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Destinados Por Accidente

Destinados Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Romance / Pareja destinada / Familias enemistadas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Dos haciendas. Dos familias. Una rivalidad que ha sobrevivido durante generaciones.

Lara Dávila nunca imaginó que el hombre que la observaba a escondidas junto al arroyo terminaría convirtiéndose en el hombre que cambiaría su vida. Mucho menos que, después de golpearlo con una piedra y huir, él juraría encontrarla y hacerla su esposa.

Izan Orellana ha regresado a la hacienda familiar para hacerse cargo del legado de sus padres. Lo último que esperaba era enamorarse a primera vista de la hija de sus eternos enemigos.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11

La mañana en la hacienda Dávila comenzó con el aroma del café recién preparado y el sonido de los empleados que ya se encontraban ocupados con las labores del día.

Después del desayuno familiar, Lara se levantó de la mesa, tomó una carpeta que había dejado sobre una silla y miró a su hermana menor, que todavía disfrutaba tranquilamente de su última taza de café.

—Selina, cuando termines, te espero en la oficina.

Selina levantó la mirada lentamente.

—¿En la oficina? ¿Para qué?

Lara sonrió de esa manera que su hermana conocía demasiado bien. No era una sonrisa amable, sino la expresión de alguien que ya había organizado el día entero y no pensaba aceptar objeciones.

—Tenemos trabajo pendiente.

La sonrisa de Selina desapareció.

—¿Trabajo? Lara, es muy temprano para hablar de esas cosas.

—Precisamente por eso. Es mejor comenzar temprano y terminar a una hora razonable.

—¿Y si comenzamos un poco más tarde y terminamos… cuando terminemos?

—No.

Selina dejó escapar un suspiro dramático y miró a su madre, Alondra, buscando algo de apoyo. Sin embargo, Alondra se limitó a sonreír mientras recogía su servilleta.

—Hazle caso a tu hermana, Selina. Te vendrá bien aprender a ser un poco más organizada.

—¡Mamá! ¿Tú también?

—No sé de qué te sorprendes —respondió Alondra—. Lara lleva días pidiéndote que la ayudes.

—¡Pero yo la ayudo!

Lara arqueó una ceja.

—¿Cuándo fue la última vez que revisaste conmigo los registros de alimentación de los caballos?

Selina abrió la boca, dispuesta a responder, pero se quedó pensativa.

—Bueno… eso no viene al caso.

—¿Y los inventarios de los suministros?

—Lara…

—¿Y las facturas que te pedí que ordenaras la semana pasada?

Selina se llevó una mano al pecho, fingiendo estar profundamente herida.

—No sabía que estaba viviendo con una jefa tan exigente.

—Y yo no sabía que tenía una hermana tan perezosa, recuerda que ayer me prometiste que lo harías.

Ramiro soltó una carcajada desde el otro extremo de la mesa.

—Eso te pasa por intentar escapar siempre de las responsabilidades, hija.

Selina lo miró con indignación.

—Papá, pensé que podía contar contigo.

—Puedes contar conmigo para recordarte que tu hermana tiene razón.

Lara sonrió, satisfecha.

—Te espero en diez minutos.

—¿Diez minutos? —repitió Selina—. ¿No pueden ser treinta?

—Diez.

—Veinte.

—Cinco, si sigues negociando.

Selina se levantó de inmediato.

—¡Diez minutos está perfecto!

Lara soltó una pequeña risa y salió del comedor con la carpeta bajo el brazo.

Selina la observó alejarse y después dejó caer la cabeza sobre la mesa.

—Algún día voy a escapar de esta hacienda.

—Y cuando lo hagas, no olvides avisarnos para prepararte una despedida —comentó Ramiro, divertido.

—Muy gracioso, papá. Muy gracioso.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Diez minutos después, Selina apareció en la oficina de Lara con el cabello recogido en una coleta, una libreta bajo el brazo y la expresión de alguien que estaba a punto de enfrentarse a una tragedia.

Lara ya se encontraba sentada detrás del escritorio, revisando varios documentos.

—Llegas puntual —comentó sin levantar la mirada.

—No te acostumbres.

—Siéntate.

Selina obedeció a regañadientes y miró los papeles que su hermana había colocado sobre el escritorio.

—Por favor, dime que no vamos a pasar toda la mañana haciendo esto.

—Depende de lo rápido que trabajes.

—¿Y si trabajo lentamente?

Lara levantó la mirada.

—Entonces pasarás aquí todo el día.

Selina apretó los labios.

—A veces pienso que disfrutas torturándome.

—Solo cuando me das motivos.

Lara deslizó una carpeta hacia ella.

—Necesito que revises las facturas de los últimos pedidos, compruebes las cantidades que aparecen en los registros y señales cualquier diferencia. Después ordenarás los documentos por fecha y proveedor.

Selina contempló la carpeta como si su hermana acabara de entregarle una sentencia.

