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La Esposa Fea del Alfa Maldito

La Esposa Fea del Alfa Maldito

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Completas
Popularitas:196.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: elmira brazil

Milena Cruz siempre fue la mujer que los Ríos escondían: la prima pobre, la de la cara marcada, la esposa fea que nadie elegiría. Pero cuando Valeria Ríos se niega a casarse con Dante Navarro, el heredero maldito de la Manada Luna de Hierro, Milena es enviada en su lugar para salvar a su abuela.
Todos creen que Dante está condenado. Sus novias anteriores murieron antes del amanecer, su lobo fue sellado con plata y acónito lunar, y el Consejo solo necesita otra víctima para cerrar el ataúd del Alfa.
Pero Milena no muere.
Su aroma despierta al lobo dormido de Dante. Su sangre de sanadora calma el veneno que nadie pudo tocar. Y el Alfa que debía destruirla empieza a protegerla frente a toda la manada, aunque hacerlo lo acerque a la muerte.
Milena llegó como una sustituta despreciada. Una esposa fea comprada con amenazas. Pero bajo sus cicatrices se esconde una heredera Cruz-Varela, una loba sanadora capaz de romper juramentos de sangre y desnudar las mentiras que enterraron a otras novias antes que ella.
Entre falsas Lunas, pactos de sangre, desafíos de Alfa y un vínculo de mate que arde cada vez que intentan separarlos, Milena tendrá que decidir si huye del Alfa maldito o si acepta el lugar que siempre le perteneció.
Porque la mujer que todos llamaron fea no nació para ser sacrificada.
Nació para convertirse en Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Capítulo 5: La deuda de sangre

El ala este tenía una cama, una ventana con barrotes finos y dos guerreros en la puerta.

Milena no durmió.

Se quitó el vestido de novia y se puso la túnica gris que encontró doblada sobre una silla. Olía a jabón neutro, a piedra húmeda y a manada. A casa, nunca.

Cuando amaneció, Jacobo tocó una vez.

—El Consejo la espera.

—Qué considerados.

—No lo son.

Milena se ató el cabello con una tira de tela.

—¿Mi abuela?

—Estable. La sanadora del ala lunar reportó fiebre baja y pulso regular. Nadie entrará sin autorización Alpha.

Eso le quitó una piedra del pecho.

No todas.

—Entonces vamos.

Jacobo la condujo por pasillos que ya no parecían casa sino territorio. Cada puerta tenía una marca. Cada esquina tenía un guardia. Cada guardia la olía al pasar.

Algunos bajaban la mirada hacia sus cicatrices.

Milena no se cubrió.

El salón del Consejo estaba en el centro de Casa Lirio. Alto. Circular. Sin ventanas. En el piso, la luna de hierro estaba incrustada en metal negro. Alrededor, siete asientos de piedra.

Cinco estaban ocupados.

Dante estaba de pie junto al asiento central.

Eso la golpeó primero: de pie.

Pálido. Con las manos apoyadas en el respaldo de la silla para no caer. Pero de pie.

Milena olió el esfuerzo. Sudor frío. Acónito. Cedro negro.

No debió levantarse.

Él la miró apenas.

No dijo nada.

Una mujer mayor ocupaba el asiento a su derecha. Cabello blanco recogido, ojos oscuros, olor a lavanda fría y papel viejo. Isadora Navarro, sin que nadie tuviera que presentarla.

Al otro lado estaba Lorena Vega.

Bella. Perfecta. Piel dorada, labios rojos, vestido verde oscuro. Su olor no era feo. Eso lo volvía peor. Flores blancas sobre ceniza.

—Milena Cruz —dijo Isadora.

Milena levantó la barbilla.

—Sí.

Un murmullo recorrió el salón.

Lorena sonrió.

—Al menos ya no insiste en llamarse Valeria.

—Nunca insistí.

—Pero aceptó entrar con ese nombre.

—Acepté que no mataran a mi abuela.

Uno de los ancianos golpeó el suelo con un bastón.

—La intención no borra el fraude.

Milena miró el bastón. Plata en la punta.

Claro.

—Entonces juzguen también a la mujer que compró el fraude.

Lorena inclinó la cabeza.

—Patricia Ríos será llamada.

—¿Después de que me castiguen?

—Después de que sepamos qué hacer con usted.

