NovelToon NovelToon
El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Posesivo / Novia sustituta / Completas
Popularitas:307.4k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Dupi

Renata creció siendo "la hija recuperada" de una familia que solo la quería para pagar sus deudas. Cuando la constructora de los Beltrán se hunde, el trato es simple: una boda con los Vargas a cambio de un rescate millonario. La novia debía ser Camila, la consentida de la casa. Pero Camila huye… y empujan a Renata al altar de un hombre que ni siquiera puede decir "sí": Maximiliano Vargas, el empresario más temido de México, lleva meses en coma.

Renata acepta sin pelear. Tiene sus propias razones —y una herida que nadie conoce—. Lo que no imagina es que, bajo esa apariencia de hombre dormido, Max está despierto. La oye. La observa. Y por primera vez en su vida, alguien la ve de verdad.

Cuando Max abre los ojos, el imperio entero contiene la respiración esperando el divorcio. En cambio, el hombre al que llaman "témpano de hielo" la toma de la mano frente a todos y se niega a soltarla. Mientras tanto, Renata empieza a mostrar quién es en realidad: una cirujana brillante que esconde más de un nombre, más de un secreto y un pasado que la persigue desde un hotel, cinco años atrás.

Entre suegras venenosas, una falsa primera dama del corazón, traiciones de familia y dos niños que aparecen donde menos se espera, Renata tendrá que decidir si se atreve a creer en el único hombre que la eligió cuando nadie más lo hizo.

Porque algunos secretos no se entierran. Regresan. Y este tiene los ojos de Max.

¿Y si el hombre que la compró fuera también el que perdió con ella lo que más amaba?

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17: Al único que he querido

Renata estaba haciendo el protocolo de la tarde cuando oyó el alboroto en el pasillo.

Llevaba media hora en el cuarto de Max, con una grabación de un partido de fútbol de hacía tres años puesta en el celular —Vale le había jurado que su hermano era capaz de despertar de entre los muertos con tal de gritarle un gol a la televisión— y le iba narrando jugadas en voz baja mientras revisaba las constantes. Era ridículo y lo sabía. Pero el cerebro se engancha con lo familiar, y a Renata no le importaba hacer el ridículo si servía.

—Tu equipo iba perdiendo dos a cero a la media hora —le narraba, mientras le movía con suavidad los dedos uno por uno, trabajando la motricidad—. Una vergüenza, según tu hermana. Dice que les gritabas a los jugadores como si te oyeran desde la cancha. —Le dobló la muñeca con cuidado, la estiró—. A ver si esto te molesta lo suficiente para que reacciones. Porque a mí el fútbol me da igual, que conste. Estoy haciendo esto por ti.

Le pareció notar, o quiso notar, una mínima tensión en los dedos bajo los suyos. Lo anotó.

Entonces la voz de Vale, tensa, subió desde el pasillo:

—¡No puedes entrar así! ¡Espérate! ¡Te digo que no es buen momento!

Y la puerta del cuarto se abrió.

Julián entró con un ramo de flores envuelto en papel de florería cara y la sonrisa que usaba para las alfombras rojas. Detrás venía Vale, colorada, con las manos levantadas en gesto de impotencia.

—Renata, lo siento, le dije que no, le dije al de la entrada que no lo conocíamos pero dijo que era amigo de la familia y…

—No pasa nada, Vale. —Renata no se levantó. Siguió con dos dedos en la muñeca de Max, terminando de contar el pulso, sin prisa—. Julián. Qué sorpresa.

—Vine a verte. —Julián avanzó hasta media habitación. Miró de reojo la cama, al hombre conectado a las máquinas, y algo en su gesto dejó claro que la presencia de Max le parecía más un decorado incómodo que una persona—. Necesitaba verte. No me contestas, desapareciste, y yo… Renata, no puedo seguir así.

Renata anotó el pulso en su cuaderno. Cerró el cuaderno. Recién entonces lo miró.

—Estás en la habitación de mi esposo —dijo, sin inflexión—. Que está en recuperación. Baja la voz.

Julián bajó la voz, pero leyó eso como una invitación a acercarse, no como un límite. Dio dos pasos más. Y empezó con lo que había venido a hacer: el número.

—Te extraño —dijo, suave, con esa voz aterciopelada de telenovela—. Sé que cometí errores. Sé que te fallé. Pero mírate, Renata. Mírate aquí, encerrada, cuidando a un hombre que no te puede hablar, que no te puede ver, que ni siquiera sabe que existes. ¿Eso es lo que mereces? ¿De verdad? Tú mereces a alguien que esté presente, que te toque, que te diga lo que vales. Mereces algo real. No esto. —Tendió las flores hacia ella, como si fueran un argumento—. Todavía estamos a tiempo.