—¿Todo eso?

—No, Selina. También tendrás que levantar una montaña, cruzar un río y alimentar a los caballos con una cuchara.

Su hermana la miró con los ojos entrecerrados.

—No tienes que burlarte de mí.

—Entonces no me hagas preguntas cuya respuesta está delante de ti.

Selina tomó la carpeta y comenzó a revisar los documentos. Durante los primeros minutos trabajó en silencio, aunque cada cierto tiempo soltaba un suspiro exagerado para recordarle a Lara lo mucho que estaba sufriendo.

Lara, acostumbrada a sus dramatismos, continuó con sus propios asuntos.

—Lara…

—¿Qué?

—¿Cuánto falta para terminar?

—Acabas de empezar.

—Lo sé, pero me gusta tener una idea de cuánto durará mi condena.

—Si dejaras de quejarte, terminarías antes.

Selina volvió a bajar la mirada hacia los papeles.

—Un día de estos voy a escribir un libro sobre ti.

—Procura que tenga buena ortografía.

—Se llamará Mi hermana, la tirana de los Dávila.

Lara soltó una carcajada.

—Cuando lo publiques, te contrataré para organizar los ejemplares por fecha de impresión.

Selina le lanzó una mirada ofendida y continuó trabajando.

A pesar de sus quejas, no era irresponsable cuando realmente se lo proponía. Simplemente prefería cualquier actividad que le permitiera divertirse antes que pasar horas entre números, facturas y documentos. Poco a poco, comenzó a comparar las cantidades, anotar las diferencias y organizar los registros.

Al cabo de un rato, Lara se acercó a su escritorio para comprobar el avance.

—Vas bien.

Selina levantó la cabeza, sorprendida.

—¿Eso ha sido un elogio?

—No te emociones. Todavía te queda trabajo.

—Retiro lo dicho. Eres una tirana.

Lara sonrió y le acomodó un documento que había quedado fuera de lugar.

—Cuando termines, podrás hacer lo que quieras durante el resto de la tarde.

Los ojos de Selina se iluminaron.

—¿Lo que quiera?

—Siempre que no me dejes otra montaña de trabajo pendiente para mañana.

—¡Trato hecho!

Y, por primera vez aquella mañana, Selina volvió a sus documentos sin protestar.

Aunque, mientras revisaba las facturas, no pudo evitar que sus pensamientos se desviaran hacia un hombre de sonrisa encantadora y mirada cálida.

Adriel.

Se preguntó si le escribiría nuevamente y si tendría la oportunidad de verlo pronto. Una sonrisa distraída apareció en sus labios.

—¿De qué te ríes? —preguntó Lara desde su escritorio.

Selina se sobresaltó.

—¡De nada!

Lara la observó con desconfianza.

—Más te vale que estés trabajando.

—¡Estoy trabajando!

Y volvió a inclinarse sobre los documentos, aunque la sonrisa tardó bastante en desaparecer de su rostro.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Mientras tanto, en la hacienda Orellana, Izan y Adriel habían comenzado la jornada mucho antes de que el sol alcanzara su punto más alto.

Después del desayuno, ambos se reunieron en el despacho para revisar los informes de producción, los gastos de mantenimiento y las tareas pendientes en las instalaciones. Sael les había dejado varios asuntos que requerían atención, especialmente ahora que Izan había regresado para asumir una mayor responsabilidad en la administración de la hacienda.

Sobre el escritorio había carpetas con registros de los animales, facturas de proveedores, presupuestos para reparar parte de las cercas y una lista de materiales que debían solicitar antes de que terminara la semana.

Izan examinaba uno de los informes con atención.

—El gasto en alimento aumentó más de lo que esperaba —comentó—. Quiero que revisemos las cantidades que se están comprando y comprobemos si corresponden al número de animales que tenemos.

Adriel tomó una libreta y anotó la indicación.

—Puedo encargarme de revisar los pedidos y hablar con el encargado de los establos.

—Hazlo. También necesitamos inspeccionar las cercas del sector norte. Si seguimos aplazando las reparaciones, terminaremos gastando el doble.

—Me ocuparé de eso mañana.

Izan levantó la mirada.

—Hoy.

Adriel dejó caer el bolígrafo sobre la mesa.

—¿Hoy? ¿No tienes pensado dejarme respirar en algún momento?

—Puedes respirar mientras inspeccionas las cercas.

—Qué generoso eres.

Izan sonrió brevemente y volvió a los documentos.

La conversación continuó durante un buen rato. Ambos conocían la hacienda, pero el regreso de Izan había puesto sobre la mesa decisiones que necesitaban revisar con cuidado. Adriel era una de las pocas personas en las que Izan confiaba plenamente, por lo que acostumbraban distribuirse las tareas y discutir las decisiones importantes antes de llevarlas a cabo.

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Maya
Que bueno otra historia con imagenes
Yadira Alvarez
vamos con esta también que locura 🤦
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