Dante habló.

—No la tocarán.

El salón cambió de olor.

Miedo. Sorpresa. Ira.

Isadora miró a Dante.

—Alpha, apenas despertaste.

—Desperté.

—Tu lobo no está estable.

—Suficiente para hablar.

Lorena se levantó.

—Con respeto, Alpha Dante, una desconocida entró a tu cuarto con nombre falso. Usó sangre sobre tu piel. Alteró el tratamiento. Si no fuera porque despertaste, ya estaría encerrada.

—Si no fuera por ella —dijo Dante—, seguiría dormido.

La frase cortó el salón.

Milena sintió todas las miradas encima.

Lorena no perdió la sonrisa.

—O tal vez eso es precisamente lo peligroso.

Jacobo dio un paso adelante.

—La sangre de Milena Cruz redujo la reacción del acónito.

—¿Milena? —repitió Lorena—. Qué rápido usamos su nombre.

Dante soltó un gruñido bajo.

No fuerte.

Suficiente.

Lorena bajó los ojos un segundo.

Isadora levantó una mano.

—Basta.

El silencio obedeció.

—Hay dos hechos —dijo la anciana—. Primero: entró bajo nombre falso. Segundo: el Alpha reaccionó a su sangre.

—Y a su olor —dijo uno de los ancianos.

Milena sintió frío en la espalda.

Dante también lo oyó. Sus dedos se cerraron sobre el respaldo de piedra.

Isadora no lo negó.

—Eso se investigará. Mientras tanto, la ley exige una garantía.

—No —dijo Dante.

—Sí —dijo Lorena—. Si no la encerramos, debe quedar atada.

Milena miró a Jacobo.

Él no la miró.

Mala señal.

—¿Atada cómo? —preguntó ella.

Isadora respondió:

—Juramento de sangre.

Milena sintió que el salón se alejaba.

Abuela Clara le había hablado de los juramentos de sangre. Una promesa no hecha con palabras, sino con piel abierta. La manada no olvidaba. La sangre tampoco.

—No.

Lorena sonrió de verdad.

—Puede negarse. El Consejo entonces la entregará a los Ríos por fraude de novia y violación de territorio.

—Los Ríos me vendieron.

—Demúestrelo.

Milena pensó en Patricia. En Abuela Clara. En el ala lunar. En la sanadora de guardia que podía ser retirada con una llamada equivocada.

Dante dio un paso.

Sus rodillas fallaron.

Jacobo lo sostuvo antes de que cayera.

El olor a acónito subió.

Milena se movió hacia él sin pensar.

Dos guerreros se interpusieron.

Dante levantó la cabeza.

—Apártense.

Los guerreros se apartaron.

La orden Alpha no rugió. Salió rota.

Obedecieron igual.

Milena llegó hasta Dante y le tomó la muñeca. La piel estaba helada.

—Si sigue haciendo esto, no llega a la noche.

—Entonces no me haga perder tiempo.

—Usted no decide por mí.

—No.

Sus ojos encontraron los de ella.

—Pero puedo hacer que el juramento no la mate.

Lorena escuchó. Isadora también.

Milena lo entendió por la forma en que la sala se tensó.

—¿Qué quiere decir?

Dante miró a Isadora.

—El juramento será al Alpha. No al Consejo. No a Lorena. No a los Ríos.

Lorena abrió la boca.

Dante mostró los dientes.

—A mí.

Isadora lo estudió.

—Eso te hace responsable si ella huye.

—Lo sé.

—Y si ella ataca a la manada.

—Lo sé.

—Y si su sangre despierta una fuerza que no puedes controlar.

Dante miró a Milena.

—Entonces será mi problema.

Milena odió el calor que le subió por el pecho.

No podía llamarlo ternura. Él la estaba comprando con otra cadena.

Pero una cadena podía tener distinto dueño.

Y algunos dueños no dejaban morir a Abuela Clara.

—Quiero otra condición —dijo Milena.

Lorena soltó una risa.

—No estás negociando.

—Claro que sí.

Milena miró a Dante.

—Mi abuela queda bajo protección Alpha por escrito. Si me pasa cualquier cosa en esta casa, ella no vuelve a manos Ríos.

Dante no dudó.

—Hecho.

Isadora golpeó el brazo de su asiento una vez.

—Traigan la hoja.

