pero te mataré ahora mismo, maldita Parisi!
El salón quedó en silencio durante una fracción de segundo.
Catarina sintió que todo su cuerpo se tensaba.
[¡Lo dijo!].
Mary también pareció darse cuenta de que había hablado demasiado tarde.
Pero ya no podía detenerse.
Estaba fuera de sí, con el cabello desordenado y el rostro enrojecido por la furia. Su actuación de mujer frágil había desaparecido por completo.
—¡Tú no vas a quitarme nada! ¡Ni mi título, ni mi fortuna, ni a mi esposo!
—¡Pero si yo no quiero su título! ¡Yo solo quiero que el hombre siga respirando!
La frase salió de su boca antes de que pudiera pensarla.
Mary no pareció comprenderla.
Volvió a tirar de su cabello y Catarina soltó un grito de dolor.
—¡Suélteme, mujer! ¡¿No se supone que está usted enferma?!
—¡Cállate!
—¡Duquesa, le juro que jamás volveré a hablar mal de su peinado!
—¡Te mataré!
—¡Eso ya lo ha dicho!
Solo Catarina al natural