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Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

En mi vida anterior amé hasta destruirme.
Soporté cada traición creyendo que el amor debía doler.
Morí rota.
Desperté años atrás con una sola promesa: esta vez no vuelvo contigo.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Lo que duele más que el silencio

Lo que duele más que el silencio

El segundo día sin contestarle a Mateo se sintió diferente.

Ya no era solo resistencia. Era un vacío raro, como si hubiera dejado de sostener algo pesado y ahora los brazos me dolían por la costumbre de cargarlo. Me desperté con el teléfono todavía apagado dentro del cajón. Lo había puesto ahí la noche anterior porque no confiaba en mi propia debilidad.

Lucas ya no estaba en la cama. Escuché ruidos en la cocina y el olor a tostadas quemadas. Sonreí un poco. Él nunca había sido bueno cocinando cuando estaba nervioso.

Bajé con el cabello todavía enredado y la misma remera grande de la noche anterior. Lucas me miró por encima del hombro y levantó una ceja.

—Sigues sin prenderlo —dijo, señalando con la cabeza el lugar donde normalmente dejábamos los teléfonos.

—Sí.

—Mateo vino hace una hora.

Me detuve en seco.

—¿Qué?

—Tocó el timbre. Le dije que no estabas. No le abrí. Se quedó un rato en el pasillo antes de irse. Dejó otra cosa.

Señaló la mesa. Había una bolsa de papel craft y un sobre blanco con mi nombre escrito en su letra. Esa letra que antes me hacía sonreír y ahora me revolvía el estómago.

No toqué la bolsa.

Me serví café y me senté lo más lejos posible de ella.

Lucas se sentó enfrente, mordiendo una tostada que claramente estaba más negra de un lado.

—¿Cuánto tiempo piensas aguantar esto? —preguntó sin rodeos.

—El que sea necesario.

—Él no va a dejar de insistir. Tú lo conoces.

—Lo conozco demasiado. Por eso estoy haciendo esto.

Lucas bajó la mirada al plato. Estuvo callado un rato largo. Después habló en voz muy baja:

—Thiago me canceló ayer. Otra vez. Dijo que tenía una reunión familiar de último momento.

El corazón se me apretó.

—¿Le creíste?

—Quise creerle. Me mandó una foto de una mesa llena de gente. Pero… no sé. Hay algo en su cara últimamente. Como si estuviera en dos lugares al mismo tiempo.

Me quedé mirándolo. En mi vida anterior, esas “reuniones familiares” habían sido una de las mentiras más usadas. Thiago tenía novia. Una chica de su facultad que no sabía nada de Lucas. Y Lucas no sabía nada de ella. El triángulo imperfecto que al final había destrozado a mi hermano en silencio.

Esta vez la rabia me subió más rápido.

—Lucas… ¿alguna vez le has preguntado directamente qué son ustedes?

Él soltó una risa amarga.

—Claro. Me dice que le gusto, que nunca había sentido algo así, pero que necesita tiempo. Que su familia es complicada. Que todavía no está listo para presentarme. Y yo… me trago todo porque cuando estamos juntos parece verdad.

Las mismas frases.

Las mismas migajas.

Me levanté, rodeé la mesa y me agaché frente a él. Le tomé las manos.

—Escúchame bien. Tú no eres un secreto. No eres alguien a quien se esconde. Si él no puede mirarte de frente delante de todo el mundo, entonces no te está eligiendo. Te está usando para llenar un espacio mientras decide qué hacer con su vida real.

Lucas apretó la mandíbula. Los ojos se le llenaron de agua, pero no dejó que cayeran.

—Duele escucharlo —susurró.

—Lo sé. A mí también me dolió cuando me lo dije a mí misma.

Él se inclinó hacia adelante hasta apoyar la frente en mi hombro. Nos quedamos así un rato, en la cocina iluminada por la luz de la mañana, sosteniéndonos mutuamente para no caer.

Después me levanté y miré la bolsa que Mateo había dejado.

La abrí.

Dentro había un collar delicado. El mismo que yo había mirado en una joyería meses atrás (en esta línea temporal) y que él había dicho que era demasiado caro. También había una nota:

“Perdón por ser un idiota. No sé funcionar bien sin ti. Te quiero. — M”

Dejé el collar sobre la mesa como si quemara.

