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El Harén De Aiko

El Harén De Aiko

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Harén Inverso / Mujer poderosa
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Darianrb

Muchos hombres en un Harén. Un trono y un corazón que no sabe a quién elegir. En el Reino del Sol Naciente, las mujeres gobiernan y los hombres sirven. Aiko es una princesa destinada a convertirse en emperatriz (Jotei) y, como manda la tradición, recibirá a tres consortes para empezar a formar su futuro harén.
Cada uno es diferente. Cada uno tiene sus propios secretos. Y cada uno podría ocupar un lugar distinto en el corazón de la futura emperatriz.
Pero Aiko pronto descubrirá que elegir a quién amar puede ser mucho más difícil que elegir a un compañero con quién gobernar.

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Como si fuera una cita

Hiroshi la esperaba en al entrada del harén junto a la puerta corrediza, con las manos cruzadas frente a él como siempre.

— Este es su harén, *Aiko-sama. Sus consortes aquí tienen habitaciones individuales, pero deben compartir cocina y otros salones. Además no pueden salir sin su autorización.

— Ya veo, pobres hombres. ¿Deben estar confinados aquí al menos que yo les permita salir?

—Es la tradición Aiko-sama. Elegí a Ren para esta noche, mi señora —dijo, con ese tono calmo que nunca parecía cambiar—. Por su temperamento. Me pareció el más adecuado para una primera vez. Pero es solo una sugerencia. La decisión final, como siempre, es suya.

Aiko sintió que el estómago le daba un vuelco. Asintió, nerviosa, sin confiar del todo en su propia voz para responder..

—Está bien. Ren. 'Es el más timido' — pensó algo aliviada.

Hiroshi inclinó la cabeza y corrió la puerta.

El aire dentro de la habitación olía a incienso de madera de sándalo, apenas iluminada por un par de faroles de papel que proyectaban sombras suaves sobre las paredes. Ren estaba de pie junto a la ventana, vestido con una túnica ligera color añil, tan fina que se movía con cada respiración suya.

Al verla entrar, se giró y, sin decir palabra, bajó una rodilla al suelo, inclinando la cabeza.

—Mi señora, Aiko-sama..

—¡No! —la palabra le salió.... más fuerte de lo que pretendía, y Aiko se apresuró hacia él, casi trastabillando—. No hace falt.a .que hagas eso. Por favor, levantate.

Ren la miró, sorprendido, como si nadie le hubiese dicho antes que podía simplemente no arrodillarse. Se puso de pie despacio, todavía con los hombros tensos.

—No estoy acostumbrado a que me pidan lo contrario, mi señora.

—Aiko —corrigió ella, casi en un susurro—. Podés llamarme Aiko. Al menos... al menos cuando estemos así, los dos solos.

Un silencio breve cayó entre ellos, no incómodo, sino de esos que necesitan un segundo para acomodarse.

—No quiero que esto sea como... como lo que se supone que tiene que ser —dijo Aiko, sentándose en uno de los almohadones bajos junto a la mesa baja de té, y señalándole con un gesto tímido que se sentara frente a ella—. Preferiría que fuera más como... no sé, una cita. Hablar primero. Conocerte. Se que soy tu princesa y ama, pero también soy una chica.

Ren la observó un momento antes de sentarse, como si estuviera decidiendo si aquello era una trampa o un regalo.

—Nunca tuve una cita, mi... —se corrigió, con una sonrisa apenas visible—. Aiko.

—Yo tampoco —admitió ella, y sintió que se relajaba un poco solo por decirlo en voz alta—. Así que estamos igual de perdidos.

Eso pareció desarmarlo un poco. Sirvió el té con manos cuidadosas, y cuando finalmente levantó la vista hacia ella, Aiko se encontró atrapada en sus ojos color miel, más claros de lo que recordaba del patio, con una calidez que no esperaba encontrar detrás de tanta timidez.

—¿De qué te gustaría hablar? —preguntó él, con la voz baja.

Aiko no supo qué responder de inmediato. Estaba demasiado ocupada preguntándose cómo unos ojos tan dulces, color miel, podían decir tantas cosas que su dueño no se animaba a decir en voz alta.

—De lo que sea —dijo finalmente—. Menos harenes, y de tronos, de todo lo demás está bien.

Ren sonrió, esta vez sin disimularlo, y por primera vez en todo el día, Aiko sintió que el miedo daba paso a otra cosa completamente distinta.

Hablaron un rato largo, de cosas pequeñas: del jardín que se veía desde la ventana, de un libro que a Ren le habían dejado leer una vez, de lo raro que era todo esto para los dos. Poco a poco, sin que Aiko supiera bien en qué momento había pasado, terminaron sentados uno junto al otro sobre el futón, mucho más cerca de lo que estaban al principio.

