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La Bella y la Bestia de la Mafia

La Bella y la Bestia de la Mafia

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Matrimonio arreglado / Amor eterno / Completas
Popularitas:567
Nilai: 5
nombre de autor: Edina Gonçalves

Isabella, una joven dulce marcada por años de sufrimiento familiar, se ve obligada a casarse con Leonardo Ferrari, un poderoso y temido líder de la mafia italiana. Lo que empieza como un sacrificio se transforma en algo inesperado cuando Leonardo, conocido como «la Bestia», revela un lado gentil y protector.

Mientras surgen sentimientos verdaderos entre ellos, salen a la luz secretos del pasado, traiciones amenazan sus vidas y enemigos peligrosos se acercan. En medio del caos, Isabella descubre que detrás del monstruo hay un hombre capaz de amarla intensamente… y Leonardo se da cuenta de que, por primera vez, tiene algo que vale más que el poder: alguien por quien luchar.

NovelToon tiene autorización de Edina Gonçalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Narrado por Leonardo Ferrari...

Volví a casa decidido.

Por primera vez en mucho tiempo… sabía que no podía huir.

No esta vez.

No de ella.

En cuanto entré en la mansión, me quité el saco y caminé directo hacia el despacho.

El ambiente estaba silencioso.

Organizado.

Frío.

Como siempre lo había estado.

Pero aquella noche… ni siquiera eso me calmaba.

Me pasé la mano por el rostro y me senté en la silla.

Intenté organizar los pensamientos.

¿Qué iba a decir?

¿Por dónde empezaría?

Nunca fui un hombre de palabras.

Mucho menos cuando se trataba de sentimientos.

Pero Isabella…

Ella merecía una explicación.

Merecía más que el silencio con el que la dejé.

Cogí el celular.

Llamé al jefe de seguridad.

—Quiero que me avise en cuanto ella salga.

—Sí, señor.

Colgué.

Y entonces… empecé a esperar.

Minutos pasaron.

Después media hora.

Después una hora.

Y nada.

Me levanté.

Empecé a caminar de un lado para otro.

Impaciente.

Inquieto.

Algo dentro de mí no se calmaba.

Una sensación extraña.

Incómoda.

Como si algo estuviera fuera de lugar.

Como si… ella estuviera demasiado lejos.

Cogí el celular nuevamente.

Llamé.

—Habla.

—Señor… ella aún está en el apartamento.

Mi mandíbula se tensó.

—¿Aún?

—Sí.

Hubo una breve pausa.

—Por lo que vimos… ella apagó las luces.

—Creemos que ella va a dormir allá.

Silencio.

Frío.

Pesado.

Mi sangre hirvió.

—¿Dormir… allá?

Mi voz salió baja.

Peligrosa.

—Sí, señor.

Colgué sin decir nada más.

Me quedé parado por algunos segundos.

Intentando procesar.

Intentando entender.

Pero no conseguí.

Algo dentro de mí… simplemente reaccionó.

¿Ella no iba a volver a casa?

¿A nuestra casa?

Me pasé la mano por el cabello con fuerza.

Empecé a caminar nuevamente.

De un lado para otro.

Como un animal preso.

La sensación dentro de mi pecho solo aumentaba.

Una mezcla de irritación… preocupación… y algo que yo no quería nombrar.

Por horas… yo intenté controlarme.

Intenté esperar.

Intenté ser racional.

Pero llegó un momento…

En que yo no conseguí más.

Cogí la máscara.

Me la puse.

Salí del despacho.

Cogí las llaves del carro.

Y fui.

La noche estaba silenciosa.

Las calles casi vacías.

Pero dentro de mí…

Había una tempestad.

Conduje más rápido de lo que debería.

Mi mente repetía apenas una cosa:

Ella no debería estar allá.

Cuando llegué al edificio…

Mis hombres ya estaban posicionados.

En cuanto me vieron, se aproximaron.

—Señor.

—¿Ella está allá dentro?

