Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.
Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.
Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.
Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.
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Capítulo 2
El teléfono de Emir sonó mientras se encontraba en medio de una importante reunión.
El magnate miró la pantalla y frunció el ceño.
—Disculpen un momento.
Se levantó de la mesa y salió de la sala.
—¿Sí?
La voz al otro lado hizo que su rostro cambiara por completo.
—¿El señor Emir Abdala?
—Sí.
—Llamamos desde el hospital. Su esposa ha sufrido un accidente.
Emir sintió que el corazón se le detenía.
—¿Aysun?
—Sí, señor. Fue trasladada de urgencia. Necesitamos que venga inmediatamente.
—Voy para allá.
Colgó sin siquiera despedirse.
Entró nuevamente en la sala y tomó sus documentos.
—La reunión terminó.
Uno de sus socios se levantó sorprendido.
—¿Qué ocurrió?
Emir apenas pudo responder.
—Mi esposa.
Y salió corriendo.
El automóvil de Emir atravesaba las calles a toda velocidad.
Sus manos temblaban sobre el volante.
—Aguanta, Aysun... por favor.
Intentó llamarla.
Una vez.
Dos veces.
No hubo respuesta.
Volvió a marcar.
Nada.
El recuerdo de aquella mañana apareció en su mente.
La sonrisa de Aysun.
Su voz diciéndole que lo amaba.
Y aquella promesa.
"Siempre estaremos así."
—No puede pasarme esto...
En el hospital, los médicos luchaban por estabilizar a Aysun.
—La paciente presenta un traumatismo craneoencefálico importante —informó uno de los médicos—. Hay que llevarla inmediatamente a cirugía.
—¿Está en peligro? —preguntó una enfermera.
—Sí.
Mientras tanto, Emir llegó al hospital.
—¡Mi esposa! ¡Aysun Abdala! —exclamó desesperado.
Una enfermera se acercó.
—¿Es usted su esposo?
—Sí.
—Los médicos están operándola.
Emir palideció.
—¿Puedo verla?
—Ahora mismo no.
—Por favor...
—Tiene que esperar.
Emir se quedó inmóvil frente a las puertas del quirófano.
Por primera vez en muchos años, el poderoso Emir Abdala se sintió completamente impotente.
Horas después, las puertas finalmente se abrieron.
Un médico salió.
Emir se acercó inmediatamente.
—¿Cómo está?
El médico respiró profundamente.
—La operación salió bien.
Emir cerró los ojos con alivio.
—Gracias a Dios.
Pero el médico no terminó.
—Sin embargo, todavía no podemos decir que esté fuera de peligro.
—¿Qué quiere decir?
—El golpe en la cabeza fue muy fuerte. Tendremos que esperar a que despierte.
Emir sintió un nudo en la garganta.
—¿Cuándo despertará?
—No lo sabemos.
Esa misma noche, Myna llegó al hospital.
Encontró a Emir sentado junto a la habitación de Aysun.
—Hermano...
Emir levantó la mirada.
—¿Qué haces aquí?
Myna fingió preocupación.
—Me enteré del accidente. Quería saber cómo estaba.
Emir no respondió.
Myna miró hacia la habitación.
—¿Los médicos dijeron algo?
—Está inconsciente.
Myna bajó la mirada.
—Lo siento mucho.
Pero cuando Emir apartó los ojos, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Myna.
Había conseguido lo que quería.
Sin embargo, todavía no sabía que el accidente traería una consecuencia que jamás había imaginado.
Al amanecer, Aysun abrió lentamente los ojos.
La luz blanca del hospital la obligó a cerrarlos nuevamente.
Escuchó voces.
—Señora Abdala, ¿puede escucharme?
Aysun volvió a abrir los ojos.
Miró al médico.
—¿Dónde estoy?
—En un hospital.
Ella intentó incorporarse.
—¿Qué ocurrió?
—Tuvo un accidente.
Aysun llevó una mano a su cabeza.
—¿Accidente?
—Sí.
El médico la observó con atención.
—¿Recuerda algo?
Aysun permaneció en silencio.
Intentó pensar.
Pero no encontró nada.
Ningún recuerdo.
Ninguna imagen.
Ningún rostro.
El médico volvió a preguntar:
—¿Recuerda su nombre?
Aysun lo miró confundida.
—No.
En ese instante, Emir entró en la habitación.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al verla despierta.
—Aysun...
Ella lo observó.
Emir se acercó rápidamente y tomó su mano.
—Mi amor, soy yo.
Aysun lo miró fijamente.
—¿Quién eres?
Emir quedó completamente paralizado.
Y comprendió que acababa de perder algo mucho más importante que la memoria de su esposa.
Había perdido el lugar que ocupaba en su corazón.