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La satisfacción de ser subestimada

La satisfacción de ser subestimada

Status: Terminada
Genre:Doctor / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:161
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Ariana Montero es, a los ojos de todos, una esposa insignificante.

Su suegra la humilla en cada cena. Su esposo, Simón Valverde, la exhibe como un adorno inútil mientras pasea a su amante del brazo frente a la familia. Nadie le pregunta adónde va por las noches. Nadie sospecha que debajo del vestido sencillo y el silencio calculado se esconde una de las cirujanas cardíacas más brillantes del país.

Cuando un misterioso inversionista llamado Santiago Guerrero la recluta para dirigir un ambicioso proyecto médico, los dos mundos de Ariana comienzan a colisionar. En el hospital es la "Doctora Genio", una leyenda anónima cuyos dedos han salvado vidas que otros daban por perdidas. En casa sigue siendo la mujer a la que nadie toma en serio.

Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

A medida que su identidad se resquebraja, Ariana descubre algo mucho más peligroso que un matrimonio roto: la muerte de sus padres —dos médicos célebres que perecieron en un supuesto accidente automovilístico— fue un asesinato orquestado por las mismas familias que hoy la rodean. Un hombre con el rostro marcado por cicatrices, un tío político con las manos sucias y una suegra cuya elegancia esconde complicidad van tejiendo un rompecabezas que lleva veinticinco años enterrado.

Entre conspiraciones familiares, traiciones inesperadas, bisturís y balas, Ariana deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para honrar la memoria de quienes le dieron la vida... y si el hombre que le ofrece protección merece también su confianza.

Porque en esta historia, ser subestimada no es una debilidad.

Es una ventaja.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

La noche ya estaba muy avanzada cuando el auto de Simón se detuvo frente a su casa. La tenue luz del jardín reflejaba la sombra de un hombre que caminaba con paso inestable hacia la puerta.

El olor a alcohol era intenso.

La puerta se abrió de golpe.

En la sala, Mariana, que estaba sentada en el sofá, se puso de pie sobresaltada.

—¿Simón? ¿Recién llegas?

Pero Simón no dio una respuesta clara. Arrojó el saco sobre el sofá con brusquedad y se tambaleó hasta la barra.

Abrió una botella de whisky sin vacilar, se sirvió un vaso y lo vació de un solo trago.

Mariana frunció el ceño.

—¿Estuviste bebiendo otra vez?

Simón soltó una risa baja, una risa que sonaba amarga.

—¿Bebiendo? —murmuró—. Debería haber empezado hace mucho.

Volvió a servirse whisky.

Mariana se acercó, algo preocupada. Nunca lo había visto tan furioso.

—¿Qué pasó? —preguntó con suavidad—. ¿Ocurrió algo en la fiesta?

Simón la miró de repente, los ojos enrojecidos y cargados de emoción.

—Ariana...

El nombre salió de sus labios con voz pesada.

Mariana se tensó al instante.

—¿Ariana?

Simón rio otra vez, esta vez más fuerte.

—¿Sabes algo gracioso?

Alzó el vaso ligeramente y bebió otro trago.

—Esa mujer... resulta que todo este tiempo se estuvo burlando de mí.

Mariana no entendía.

—¿De qué hablas?

Simón se recargó en la barra con la respiración pesada, cerró los ojos un momento y luego dijo con voz ronca:

—Ariana... es... la Doctora Genio.

Mariana se quedó petrificada.

Así que Simón finalmente lo descubrió.

Durante varios segundos ni siquiera pudo reaccionar.

Simón rio con amargura.

—Gracioso, ¿no?

Golpeó la barra con suavidad.

—Todo este tiempo viví con una mujer así... y nunca supe quién era realmente.

Mariana apretó los puños sin darse cuenta. Intentó calmarse y se acercó a Simón con dulzura.

—Simón... tal vez estás confundido. Ariana es inteligente, pero...

—¡Cállate! —Simón estalló de pronto.

Mariana enmudeció.

Simón la miró con el rostro descompuesto.

—¡Todo esto... es por tu culpa!

Mariana abrió los ojos de par en par.

—¿¡Qué!?

Simón se puso de pie con dificultad.

—Si no hubieras aparecido en mi vida... si no me hubieras estado provocando y buscándome...

Su voz se elevó.

—¡Yo no habría traicionado a Ariana!

Mariana sintió como si le hubieran vaciado un balde de agua helada.

—Simón, tú fuiste quien eligió...

—¡Porque tú no dejabas de buscarme! —la cortó con brutalidad.

Sus ojos estaban enrojecidos de furia.

—Ariana... ¡ella es mejor que tú en todo!

Simón rio con amargura.

—Es hermosa... brillante... hasta el mundo médico la venera.

Clavó en Mariana una mirada gélida.

—¿Y tú?

Mariana se mordió el labio.

Simón habló con una voz que cortaba como cuchillo.

—Tú no eres nada.

La frase se sintió como una bofetada.

Simón continuó sin compasión alguna.

—Solo una doctora mediocre... sin ninguna habilidad especial. Ni siquiera pudiste ejercer como médica y te la pasas pegada a mí.

El rostro de Mariana palideció.

Pero Simón aún no terminaba.

—Ariana salvó una vida frente a todos esta noche.

—¿Y yo? Yo quedé como un idiota que no sabe quién es su propia esposa... —Rio con amargura otra vez.

Mariana bajó la cabeza, pero detrás de ese gesto... sus ojos ardían de rabia.