Vale, en la puerta, abrió la boca, indignada, lista para sacarlo a empujones.

Renata levantó una mano apenas, sin mirarla, y Vale se contuvo.

—¿Sabes qué es lo peor, Renata? —Julián, envalentonado por el silencio de ella, lo confundió con duda y empujó más—. Que tú te crees fuerte aguantando todo esto sola. Pero nadie te lo agradece. Ni esta familia, que te usa de enfermera. Ni él, que ni sabe que estás aquí. Te vas a marchitar cuidando a un fantasma. Yo te ofrezco el mundo y tú eliges una habitación de hospital. —Sacudió la cabeza, con una lástima ensayada—. No tiene sentido.

Lejos, debajo de la superficie, en esa niebla pesada de la que cada día le costaba menos asomarse, Max oyó la voz. No la voz de ella, la otra. Una voz de hombre, demasiado cerca, demasiado dueña, hablándole a Renata como si tuviera derecho. Y algo viejo y territorial, que no necesitaba conciencia plena para encenderse, se prendió en el fondo de ese cuerpo inmóvil. Quiso abrir los ojos. Quiso levantarse. Quiso poner a ese hombre en la calle con sus propias manos. No pudo hacer nada de eso. Pero la rabia estaba ahí, intacta, esperando un cuerpo que la obedeciera.

Hubo un silencio. Renata dejó el cuaderno sobre la mesita, sin prisa. Se levantó de la silla, despacio, y se quedó de pie junto a la cama de Max, una mano apoyada en el barandal metálico, muy cerca de la mano del hombre dormido. Miró a Julián. Y cuando habló, no lo hizo con rabia, ni con dolor, ni con la voz herida que él esperaba arrancarle. Lo dijo con una calma absoluta, plana, como quien dicta un diagnóstico que no admite segunda opinión:

—Julián. El único al que he querido en esta habitación es a él.

Señaló a Max con un gesto mínimo de la cabeza.

Silencio total.

Vale se llevó las dos manos a la boca. Julián se quedó con el ramo a medio extender, la sonrisa congelándose, derritiéndose, cayéndose de a poco de su cara perfecta. Buscó una respuesta. No la encontró. Lo que Renata acababa de decir no tenía réplica posible, porque no era un reproche que él pudiera negociar ni una herida que pudiera curar con más palabras dulces. Era una puerta cerrada. Con él del otro lado.

Y entonces pasó.

Bajo la mano de Renata, sobre la sábana, los dedos de Max se cerraron. Una presión leve, breve. Nadie más pudo verlo —Julián miraba el piso buscando dignidad, Vale tenía los ojos en Renata—. Pero Renata lo sintió en la piel, ese calor, esa fuerza terca subiendo desde la cama, justo después de sus palabras.

No cambió de cara. No bajó la vista. Mantuvo los ojos en Julián.

—Beto te acompaña a la salida —dijo, aunque Beto no estaba; lo dijo para terminar la escena—. No vuelvas a entrar a esta casa sin que te inviten. Y no me vas a invitar tú a nada, Julián. Nunca más.

Julián dejó el ramo sobre una mesita, torpe, porque no sabía qué hacer con las manos, y salió. Pasó junto a Vale sin mirarla. Sus pasos se perdieron por el pasillo, y unos segundos después se oyó, lejos, la puerta principal.

Vale seguía en el umbral, conmocionada.

—¿Lo dijiste en serio? —preguntó, en un hilo de voz—. Lo de… —Señaló la cama con la barbilla, igual que había hecho Renata—. ¿Lo dijiste en serio o fue para sacártelo de encima?

Renata se agachó a recoger el cuaderno, que había resbalado al suelo en algún momento. Se tomó su tiempo. Cuando se incorporó, no contestó. No miró a Vale. No dijo ni que sí ni que no.

Lo que hizo fue volver a poner la mano sobre la de Max, en el barandal, y apretarle los dedos de vuelta. Suave. Una sola vez.

Vale lo vio. Y entendió que esa era toda la respuesta que iba a recibir, y que valía más que cualquier palabra.

—Voy a… voy a decirle al de la entrada que no deje pasar a nadie más —murmuró, y se fue, dejándolos solos.

Renata se quedó de pie junto a la cama. Por costumbre, por refugio, hizo lo que sabía hacer: revisó el monitor, le buscó el pulso a Max, le comprobó que el ritmo cardíaco se había acelerado unos segundos antes y ya volvía a la línea. Su cuerpo había respondido. A las flores no. A la voz de Julián no. A la frase de ella, sí.