—Tengo que confesarte algo —dijo Ren, de repente, con la vista fija en sus propias manos—. Nunca... nunca estuve con nadie. Antes de esto. Si he besado mujeres y me han enseñado que debo hacer como consorte.

Aiko sintió que el corazón le daba un salto, y no pudo evitar que se le escapara una sonrisa enorme. Era de satisfacción.

—¿En serio?

—¿Eso te alegra? —preguntó él, algo confundido por su reacción.

—Muchísimo —admitió ella, sin poder disimular—. Yo tampoco. Así que no vas a poder compararme con nadie, y yo tampoco a ti. Empezamos parejos.

Eso pareció aflojarle algo por dentro. De repente lo veía tan lindo, su rostro tenía facciones agradables a la vista y le recordaba a un primo a quien le había dado su primer y único beso. Su voz era grave, pero no tan fuerte y su mirada tenía algo de melancolía contenida. Su cuerpo no tenía músculos como los que había visto en Kaito, pero era esbelto y armonioso.

Aiko estiró el brazo y con su mano tomo la mejilla derecha de su nuevo amante, el cerró sus ojos y sonrió. 'Ay, es tan tierno, quisiera besarlo entero, ahora mismo. ¿Qué me está sucediendo?', pensó la princesa, mareada por el pálpito de su propio corazón y por la necesidad imperiosa de tocarlo.

Ren estiró la mano, despacio, como si todavía no terminara de creer que podía hacerlo sin pedir permiso primero, y Aiko la tomó entre las suyas sin dudar. La llevó ella misma hasta su cintura, guiándolo con una confianza que no sabía que tenía hasta ese momento.

El resto pasó despacio, entre risas nerviosas y silencios que decían más que cualquier palabra, caricias torpes que se fueron soltando de a poco, hasta que Aiko, sin pensarlo demasiado, empezó a besar su cuello, lentamente. Luego sus labios, los cuales eran carnosos y muy grandes. Aiko se dio cuenta muy rápido lo mucho que le gustaba la piel de su consorte, era extremadamente suave y delicada al tacto.

—¿Puedo tocar tu pecho y tu abdomen? — le preguntó Aiko hipnotizada, sin saber si estaba con un hombre o con un Dios. Todo en él parecía hermoso, atractivo y hecho para besar, acariciar y volver a besar hasta la puesta del sol. Las partes de su cuerpo eran perfectas, redondas y suaves, sin arrugas, sin manchas, sin condiciones.

— Yo soy su sirviente aquí, aunque no me gustara Aiko, así que puedes probar y besar lo que desees.

Esa declaración fue suficiente para que la princesa empiece a tocarlo y besarlo sin parar, ansiosa y con sed de más. Ren también hizo lo mismo, ya sin miedo, tocando sus curvas, besando el cuello y espalda de su nueva ama y disfrutando de una mujer de alta cuna, con poder para decidir incluso por sobre su vida. Pero ella era tan hermosa y dulce, que parecía una princesa de un cuento de hadas.

A los pocos minutos, ya ambos sin ropa, Aiko terminó sobre él, con el cabello cayéndole suelto sobre los hombros y el corazón latiéndole tan fuerte que estaba segura de que él también podía sentirlo. Y cuando Ren, empapado de sudor, finalmente ingresó en ella con su miembro, el dolor para Aiko fue muy intenso, pero soportable por la excitación y lo agradable que era ese hombre.

Siguieron gemidos por parte de ambos, primero fue Aiko quien logró perder la vergüenza y empezó a gemir mirando a su consorte a los ojos. Las embestidas de él también fueron en aumento, algo que le generaba placer y más excitación, al punto de que casi termino llorando al final.

Algo que también sorprendió a la princesa fueron los gemidos de Ren cuando estaba llegando a su momento de orgasmo, fueron tan placenteros de oír, junto con los gestos del rostro de él, que a Aiko le parecieron música para sus oídos. Además el demoró mucho en llegar a ese clímax, algo que la sorprendió. '¿Siempre va a tardar tengo?' pensó satisfecha y exhausta antes de dormirse en sus brazos.

Pasaron varias horas descansando, la luna ya estaba alta sobre los tejados curvos del palacio y en el palacio reinaba el silencio, a excepción de la alcoba de la princesa, que una y otra vez, con sus gemidos, parecía ponerle melodías a una noche preciosa.

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Eigtone
Autora espero con ansias el siguiente capítulo, todo se esta poniendo increíble....
Darian RB🌹: se vienen más capítulos pronto perdón las demoras
total 3 replies
Eigtone
Me gusta, me llena de curiosidad que es lo que pasara más adelante. Y la princesa lo tendrá muy difícil...😉 para elegir...
Darian RB🌹: Gracias por leerme🥰 y esto se pondrá picante, te aviso 🔥😏
total 1 replies
Xaomii
:)
Xaomii
🔥🔥🔥
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