—Qué típico —murmuró Lucas—. Primero te hace sentir culpable y después te compra algo lindo.

—Exacto.

Guardé el collar en la caja de las cosas de Mateo. La misma caja que todavía no me atrevía a tirar. Después tomé el sobre y lo dejé sin abrir junto al resto.

Esa tarde decidí salir.

Necesitaba aire. Necesitaba ver que el mundo seguía girando aunque yo hubiera dejado de responderle a Mateo Vargas. Me puse unos jeans, una blusa simple y salí sin maquillaje. El simple acto de no prepararme como si fuera a verlo ya se sentía como una pequeña victoria.

Caminé sin rumbo hasta el café que quedaba a tres cuadras. Pedí un latte y me senté en una mesa del fondo, junto a la ventana. Saqué la libreta y seguí anotando. Fechas. Mentiras. Patrones. Cada vez que escribía “Mateo mintió sobre…”, la rabia se volvía un poco más fría y útil.

Estaba tan concentrada que no noté cuando alguien se detuvo junto a mi mesa.

—¿Está ocupada esta silla?

Levanté la vista.

Era un hombre que no conocía. Alto, traje oscuro impecable, reloj discreto pero caro. Tenía el cabello negro peinado hacia atrás y una cicatriz pequeña apenas visible en la ceja izquierda. Sus ojos me estudiaron con una calma que no era común.

—No… puede usarla —respondí por educación.

Él no se sentó. Solo asintió ligeramente.

—Gracias. Solo necesitaba preguntar. Buen día.

Se fue hacia otra mesa. No volví a mirarlo. Pero algo en su presencia se me quedó grabado. Como si el aire hubiera cambiado un segundo.

Más tarde, cuando volví a casa, Lucas estaba en la sala con el teléfono en la mano. Tenía los ojos rojos.

—Me mandó mensaje —dijo sin que yo preguntara—. Dice que extraña. Que quiere verme esta noche.

Me senté a su lado.

—¿Y tú qué quieres?

Lucas se pasó las manos por la cara.

—Quiero que me elija. Completo. Sin esconderse. Y al mismo tiempo tengo miedo de que, si le pido eso, lo pierda.

Me quedé callada. No tenía respuestas fáciles. Solo tenía el eco de mi propia historia.

—Entonces no le pidas todavía —dije al fin—. Pero tampoco te hagas más pequeño. Queda con él si quieres. Pero observa. Fíjate si cuando están juntos él te mira como si fueras un secreto… o como si fueras alguien que merece estar a la luz.

Lucas asintió despacio.

Esa noche no pude dormir.

A las dos de la madrugada encendí el teléfono. Tenía diecisiete mensajes de Mateo y cuatro llamadas perdidas. El último mensaje decía:

“Si no me respondes mañana voy a suponer que esto se acabó. Y no creo que quieras eso, Valeria.”

Leí la frase varias veces.

Era una amenaza disfrazada de preocupación.

El tipo de manipulación que antes me hacía correr a pedirle perdón.

Esta vez dejé el teléfono otra vez en el cajón.

Me acosté mirando el techo y me repetí en voz baja:

—Si se acaba… que se acabe.

Pero el pecho me dolía como si alguien hubiera apretado demasiado fuerte.

Porque aunque hubiera renacido…

aprender a no volver seguía doliendo como la primera vez.

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BL Autor 🌈
Me tocó analizar de nuevo y empezar a reescribir la historia, desde el episodio 18, les prometo que subiré lo más rápido posible cuando tengas las correcciones, quiero hasta llorar de la vergüenza, pero soy humano y me equivoco, para alguien como yo que le puso esmeró a la historia y no la analizó bien, me tocó leerla nuevamente y empezar a corregir, nuevamente me disculpo, espero que lo disfruten, tome en tiempo de leerla
BL Autor 🌈
¡ANUNCIO IMPORTANTE!, algunos pudieron notar que ya iba por el episodio 40, dado el caso sufrí un pequeño regaño de parte de mi editora jajaj, el borrador que usé lo subí con tanta emoción que no me di de cuenta que desde el episodio 18 en adelante la historia perdía su ritmo, se perfectamente que personas ya iban adelantadas y las que no, ofrezco una disculpa, pido una oportunidad, ya que soy un nuevo autor y me cuesta hacer las cosas bien por más que lo intento
Victor Cueto
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