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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

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Capitulo 6

La música suave llenaba el salón, mezclándose con el murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas. Ottavia se había quedado unos instantes apartada, junto a una columna de mármol, observando a Nereo conversar con un grupo de hombres sin dejar de sonreír. Cada gesto suyo le parecía ahora tan ensayado, tan falso… y se preguntaba cómo había podido vivir diez años sin ver lo evidente.

Estaba a punto de dar media vuelta y volver a su lado, cuando una voz profunda y pausada la hizo detenerse:

—Es agotador, ¿verdad? —dijo Lorenzo, apareciendo a su lado como si se hubiera materializado del aire—. Estar siempre pendiente de que nadie sospeche nada, sonreír cuando por dentro sientes que te rompes… cuesta mucho esfuerzo.

Ottavia giró hacia él de golpe, el corazón dándole un vuelco. No lo había visto acercarse. Y sin embargo allí estaba, de pie a su lado, con las manos tranquilas en los bolsillos del pantalón y esa mirada que parecía ver más allá de lo que ella mostraba.

—Señor Salvetti —dijo ella, recuperando la compostura con esfuerzo—. Creí que estaría ocupado saludando a todos.

—Lo estaba —respondió él, y dio un paso hacia ella, lo suficiente para que pudieran hablar sin ser oídos, pero sin invadir su espacio—. Pero preferí dejarlo. Hay cosas mucho más importantes que los saludos de cortesía. Y usted… usted es una de ellas.

Ella sintió que se le aceleraba el pulso. Bajó la mirada un instante y luego lo miró de nuevo, con firmeza aunque la voz le salió suave: —No me diga cosas así. Mi esposo está aquí. Y sabe perfectamente quién soy.

—Sé exactamente quién es —respondió él con calma, sin apartarle los ojos—. Es Ottavia. La mujer que lleva diez años al lado de Lombardi. La que lo ha sostenido, la que ha construido su casa y su familia mientras él… —se detuvo un instante, como eligiendo las palabras con cuidado— mientras él se olvidaba de verla de verdad. No necesito que nadie me lo cuente. Se le nota en la mirada.

Ottavia apretó los labios, sintiendo cómo se le llenaban los ojos de lágrimas que se negó a derramar. —No sabe nada de mi vida. No sabe lo que hay o lo que no hay entre nosotros.

—Es cierto —convino él, con una dulzura inesperada—. No lo sé. Pero lo que sí veo es que hace mucho tiempo nadie la miraba como la estoy mirando yo ahora. Con respeto. Con atención. Como si fuera alguien importante, no solo un adorno del brazo de un hombre.

Ella tragó saliva. Las palabras le resonaron en el pecho como un eco que llevaba años esperando escuchar. —¿Por qué hace esto? —preguntó ella, bajando la voz hasta que fue casi un susurro—. ¿Qué quiere de mí?

Lorenzo se acercó un poco más, y su presencia la envolvió sin asfixiarla. —Nada que usted no quiera darme. Solo quiero hablarle. Escucharla. Saber quién es Ottavia, más allá de ser la esposa de Nereo Lombardi. ¿Es eso tan malo?

—Es peligroso —respondió ella, y sentía cómo su cuerpo reaccionaba a él sin que pudiera evitarlo: el pecho se le elevaba más rápido, las mejillas se le calentaban, y ese corazón que creía dormido desde años atrás empezaba a latir con fuerza, despertando de golpe—. Para los dos.

—La vida es peligrosa si se vive con miedo —dijo él con serenidad—. Y yo no le tengo miedo a la verdad. ¿Usted sí?

Ottavia lo miró largo rato. No había en su mirada burla, ni interés oculto, ni la intención de aprovecharse de su dolor. Solo había… respeto. Y algo más, una atracción silenciosa pero poderosa que vibraba entre ambos, tan real que casi podía tocarse con las manos. Hacía tanto tiempo que nadie la hacía sentir así: vista, valorada, deseada… no como una obligación, sino como una mujer.

—No lo conozco —dijo ella, y sus palabras sonaron más débil de lo que pretendía.

