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LA ARQUITECTA DE SU PROPIO DESTINO

LA ARQUITECTA DE SU PROPIO DESTINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:7.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

A sus 48 años, Solange Barreto es una fuerza de la naturaleza. Viuda desde hace quince años y al frente de la constructora y firma de arquitectura más grande e importante del país. Su vida gira en torno a su imperio y su familia, conformada por su hijo mayor Santiago de 28 años —quien vive con su esposa Carol y sus dos hijos en la gran mansión de Solange bajo la excusa de "no dejarla sola"— y su hija menor Sáhara, una talentosa jefa de marketing casada con un reconocido neurocirujano.
El orden inquebrantable de su mundo cambia radicalmente cuando, durante un almuerzo en el restaurante de su íntima amiga Yamilet de Sánchez (junto a su contadora Martha de Benavides), escucha una voz que hace latir su corazón con fuerza desbocada. Se trata de Ismael Fermín Muñoz, un antiguo amigo de la universidad convertido en un magnate de 50 años, dueño de conglomerados financieros, centros comerciales y resorts.
El reencuentro enciende una chispa inmediata.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA CENA INOLVIDABLE Y EL FALSO ESCÁNDALO QUE SE AVECINA

​La noche del jueves se cernía sobre la ciudad con una elegancia vibrante, ideal para una cita que prometía sacudir los cimientos de la rutina de Solange Barreto. Frente al espejo de su vestidor, evaluaba su reflejo con una sonrisa de absoluta seguridad. Había elegido un vestido midi de corte sirena en tono vino tinto, ceñido con precisión a su silueta, que estilizaba sus curvas y resaltaba la impecable blancura de su piel. Su larga melena negra caía en cascada sobre su espalda y un toque de labial carmín acentuaba la firmeza de sus labios.

​El restaurante elegido por ella era un espacio íntimo de luces tenues y música de fondo discreta, un refugio perfecto lejos de las miradas indiscretas de la alta sociedad. Ismael ya la esperaba en una mesa reservada al fondo. En cuanto la vio avanzar hacia él con ese paso firme y altivo, el magnate se puso de pie de inmediato. Vistiendo un traje azul marino impecable que acentuaba su planta imponente, sus penetrantes ojos grises la recorrieron con una admiración ardiente y sin filtros.

​—Tenía miedo de que decidieras dejar plantado a un viejo conocido —bromeó Ismael con su voz profunda y ronca, apartándole la silla con una galantería de la vieja escuela antes de depositar un beso cálido y prolongado en su mejilla, rozando con sus labios la piel de Solange.

​—Un Barreto jamás cancela una cita, Ismael, y mucho menos si el contrincante merece la pena —replicó ella con una sonrisa desafiante, acomodándose en el asiento mientras el mesero se acercaba de inmediato para servirles una copa de vino de denominación de origen.

​La cena fluyó entre risas cómplices, anécdotas universitarias y un coqueteo constante que rozaba la provocación. Entre plato y plato, las máscaras corporativas se cayeron para dar paso a la complicidad de dos personas que lo habían visto todo en el mundo de los negocios.

​—Confiesa, Solange —le dijo Ismael en un momento de la noche, inclinándose ligeramente sobre la mesa y apoyando los codos, sin dejar de mirarla a los ojos—. Desde el momento en que escuchaste mi voz en el restaurante de Yamilet, ¿cuántas veces pensaste en llamarme?

​Solange levantó su copa con total parsimonia, sosteniéndole la mirada con una serenidad imperturbable, aunque el brillo en sus ojos delataba que el comentario había dado en el blanco.

​—Eres demasiado arrogante, Ismael. ¿De verdad crees que un reencuentro casual me iba a quitar el sueño? Dirijo el corporativo más grande del país; tengo prioridades mucho más complejas que lidiar con tus aires de conquistador.

​—¿Aires de conquistador? —Ismael soltó una carcajada varonil, divertida y franca—. Lo nuestro no es conquista, Solange, es artillería pesada. Desde el día en que te vi supe que ninguna de las mujeres que han cruzado por mi vida en estos años se compara con la intensidad de una sola de tus miradas. Me encantas. Me encanta tu carácter, tu temple y la forma en que pones a temblar a cualquiera con solo levantar una ceja.

​—Cuidado con lo que deseas, Ismael —respondió ella con una media sonrisa, saboreando el vino con elegancia—. Las mujeres con carácter no somos fáciles de manejar, y menos cuando estamos acostumbradas a mandar y no a obedecer.

​—No quiero que obedezcas, Solange. Quiero estar al lado de una mujer que me desafíe cada mañana, que no se intimide ante mi poder porque ella misma es un imperio —murmuró él con una intensidad que hizo que el aire entre ambos se volviera denso y electrizante—. Dime que me volverás a ver mañana. Y pasado mañana también.

​Solange sintió cómo el orgullo y la atracción mutua chocaban en su interior, rindiéndose ante la evidencia de que ese hombre despertaba en ella una pasión que creía sepultada.