Sus manos se cerraron lentamente en puños. Así que, al final, Simón seguía eligiendo a Ariana. Incluso después de haber sido él quien cometió la infidelidad.

Sin embargo, Mariana volvió a levantar el rostro con una expresión dulce.

—Simón... estás borracho. Mejor descansa.

Simón no respondió. Solo soltó una risa apagada y se fue tambaleando hacia su habitación.

La puerta del cuarto se cerró de un portazo.

La sala quedó en silencio.

Unos segundos después, la expresión amable de Mariana se desvaneció poco a poco.

Sus ojos se tornaron fríos.

—La Doctora Genio...

La única forma de derribarla era destruir esa reputación.

En otra parte de la ciudad, el auto negro que había abandonado el hospital ingresó a un edificio imponente. Se trataba de un laboratorio secreto. En cuanto el vehículo cruzó la reja, una puerta de acero se cerró automáticamente. Aquel lugar no era accesible para cualquiera; solo quienes poseían autorización especial podían entrar y salir.

Un hombre descendió del auto con el rostro cubierto por una mascarilla. Recorrió el pasillo del laboratorio hasta detenerse frente a una habitación, entró y se sentó tranquilamente en una silla.

Despacio, se retiró la mascarilla.

El rostro detrás de ella estaba gravemente desfigurado, lleno de cicatrices que lo hacían parecer un monstruo aterrador.

—¿Saben de dónde vengo? —dijo con desenfado—. Acabo de asistir a la fiesta de gala de su hija.

Las dos personas que estaban de pie frente a él se tensaron de inmediato.

Eran los padres biológicos de Verónica, personas que durante décadas habían sido declaradas muertas. Su supuesta muerte ocurrió casi al mismo tiempo que la de los padres de Ariana.

¡PAM!

Ambos cayeron de rodillas.

—Señor... usted prometió que no interferiría en la vida de nuestra hija —dijo la madre de Verónica con voz temblorosa—. Dijo que si trabajábamos aquí, la liberaría.

El hombre esbozó una mueca siniestra.

—Solo fui a echar un vistazo —respondió con ligereza—. Pero, ¿saben lo que hizo su hija esta noche?

Se reclinó cómodamente en la silla.

—Intentó tender una trampa a alguien... solo por amor.

Su sonrisa se ensanchó.

—Lástima que... su hija eligió al adversario equivocado. Yo ya sabía que fracasaría esta noche, así que ejecuté mi propio plan.

Los padres de Verónica se miraron entre sí. Aún recordaban con claridad absoluta lo ocurrido veinticinco años atrás, la noche en que sus vidas cambiaron por culpa de las amenazas de ese hombre.

El hombre retomó la palabra con un tono desenfadado que resultaba escalofriante.

—¿Todavía se acuerdan del Dr. Giuliano y la Dra. Lucía, a quienes maté hace veinticinco años?

Un escalofrío les recorrió el cuerpo.

—Su hija intentó tenderle una trampa a la hija de ellos —continuó con una risita—. Verónica quiso deshacerse de esa mujer por celos.

Sus ojos se entrecerraron con satisfacción.

—¿Saben cómo la llaman ahora?

Soltó una carcajada.

—¡La Doctora Genio! ¡Digna descendiente de la familia Montero! ¡Científicos de generación en generación! ¡Ja, ja, ja!

Los cuerpos de ambos padres temblaban.

—Ahora vuelvan a trabajar —ordenó el hombre poniéndose de pie—. No me hagan esperar.

Salió de la habitación sin mirar atrás.

Cuando la puerta se cerró, ambos finalmente exhalaron con alivio.

—Así que... la hija del Dr. Giuliano realmente siguió los pasos de sus padres. Se convirtió en una doctora extraordinaria.

La madre de Verónica negó con tristeza.

—Pobre muchacha... probablemente será la próxima víctima de la ambición del señor Kenzo.

Mientras tanto, el hombre llamado Kenzo se dirigió a otra sección del laboratorio. Allí se conservaban varios cuerpos utilizados como material de experimentación.

En el hospital...

Santiago entró sigilosamente en la sala de descanso de Ariana.

La mujer dormía profundamente en el sofá, con los ojos cerrados en serena placidez, como si su vida jamás hubiera atravesado tormenta alguna. Y sin embargo, el sufrimiento que cargaba no era algo que cualquier persona pudiera comprender.

Santiago permaneció de pie unos momentos, contemplándola en silencio. Con cuidado, tomó una manta que estaba a un lado y arropó el cuerpo de Ariana procurando no despertarla.

Sin pensarlo, se inclinó y depositó un beso suave en la frente de la mujer.

Ariana... te prometo que voy a protegerte.

A la mañana siguiente, Kenzo ya se encontraba en un avión privado rumbo a Japón. Tenía planeado comercializar la fórmula obtenida de sus experimentos secretos.

De pie junto a la ventanilla, contemplaba el cielo con una sonrisa gélida.

—Ariana... hasta pronto.

Sus ojos brillaron con un destello extraño.

—Solo espera... algún día te llevaré a recorrer el mundo y te convertiré en la científica más temida.

Su sonrisa se ensanchó.

—Viviremos juntos... como una pareja respetada gracias a tu genialidad.

Kenzo tenía ahora cuarenta y cuatro años. Veinticinco años atrás, cuando asesinó a los padres de Ariana, apenas contaba dieciocho. Ya no era un simple ser humano: se había transformado en un monstruo, alguien capaz de recurrir a cualquier medio con tal de satisfacer su ambición.

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