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PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Mafia / Amor prohibido
Popularitas:21.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Un golpe familiar, una traición lleva a Maya Velini a la quiebra, literal casi a la calle. Pero un hombre más que peligroso le propone un trato. Un matrimonio, la Joven rica de apellido aristocrático lavaría la sangre de un mafioso salido de la nada. Dante Caruso

¿Quien gana? ¿Quien pierde?

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6 APRENDER A SER POBRE

El abogado de oficio fue quien le dijo el número.

No era Sebastián Aguirre, el abogado de la familia, el de los trajes caros y la sonrisa falsa que las había abandonado en la comisaría.

Ese hombre había desaparecido tan pronto como las cuentas se congelaron, como una cucaracha que huye cuando se enciende la luz. Este era otro.

Un hombre pequeño, de lentes gruesos y traje marrón que había visto días mejores, que la había llamado porque alguien le había pasado su número en algún despacho judicial, en algún intercambio de favores que Maya no alcanzaba a comprender.

—¿Quinientos mil pesos? —repitió Maya.

Lo dijo en voz alta, como si cambiar el orden de las palabras, como si pronunciarlas con una entonación distinta, pudiera reducir la cifra. Quinientos mil.

Cincuenta veces diez mil. Una fortuna. Una broma de mal gusto.

—Es la fianza —respondió el abogado, con una paciencia que sonaba más a costumbre que a empatía—. Su padre tiene la audiencia preliminar en cuarenta y ocho horas. Si no pagamos antes, queda en prisión preventiva hasta el juicio. Eso puede llevar meses. O años.

Maya sintió que el suelo se movía debajo de sus pies. Meses. Años. Su padre, un hombre de sesenta y tres años, con problemas de presión alta y una rodilla que le dolía cuando cambiaba el clima, encerrado en una celda durante meses o años.

Su padre, que nunca había dormido fuera de su cama, que tenía pesadillas si la habitación no estaba a la temperatura exacta, compartiendo espacio con asesinos y ladrones.

—Pero es inocente —dijo Maya, y su voz sonó pequeña, tan pequeña que apenas la reconoció.

El abogado la miró a través de la pantalla del teléfono. No, no podía verla. Pero Maya imaginó su mirada, esa que había visto tantas veces en las caras de los funcionarios públicos, en los policías, en los vecinos del barrio.

Una mirada de ternura cansada. La misma que tienen los médicos de urgencias después de la décima hora de turno. La misma que tienen los maestros en escuelas marginales. La mirada de quien ha visto mil casos iguales y sabe que el desenlace casi siempre es el mismo.

—Señorita Velini —dijo, y el título sonó casi como un insulto en aquel contexto de pobreza recién estrenada—, eso ya no importa. Importa el dinero.

Maya colgó.

No dijo adiós. No dio las gracias. Sus dedos presionaron la pantalla y la llamada se cortó, dejando un silencio denso, pegajoso, que se adhirió a las paredes del departamento como la humedad del callejón.

Se quedó sentada en el borde de la cama de su madre, el colchón vencido hundiéndose bajo su peso, los muelles crujiendo con cada pequeño movimiento.

Renata dormía a su lado, pero no era un sueño tranquilo. Su respiración era entrecortada, irregular, como la de alguien que incluso en el descanso sigue peleando batallas invisibles.

El ansiolítico que el doctor Hinojosa le había recetado la mantenía sedada la mayor parte del día, pero los efectos secundarios la dejaban aturdida, ausente, como una figura de cera.

Maya abrió el móvil. El brillo de la pantalla iluminó su rostro en la penumbra. Revisó sus contactos, uno por uno, como quien revisa un álbum de fotos de una vida que ya no existe.

Amigas de la universidad. Compañeras de equitación. Primos lejanos. Hijas de los socios de su padre. Amigos de sus padres. Gente con la que había compartido vacaciones en la costa, cenas de gala, fiestas de cumpleaños en mansiones con piscina climatizada.

Trescientos cuarenta y siete contactos.

