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EL IDIOTA QUE VIVE EN MI CASA

EL IDIOTA QUE VIVE EN MI CASA

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Annie Williams, una joven de 23 años, disfruta de la vida sencilla que ha construido en su pequeño apartamento. Aunque sus padres poseen una enorme fortuna y le han pedido incontables veces que regrese a vivir con ellos, Annie se niega. No quiere una existencia rodeada de lujos; prefiere ganarse las cosas por sí misma y vivir bajo sus propias reglas.

Al otro lado del océano, Omar Moretti, un atractivo empresario italiano de 28 años, viaja a Estados Unidos para cerrar uno de los negocios más importantes de su carrera. Antes de partir, le encargó a su secretaria reservar una habitación de hotel, pero un imperdonable descuido dejó a Omar sin alojamiento al llegar al país.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

A la mañana siguiente, Annie apareció en la cocina con una hoja de papel bien alineada y un bolígrafo nuevo sobre la mesa. Se sentó frente a él con expresión seria, como si fuera a firmar un tratado de paz.

—Ya está bien de gritos sin sentido —dijo ella, deslizando la hoja hacia él—. He redactado un acuerdo de convivencia. Si vamos a compartir techo hasta que encuentres hotel, mejor dejar todo por escrito. Así no habrá malentendidos.

Omar tomó el papel con una media sonrisa incrédula y empezó a leer en voz alta:

—«Primero: Cada cosa en su lugar. Segundo: No se deja nada sucio sin recogerlo al instante. Tercero: No se hace ruido después de las diez de la noche ni antes de las siete de la mañana. Cuarto: No se traen visitas sin permiso. Quinto: La nevera es de uso común, pero se repone lo que se consume. Sexto…» —levantó la vista y la miró—. ¿En serio? ¿Esto parece un reglamento de internado?

—Parece sentido común —replicó ella, acercándole el bolígrafo—. ¿Lo acepta o no?

Omar suspiró, encogiéndose de hombros.

—Está bien. Lo firmo. Prometo ser un huésped ejemplar —dijo con tono de broma, estampando su firma al final de la hoja con un trazo rápido y desordenado.

—Y yo prometo no perder la paciencia antes de tiempo —dijo ella, firmando también con letra clara y ordenada—. Guárdelo.

 Pero apenas habían pasado tres horas cuando el primer aviso llegó. Annie regresó de hacer unos recados y se encontró la mesa del comedor llena de papeles, carpetas, el ordenador portátil de Omar y una taza de café a medio terminar justo al borde del borde.

—¿Se puede saber qué es esto? —exclamó ella, señalando el desastre.

Omar levantó la vista de la pantalla, confundido.

—¿El qué? Estoy trabajando. Necesito espacio.

—¿Espacio? —repitió ella indignada—. ¡Firmaste hace tres horas que todo se mantendría en su sitio! ¡Míralo todo! ¡Y esa taza está a punto de caerse y manchar la mesa!

—¡No va a caerse! —respondió él, cerrando la carpeta con golpe seco—. ¡Por Dios, Annie, es solo un poco de papeles! No es el fin del mundo.

—¡Es mi casa! ¡Y tú dijiste que respetarías mis reglas!

—Y tú dijiste que no serías una tirana —replicó él, levantándose de un salto—. ¡Estoy intentando cerrar el trato más importante de mi vida y me estás distrayendo por una taza!

—¡No es la taza! ¡Es que no sabes respetar nada! ¡Idiota! —gritó ella, quitándole la taza de las manos antes de que se derramara.

—¡Y tú no sabes vivir sin obsesionarte con el orden! ¡Maniática! —le devolvió él, recogiendo los papeles a toda prisa y dejándolos amontonados en una esquina.

 Por la tarde, fue la puerta de la nevera que se quedó abierta. Luego, una toalla tirada en el suelo del baño. Después, entró hablando por teléfono a gritos cuando apenas eran las nueve y media de la noche.

—¡Baja la voz! —le advirtió ella desde la puerta del salón—. ¡La regla número tres! ¡Silencio!

—¡Estoy hablando con mi socio! —respondió él sin bajar el tono—. ¡Es urgente!

—¡Pues sal a la calle a hablar! ¡Aquí hay horarios!