Recogió el ramo que Julián había dejado sobre la mesita. Lo sostuvo un momento —rosas caras, perfectas, sin una sola espina, como todo en Julián— y lo tiró al cesto sin pensarlo dos veces. No quería esas flores en el cuarto de Max. Le pareció, de pronto, importante que no estuvieran ahí.

Se quedó con la mano sobre la de él, en el barandal, sintiendo todavía el eco de esa presión. No se lo iba a explicar a Vale. No se lo iba a explicar ni a sí misma esa tarde. Pero algo había cambiado de lugar dentro de ella, algo que llevaba cinco años clausurado, y que un hombre que no podía ni abrir los ojos del todo acababa de mover sin permiso. La asustaba. Más que Gonzalo, más que los sobres con fotos, más que cualquier cosa que pasara en esa casa: la asustaba que, después de cinco años de no dejar entrar a nadie, le importara que un hombre apretara una sábana al oírla nombrarlo suyo.

—Lo dije en serio —murmuró al fin, tan bajo que solo lo oyó quien estuviera escuchando del otro lado de esos párpados—. Que conste que tú me obligaste a decirlo. No tenía pensado decirlo nunca, ni a ti ni a nadie. —Le pasó el pulgar, una sola vez, por el dorso de la mano—. Así que ahora despierta y hazte responsable de lo que me sacaste. No se vale prender un cerillo y quedarse dormido.

El monitor le respondió con su pitido tranquilo, indiferente, y Renata casi se rió de sí misma por esperar otra cosa. Volvió a sentarse en la silla, abrió el cuaderno y retomó las notas de la tarde, como si no acabara de pasar nada. Como si pudiera convencerse de que no había pasado nada.

—————

Esa misma noche, a las 2:47 de la madrugada, el monitor del cuarto de Max emitió una alerta distinta de todas las anteriores.

No era de actividad motora. La lucecita que parpadeó en la esquina de la pantalla era de otro color, de otro canal: actividad vocal. Microfonación.

Un sonido. Brevísimo. Casi inaudible, perdido entre el zumbido del equipo y el goteo del suero.

Pero el micrófono que Renata había instalado semanas atrás, sin avisarle a nadie, lo captó entero.

1
Beatriz Juárez
una duda no ya conocía al tío de Maximiliano e incluso escucho una conversación respecto a la salud de Max e incluso la mando a amenazar con pasarle algo a la mamá de ella
gabriela
excelente
Beatriz Juárez
hasta el momento lo que eh leído muy interesante, espero siga así el resto de la novela
mildred rivas
lo sospechaba no era casualidad
Maria Cerdán
Es de Max Renata.. te está protegiendo, ya te aceptó como su esposa..ja,ja
Maria Cerdán
Se va poniendo interesante.. le quitaron a sus bebés?
Liliana janeth reveles riojas
aaaaaaaaaaaaaaaa que emoción
Hilda Estrada
cuánta maldad
ana paez
lo mismo pregunto
ana cecilia mendoza
mercantil siempre contigo 🤣🤣🤣🤣😅❤️
Visitor3894
Muy buen libro .Hasta el momento diría casi excelente .
Ojalá siga así .
últimamente los libros repiten las historias ,solo cambian los nombres de los personajes.
Este es distinto.Excelente trabajo del autor .
ana cecilia mendoza
voy a llorar y al mismo tiempo me estrese 😭😭😭😭😭
Nely Morales Cruz
Yo tengo la duda de si Ernesto es el padre porqué ahora dice que su papá está muerto
Nely Morales Cruz
Ese niño debe de ser de Renata y será que el padre es maximiliano y el tampoco sabe
Carely Prieto
ya se siente el despertar 👏
audelina barra guzman
uuuuf yo tampoco me equivoqué wau esto de leer tantas historias voy aprendiendo hacer detective jajaja
Nely Morales Cruz
Tengo muchas dudas espero que en el transcurso de la novela pueda aclararme
audelina barra guzman
parece que también se le olvidó el ADN el ir a buscar a la niña gemela 🤔🤔🤔🤔😔😔😔😔😔
audelina barra guzman
me quedan muchos capitulos todavía esperando que arregles está trama
audelina barra guzman
se me perdió Vale la hermana de Max el tío que estaba haciendo daño la abuela el papá de Max que PASO Autora si es que tú escribes esto o lo copiaste mal 😱😱😱😱 hay algo que no cuadra 😱😱😱😱
mildred rivas: si no cuadra porque aquí dice que no tuvo niña y vale que es
total 2 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play