​—Te diré que sí, con una condición: las reglas del juego las pongo yo —sentenció con una sonrisa triunfante antes de brindar con él.

​Lo que ambos ignoraban era que, al salir del establecimiento, un fotógrafo apostado en la oscuridad de la calle había logrado capturar el momento exacto en el que Ismael, desatendiendo la prudencia, la había tomado de la cintura para atraerla hacia él y sellar la velada con un beso apasionado y profundamente prolongado en los labios. Una fotografía explosiva que aún no salía publicada en ninguna revista, pero cuyas consecuencias estaban a punto de detonar.

​A la mañana siguiente, la aparente paz de la gran mansión de los Barreto se quebró por completo. El sol apenas se filtraba por los ventanales cuando Santiago descendió las escaleras a zancadas, con la tableta digital en la mano y el rostro desencajado por la furia. Las venas de su cuello estaban marcadas y la expresión de su rostro reflejaba un desprecio absoluto.

​Carol venía pisándole los talones, con una sonrisa fingida de consternación pero con una chispa de triunfo mal disimulada en los ojos.

​—¡Esto es inaceptable! ¡Es una vergüenza absoluta para la familia! —bramó Santiago desde el recibidor, golpeando la mesita de centro con el aparato y despertando el eco en toda la planta baja.

​Solange bajaba en ese momento por la escalinata principal. Venía enfundada en un traje sastre blanco impecable, con los anteojos de sol colgados en el escote de la blusa y la postura erguida de una reina. Escuchó el alboroto con absoluta calma, sintiendo cómo el desprecio hacia la soberbia de su primogénito alcanzaba un punto crítico.

​—¿A qué gritos vienes a alterar la tranquilidad de mi casa, Santiago? —preguntó Solange con voz gélida, deteniéndose en el penúltimo peldaño para mirarlo desde arriba con una superioridad pasmosa.

​Santiago le sacudió la pantalla del teléfono en el aire, perdiendo por completo los papeles.

​—¡Mira esto, mamá! Me llegó un reporte anticipado de lo que va a salir en la portada de la revista de sociales este fin de semana. ¡Una fotografía tuya besándote en plena calle con Ismael Fermín Muñoz! —gritó, perdiendo el respeto filial por completo—. ¡Estás haciendo el ridículo frente a todo el país! ¿Qué dirán los inversionistas? ¿Qué dirá la junta directiva? ¡Tienes que cuidar a tus nietos, dedicarte a tu casa y dejarte de jueguitos de enamorada! ¡Lo único que estás logrando es destruir la reputación que mi padre construyó!

​Carol asintió con la cabeza desde atrás, cruzándose de brazos con suficiencia.

​Solange no gritó. No alteró ni un solo músculo de su rostro. Simplemente descendió los dos escalones restantes, caminó con paso firme hasta quedar a escasos centímetros de su hijo y lo miró fijamente a los ojos con una intensidad que hizo que el joven diera un paso involuntario hacia atrás.

​—Cuida el tono y los modales cuando te dirijas a mí, Santiago —susurró Solange, con un tono tan bajo y cargado de peligro que heló el ambiente—. ¿Qué te importa a ti con quién salgo o a qué dedico mi tiempo libre? ¿Crees que por un par de fotos sensacionalistas vas a venir a dictarme cómo debo vivir mi vida?

​—¡Es que no lo entiendes! —se defendió el muchacho, sintiéndose acorralado pero incapaz de ceder—. ¡Estás perdiendo el control! ¡Tienes que retirarte de la presidencia de una vez por todas y dejar que yo tome el control absoluto del corporativo para enderezar este desastre!

​Solange soltó una carcajada seca, corta y desprovista de gracia.

​—¿Tú? ¿Tomar el control de mi empresa? —su mirada brilló con una furia implacable—. Te recuerdo, hijo mío, que el único motivo por el cual sigues pisando las oficinas del corporativo y durmiendo bajo este techo es por la compasión que le tengo a mis nietos, porque de ti y de tu ineptitud ya me habría encargado hace rato. No me vuelvas a desafiar, Santiago. No tientes a la leona, porque te juro que el día que decida soltarte la correa, vas a aprender lo que significa empezar desde abajo, sin mi apellido y sin un centavo en los bolsillos.

​Dicho esto, Solange pasó de largo ignorando por completo el rostro rojo de ira de su hijo y la mueca de frustración de Carol, saliendo de la mansión para abordar su vehículo rumbo a la oficina, dejando claro que el verdadero poder en esa familia jamás ha estado en disputa.

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Tere Jimenez
increíble tu novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti bendiciones
Naibelys Perez: muchas gracias a ustedes por siempre alentarme para seguir escribiendo. mil bendiciones 🙏 🫂 😘
total 1 replies
Tere Jimenez
hermosa novela gracias
Alicia Duran
excelente
Alicia Duran
Muy buena escritura, es muy doloroso para una madre la traición de su hijo. 😥
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