—Todavía no —respondió él con una sonrisa suave—. Pero el tiempo que decida darme dirá lo contrario. Solo le pido una cosa: no se esconda. No deje que nadie la apague. Porque usted brilla, Ottavia. Y merece que lo sepan.

Ella sintió que el aire se le escapaba. En ese instante comprendió que no era solo que él pudiera ser un aliado en su plan contra Nereo. Era algo más profundo, más arriesgado: junto a él, por primera vez en años, se sentía viva. Y eso… eso era lo que más le asustaba.

—Gracias —dijo ella, y logró sonreírle con sinceridad—. Por hablarme sin juzgarme.

—Nunca la juzgaría —respondió él con voz grave—. Y si algún día necesita algo… alguien que la escuche, alguien que la ayude… aquí estaré. No tiene más que buscarme.

En ese momento vio a Nereo acercarse por el rabillo del ojo, con paso rápido y el rostro endurecido. Ottavia se tensó, pero Lorenzo no se inmutó. Le sostuvo la mirada una fracción de segundo más y luego se apartó con naturalidad, como si solo hubieran intercambiado unas palabras educadas.

—¿Todo bien? —preguntó Nereo al llegar, clavando los ojos en ella y luego en Lorenzo, con desconfianza manifiesta—. Parecían muy concentrados.

—Lo estábamos —respondió Lorenzo con tranquilidad, sin rastro de incomodidad—. Le estaba diciendo a su esposa que tiene una casa hermosa. Y que usted tiene mucha suerte de tenerla a su lado.

Nereo lo miró con sorpresa, sin saber muy bien cómo interpretar esas palabras. —Ah… sí. La tengo.

—Cuídela —dijo Lorenzo, y aunque lo dijo mirando a Nereo, su mirada se detuvo un instante en Ottavia—. Las mujeres como ella no se encuentran dos veces.

Se despidió con un gesto de la cabeza y se alejó entre los invitados, dejándolos solos. Nereo lo siguió con la mirada hasta que se perdió entre la gente, y luego se giró hacia ella, frunciendo el ceño.

—¿Qué te dijo? —preguntó, con esa mezcla de celos e inseguridad que ahora Ottavia aprendía a reconocer.

Ella lo miró a los ojos y respondió con una calma que ya le era familiar: —Me dijo cosas que deberías decirme tú también. Que soy importante. Que merezco ser cuidada.

Nereo se quedó sin palabras, abrió la boca para responder y luego la cerró, incómodo. —Yo… yo te cuido, Ottavia. Sabes que te quiero.

—¿Lo haces? —preguntó ella bajito, y sin esperar respuesta se dio la vuelta—. Vamos, Nereo. Es hora de irnos.

Mientras caminaba hacia la salida sintiendo la mirada de Lorenzo aún en su espalda, su corazón seguía latiendo con fuerza renovada. No sabía hacia dónde la llevaría todo esto, ni qué pasaría después. Pero una cosa era segura: el despertar había comenzado. Y ya no había forma de volver a dormirse.

—Te has puesto roja —le dijo Nereo entre dientes mientras salían al coche—. ¿Qué te dijo tanto tiempo?

Ottavia se abrochó el abrigo despacio, sin dejar de mirar por la ventanilla. —Nada que no debiera oír. Solo me habló con respeto. Algo que tú haces mucho tiempo dejaste de hacer.

—¿Respecto? —repitió él, ofendido—. Ese hombre no sabe lo que es respetar nada. Solo te está halagando para llegar a mí. No te confundas, Ottavia.

Ella giró la cabeza y lo miró a los ojos con una calma que lo inquietó. —Y si fuera así… ¿qué te asusta más? ¿Que él quiera llegar a ti… o que yo disfrute que alguien me vea de verdad?

Nereo se quedó callado, sin saber qué responder, y arrancó el coche con brusquedad. Ottavia volvió la mirada hacia la ciudad que pasaba de largo y sonrió casi sin darse cuenta. “Me vio”, pensó. “Y no hay mentira que pueda borrar lo que sentí cuando me habló”.

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Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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