—Sí.

—No salió.

Asentí.

Sin decir nada más.

Entré en el edificio.

Subí.

Llegué hasta la puerta.

Trancada.

Toqué el timbre.

Una vez.

Dos.

Ninguna respuesta.

Mi mandíbula se tensó.

Intenté nuevamente.

Nada.

Respiré hondo.

Y entonces… decidí entrar a mi manera.

Di un paso hacia atrás.

Y pateé la puerta.

Una vez.

Nada.

Dos.

Aún nada.

Fruncí el ceño.

—Maldita sea…

Miré hacia la cerradura.

Claro.

Era reforzada.

Yo mismo había mandado instalar aquello.

Para garantizar que ella estuviera segura allí.

Solté un suspiro irritado.

—Me da la llave.

Uno de los hombres me entregó la llave maestra.

Abrí la puerta.

Y entré.

Lo que vi…

Me hizo parar.

Isabella.

En camisón.

Abrazada con la amiga.

Asustada.

Aquello…

Aquello apretó algo dentro de mí.

Fuerte.

Ella parecía tan… vulnerable.

Por un segundo, pensé en aproximarme con más calma.

No asustarla.

Pero ya era tarde.

Ella ya me había visto.

Nuestros ojos se encontraron.

Silencio.

Pesado.

Lleno de cosas no dichas.

—Necesitamos conversar.

Mi voz salió firme.

Pero más baja de lo normal.

La amiga de ella nos miró.

Y, como esperado, entendió inmediatamente.

—Yo voy a dejarlos solos.

Ella salió.

Cerrando la puerta del cuarto detrás de sí.

Me quedé mirando a Isabella por algunos segundos.

Ella estaba nerviosa.

Tensa.

Pero no huyó.

Eso ya era algo.

Caminé hasta ella.

Sujeté su mano.

Ella estaba fría.

—Aquí no.

Mi voz salió más suave esta vez.

—Necesitamos conversar en nuestra casa.

No di espacio para discusión.

Sujeté su mano con firmeza.

Y la jalé conmigo.

Ella vino.

En silencio.

Sin resistencia.

Pero yo podía sentir…

Ella estaba temblando.

Cuando salimos del apartamento, percibí.

El camisón.

Demasiado fino.

Para aquella noche.

Sin pensar, me quité mi abrigo.

Se lo puse sobre los hombros de ella.

Y entonces…

La cogí en brazos.

Ella se asustó levemente.

Pero no protestó.

Bajé las escaleras con ella en los brazos.

Abrí la puerta del carro.

La puse en el asiento con cuidado.

Cerré.

Di la vuelta.

Entré.

Y conduje.

El camino hasta la mansión fue silencioso.

Pesado.

Denso.

Yo miraba hacia el retrovisor de vez en cuando.

Los carros de mis hombres nos acompañaban.

Como siempre.

Pero mi atención… estaba en ella.

Isabella permanecía en silencio.

La mirada perdida.

Pensativa.

Y aquello solo aumentaba la tensión dentro de mí.

Cuando llegamos…

Ella salió del carro antes incluso de que yo abriera la puerta para ella.

Entró en la casa.

Subió las escaleras.

Directo para el cuarto.

Sin mirar hacia atrás.

Yo la seguí.

Paso firme.

Corazón acelerado.

Cuando entré en el cuarto…

Ella ya estaba sentada en la cama.

Pequeña.

Quieta.

Esperando.

Cerré la puerta.

Caminé hasta ella.

Y me senté a su lado.

Sujeté su mano nuevamente.

Esta vez…

Más despacio.

Con más cuidado.

Pero mi corazón…

Traidor…

Disparó.

Fuerte.

Incontrolable.

La miré.

De verdad.

Sin huir.

Sin máscara.

Sin distancia.

Y por primera vez…

Yo supe.

Aquello no era más algo que yo podía ignorar.

Ni controlar.

Ahora…

Yo tendría que enfrentar.

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