Maya empezó a llamar.

*_*

La primera fue Valentina. Compañera de la facultad de Historia del Arte. Habían ido juntas a París en un viaje de estudios, compartiendo habitación de hotel y botellas de vino barato en los cafés del Marais.

Valentina provenía de una familia adinerada, no tanto como los Velini, pero lo suficiente para que quinientos mil pesos no fueran una locura.

—Oye, Vale —dijo Maya, forzando una normalidad que no sentía—. Necesito un favor.

—Dime.

—Necesito dinero. Un préstamo. Mucho.

—¿Cuánto?

—Quinientos mil.

Silencio. Maya podía escuchar el titubeo en la respiración de Valentina, el cálculo mental, la evaluación de riesgos.

—Maya… ¿para qué?

—No puedo decírtelo. Pero es urgente. De verdad.

—Lo siento —dijo Valentina, y su voz sonó sincera, o al menos Maya quiso creer que lo era—. Ahora mismo no puedo. Tengo mis propios gastos, el departamento, la universidad…

Maya no insistió. Colgó. Pasó a la siguiente.

Marcela. Compañera de equitación. Su padre era abogado, socio de un bufete importante.

Su madre organizaba eventos benéficos, igual que Renata. Si alguien podía entender su situación, era Marcela.

—Necesito quinientos mil pesos —dijo Maya, esta vez sin rodeos, sin la cortesía del preámbulo.

—¿Estás loca? —Marcela soltó una risa seca, incrédula—. Maya, todo el mundo sabe lo de tu padre. Lo de las cuentas congeladas, lo de la empresa, lo del tío. No voy a meterme en ese lío.

—¿Lío? —Maya sintió cómo la sangre le hervía—. Mi padre es inocente.

—Eso dicen todos. Mira, te quiero, de verdad, pero no puedo arriesgarme. Mis padres me matan. Lo siento.

Lo siento. Esa palabra. Esa maldita palabra vacía que la gente dice cuando no quiere decir "no me importas lo suficiente".

Maya colgó. Llamó a la siguiente. Y a la siguiente. Y a la siguiente.

Un patrón se repitió una y otra vez: silencio incómodo, excusa educada, un "lo siento, ahora no puedo" que sonaba a ensayado, a coreografiado, a mentira.

1
Sandra Maritza Mesa
que tristeza que al final de todo los conocidos o amigos no cuentan en una situación de esta esta sola ni siquiera su madre que no pudo soportar un golpe de esos
Sandra Maritza Mesa
pero su tío no apareció ni por hipocresía
𝔻𝔾
Excelente
Nancy Garcia
Maya, demasiado exigente 🤭
Suleima Dominguez Guzman
excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
felicitaciones autora excelente novela me encanta
Gabriel Jiménez Carrera
¿Literal o metafórico? 🤔
Gabriel Jiménez Carrera
Teniendo una vida así es fácil dar por sentado las cosas importantes.
Gabriel Jiménez Carrera
Impresionante!!!
Pepe miau 2 el regreso xd
Es una novela?
Suleima Dominguez Guzman
te felicito excelente novela gracias por escribir
Kimm
La Mejor Autora Lean Sus Novelas No Se Van A Arrepentir
Elvira Fretes
excelente!
Elvira Fretes
wow, excelente historia bella Adrianex, me encanta una historia diferente como todas, pero intensa y llena de escrucijada como todas ☺️, felicitaciones bella Adrianex ❤️
Elvira Fretes
Maya, es hora que aprendas a defenderte porque esto recién comienza
Elvira Fretes
wow, creo que Dante esperaba ese ataque
Elvira Fretes
Bueno algo está comenzando, Maya demostró ser fuerte y Dante estuvo a su lado
Elvira Fretes
Maya, no te queda de otra, la frente bien alta, para que esos hipócritas sepan que a un Velini nadie lo derrota
Elvira Fretes
Mateo es una basura, espero que Dante esté un paso adelante
Elvira Fretes
Dante, Maya te gusta más de lo que podés admitir
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