Trajeron una bandeja de obsidiana con un cuchillo pequeño, una copa de plata y un hilo rojo.

Milena miró el cuchillo.

Su loba enterrada retrocedió.

No.

Dante extendió la mano primero.

Jacobo quiso detenerlo.

—Alpha.

—Yo primero.

El cuchillo abrió la palma de Dante.

Su sangre cayó en la copa.

Oscura.

Espesa.

Con olor a cedro, hierro y veneno.

Milena tomó el cuchillo.

No miró a Lorena. No miró al Consejo.

Se cortó la palma.

El dolor fue limpio.

Su sangre cayó sobre la de Dante.

Por un segundo, la copa soltó vapor.

Milena esperó el ardor.

Esperó que la sangre la mordiera por dentro.

No pasó.

Dante, en cambio, cerró los ojos.

Su respiración se rompió.

El hilo rojo se movió solo sobre la bandeja y se enroscó alrededor de la muñeca de Milena. Luego alrededor de la de Dante.

Isadora se levantó.

—Milena Cruz queda bajo juramento de sangre del Alpha Dante Navarro hasta que el Consejo dicte sentencia.

El hilo ardió.

Milena no gritó.

Dante sí soltó un sonido bajo.

Lorena lo oyó.

También Milena.

El juramento debía dolerle a ella.

Pero parte del dolor había ido a él.

Dante abrió los ojos.

Negros. Dorados en el borde.

—Llévenla al ala este —dijo—. Nadie la toca.

Milena sostuvo su mirada.

—Y usted deja de intentar morirse frente a mí.

Isadora levantó una ceja.

Jacobo bajó la cabeza para ocultar una reacción.

Dante no ocultó nada.

—Veremos.

El hilo rojo desapareció bajo la piel de Milena.

No dejó marca.

Pero ella lo sintió.

Como una cuerda atada al pulso del Alpha.

1
Lucia Feliciano Falcao
Ellos ya empiezan a comunicarse sin que uno conozca el otro.🤔🤔🤔
Luz Mery Suarez
y como l embarazo ❓ si estaba más muerto tenía la lápida pegada en el trasero 😂😂
Luz Mery Suarez
Milena
Martha de la Rosa
👏👏👏👏woooooo
Martha de la Rosa
va empezando la lectura y ya me atrapó 👏
Marianella Luquez
Entiendo que la protagonista pasó por una serie de vicisitudes, también entiendo que no pueden aparearse por la maldición de Dante. Pero ni un 🫂 ni un 😘 o 🔥😁😁😁😁😁😁
Hecate ⚡🐍🔥🗡️
no sé entiende es difícil seguir l narrativa salta de una cosa a otra no explica bien ella se hace la fuerte y lo hace sufrir cuando ella quiere estar con el es un juego parece es no me toques pero si tocame raro no se entiende
Hecate ⚡🐍🔥🗡️
está muy complicado leerla y entenderla quien es Duarte no se entiende y que es ella muchas vueltas nada concreto
Lourdes Margarita Santana Velarde
preciosa, gracias Sra. ( Señorita ) Autora, es la narración o explicación más hermosa y sencilla q he leído, sin ser vulgar Pero sin escribir las palabras exactas, se sintió muy románticas, m enamoré d ste capitulo
Lourdes Margarita Santana Velarde
yo stoy pasando lecturas, solo stoy leyendo lo q veo interesante
Lourdes Margarita Santana Velarde
tampoco entiendo xq ella no termina d aceptarlo
Leticia V
felicidades
Lourdes Margarita Santana Velarde
por ls momentos a mi también, ls 3 últimas q he leído m han decepcionado mucho
Borja
por favor, cada momento es más tenso
Lourdes Margarita Santana Velarde
yo opino lo mismo
Borja
esa es la fuerza de una verdadera Luna luchadora 👍
Borja
quiero saber cómo va a desenredarse esta maraña
Yudis Zorrilla
🤭🤭🤭🤭😂
Yudis Zorrilla
😭😭😭😭😭😭
Pilo
extraordinaria tu historia, me encantó de inicio a fin. me gusta leer historias de mates y lobos, pero esta fue diferente, te felicito escritora y que siga fluyendo tu inspiración, espero leer otra historia igual o mejor que esta, aunque te ratificó para mí es maravillosa.🤗👌👍
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