—¡No voy a salir a la calle por una tontería! —cortó él, y siguió hablando de espaldas a ella.

Annie fue hasta la mesa, tomó el papel con el acuerdo firmado y se lo agitó delante de la cara cuando él colgó.

—¡Míralo! ¡Lo has roto todo! ¡Todo!

Omar agarró el papel, lo arrugó con rabia y lo lanzó sobre el sofá.

—¡Y qué si lo he roto! ¡Es una estupidez de papel! Las reglas están para quien no sabe desenvolverse en la vida real. Yo no soy un niño al que hay que vigilar.

—Y yo no soy tu secretaria ni tu sirvienta que tiene que ir detrás de ti recogiendo lo que tiras —respondió ella con los ojos brillantes—. Firmaste esto porque dijiste que me respetarías. Pero ya veo que para ti las palabras no valen nada.

El silencio cayó pesado entre los dos. Omar miró el papel arrugado en el sofá, luego miró a ella, y sintió una punzada de culpa que no quiso admitir del todo.

—No quería decir que no te respeto —murmuró bajito—. Solo… no estoy acostumbrado a pedir permiso para todo.

—Y yo no estoy acostumbrada a que entren a mi casa a hacer lo que quieran —dijo ella con voz quebrada—. Pensé que podríamos llevarnos bien. Pero veo que es imposible.

Omar se pasó una mano por el cabello, frustrado consigo mismo.

—Está bien. Recogeré todo. Y… intentaré no hacer tanto ruido. Pero tú… intenta no convertirme en un delincuente por dejar una carpeta fuera de lugar. ¿Trato?

Annie miró el papel arrugado, luego a él, y suspiró vencida.

—Trato. Pero si vuelves a tirar algo al suelo, te lo pego en la frente.

Omar soltó una risa seca, y por primera vez ella no tuvo ganas de regañarlo.

—Y si vuelves a leerme la cartilla, me llevo la nevera entera a mi habitación.

—¡Prueba y verás! —le advirtió ella, aunque una pequeña sonrisa se le escapó al darse cuenta de que, a pesar de todo, no quería que se fuera todavía.

Más tarde, mientras recogían los platos de la cena, Omar tomó el papel arrugado del acuerdo y lo alisó con cuidado sobre la mesa.

—¿Quieres que lo volvamos a firmar? —preguntó en voz baja.

Annie negó con la cabeza, secando un plato con calma.

—No sirve de nada. Las reglas de papel no nos van a arreglar.

—¿Y qué nos va a arreglar entonces? —preguntó él, mirándola a los ojos.

Ella levantó la vista y una pequeña sonrisa le apareció en los labios.

—Quizás intentar no matarnos mutuamente… al menos por ahora.

Omar soltó una risa suave y asintió.

—Trato hecho, maniática.

—Trato hecho, idiota —respondió ella, aunque esta vez el apodo sonó casi cariñoso.

 

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🇻🇪🌹❤️‍🔥Degne🔥❤️🇻🇪🤩😍
siento que fue inmaduro. porque si no son novios parece un cavernícola marcando territorio. para ser estudiado debió acercarse oir y ver primero. pero actuó como perro con mal derrabia. pero bueno así fue y así seguirá. celos no es amor es inseguurdad😊. bueno niños siéntense y ponga límites sanos celar no es amor es no estar seguro de con quién estás. así que hablar a tiempo
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unos idiotas maniaticos del amor juntos jijiji😊 de acá vamos a salir idiotamente enamorado de esta pareja derechito al psiquiatra por amor a Omar y corregidonppr ella. espero la suegra no sea una fastidiosa..hay mucho caramelo y por ahora no a aparecido un amargo acá.
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🌹🌹🌹 primera barrera ya caída. espero que sigan hablando porque así se evitan problemas y malos entendidos
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se encendió la chispa suprema del amor 🌹
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por lo menos.esta vez no hubo guerra entre ellos dos
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vaya parecen agua y aceite más bien
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tendra imagen la novela. me imagino a un hombre alto bello y ella de 1.65 de alta hermosa cabello largo tono castaño medio
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eso será un orden que harán un desorden de emociones y sentimientos 😊🌹.
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